Matando a la vaquita

Ilustraciones para sermones – Predicas Cristianas

Había una vez un joven que deseaba conocer la verdadera sabiduría, hasta que un día busca a un sabio para que le enseñara la verdadera sabiduría.

El sabio le preguntó si realmente deseaba llegar a conocer la verdadera sabiduría y si estaba dispuesto a pagar el precio que fuera por llegar a saberlo, a lo que el joven respondió que Sí.

Entonces un día llegan a una choza, donde el único sustento de la familia que vivía en aquella choza era un vaca toda flaca; entonces el sabio le dice al muchacho que tome la vaca y la tire al precipicio que estaba al lado, a lo que el joven responde todo consternado que cómo iba a matar a la pobre vaca y que además era el único sustento de aquella familia que vivía en la humilde choza; el sabio simplemente le dice: Si quieres verdaderamente llegar a conocer la verdadera sabiduría… tienes que matar a la vaca. A lo que el joven totalmente indignado… llega a matar a la vaca.

Pasaron unos años y el joven se sentía muy preocupado y culpable del daño causado a aquella familia; cuando un día que ya no podía más con su remordimiento decide ir donde aquella familia que vivía en la choza y pedirles disculpas por el daño y que en su recompensa les llevaba víveres.

Pero el joven al llegar se da con la sorpresa de que la choza ya no existía, esto lleno mucho más aún su corazón de culpabilidad, pero de pronto encuentra una casa mucho más moderna, ya construida con cemento y ladrillos, donde el joven quería averiguar si conocían a aquella familia de la choza. El joven toca el intercomunicador y lo atiende un Señor, el cual le pregunto qué deseaba?, a lo que el joven con curiosidad preguntó por una familia que vivía en una choza y que estaba realmente preocupado porque tiempo atrás les había matado su vaca, y que los buscaba para pedir perdón y llevarles víveres, para reponer el daño causado. A lo que el Señor le responde: ¿Así que tu mataste mi vaca no? El joven todo consternado, tartamudeando le quería tratar de explicar, pero su gran asombro por el cambio lo dejaba pasmado.

El Señor lo abraza y le dice muchas gracias, que no sabe todo el tiempo que lo he estado buscando para agradecerle que haya matado a mi vaca, pero el joven aún consternado y sin entender nada le pregunta: ¿pero como que gracias…?

El Señor le contó que si nunca hubiera matado a su vaca, nunca hubiera tenido todo lo que tiene, ya que se había conformado con la vaca, pero que al matarla, su familia se vio obligada a buscar nuevas fuentes de ingresos, de ampliar sus horizontes, de lograr ver y buscar más allá…

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