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La casita de Mario

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Mario, quien vive al pie de la colina que lleva a la bodega de Don Ismael, acababa de terminar su casa de 75 metros cuadrados de construcción y estaba muy gozoso pues ahora ya su familia no pasaría molestias de estar en su antiguo cuarto de alquiler que no les permitían hacerle arreglos, ya que había daños de las láminas y humedad del cielo falso, ahora Él, muy emotivo con todo esto le pidió unos minutos al pastor para expresarles a los hermanos el agradecimiento por sus oraciones en esa construcción que ahora era una realidad, y allí mismo les dijo: Amados hermanos, quiero decirles que les queremos invitar mi familia y yo a una pequeña acción de gracias por nuestra casita que Dios nos ha dado y quiero que podamos tomarnos un cafecito en la casa .

Algunos que estaban allí en las bancas del templo mostraron sus rostros agridulces, y otros voltearon los ojos como diciendo “¿y ahora este qué?”

Otros asentían en sus bancas y otros tenían expresiones de felicidad en sus rostros como entendiendo lo que hablaba Mario.

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Mario regreso a su asiento y algunos allí presentes le quedaron viendo de pies a cabezas como alguien completamente extraño y otros no lo determinaron, otros mejor ponían sus ojos en la pasta de color negro de sus Biblias, pero hubo unos hermanos que se levantaron y le dieron una palmada en su hombro y le dijeron con sus ojos vidriosos: Hermano, que felicidad que usted ahora pueda vivir mejor y nos motiva a que sigamos confiando en Dios.

Terminó dicha reunión y Mario fue a su casa y a preparar las cosas para esperar a sus hermanos .

Llegó la hora acordada y llegaron unos hermanos y otros vecinos a dicha reunión y Mario había preparado un especial café y unas galletas para que estuvieran allí con Él y se gozaran y Todo aquel pan y café estaba prácticamente intacto. Los que llegaron sorprendieron a Mario ya que estaban muy contentos viendo la casita de Mario y algunos le dijeron: Mario, yo quiero darte un Oasis y veo que te faltan los estantes, yo te colaboraré con ellos pues me gusta la carpintería, otro dijo:  yo quiero colaborar con una pila aquí afuera para que puedan lavar y pondremos una protección contra el sol.

Se podía ver el rostro de aquellas personas que estaban regocijándose con Mario,viendo su pequeña casita, pero no solo eso, sino que Dios les había puesto en su corazón dispuesto y que recorrieron unos kilómetros y ahora gozosos poder ir más allá de la milla primera y ahora aparte de haber llegado a compartir, también su corazón alegre estaban expresando un dar con corazón agradecido por lo que estaba ocurriendo en la vida de Mario y su familia .

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Algunos que conocían donde había vivido Mario expresaban a Dios su gratitud porque aquella cuartería donde solo había una letrina y había que esperar a que los demás vecinos hicieran sus necesidades y había un tiempo para estar dentro de dicho lugar haciendo las necesidades y no afectar tanto al que estaba esperando afuera . Ahora tener una casita propia y con un sanitario y baño con loza y agua potable era haber alcanzado el cielo para esta familia .

Mario preguntó a algunos hermanos: ¿Saben ustedes por qué no habrán podido llegar los demás o mayoría de hermanos?

Acerca Dr. Rubén Barreto

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