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La famosa sala de espera

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Eran las 8 de la mañana, y Doña Anastasia quien regresaba por segunda vez a ver a su médico familiar por un mal de un mareo, mientras esperaba en la sala de espera del hospital privado y escuchaba a diferentes personas hablar sobre sus males y algunos se parecían a otros, y casi empezó a pensar que su mal era igual de sencillo como el de alguien que decía: – yo tenía mareos y fui a visitar a un doctor y me dio una bolsa de medicinas y al final no me tomé ninguna y los mareos terminaron al dejar de desvelarme.

Doña Anastasia se preguntaba si este sería su caso, cuando de pronto escuchó otro caso: – mire yo fui donde un médico pero salí más mareada de allí pues ese señor tenía una actitud de pedante y prepotente, ni siquiera le quiere dar explicaciones a uno y dice que cuando el habla solo dice las cosas una sola vez, yo salí peor de mi situación y mejor me vine a buscar otra opinión.

Cada vez que Doña Anastasia miraba a cada persona allí con sus lamentos y achaques, se sentía aún más deprimida con dichos comentarios, miraron pasar a una enfermera con un niño en silla de ruedas con una venda en la cabeza, la enfermera ni siquiera saludó al pasar por aquel recinto atestado de gente algunos con esperanza otros sin ella, donde miraban a cada persona de dicha institución como seres especiales, donde una palabra salida de ellos podría ayudar a dar esperanza y aliento de vida.

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Doña Anastasia en ese momento se recordaba de un pasaje en la Biblia sobre el estanque de Betesda (Juan 5:1-18), donde habían muchas personas que buscaban sanidad mientras bajaba un ángel a mover las aguas de aquel estanque, y aquel paralítico que llevaba 38 años en esa condición y no tenía quien lo metiera dentro de dicho estanque recibió la sorpresa que el médico que lo ayudó fue Jesucristo mismo al dirigirse a Él personalmente.

Allí ella en ese momento ese pasaje cobraba vida, pues pudo sentir que a pesar de diferentes comentarios de tristeza y esperanza a medias, ella pudo entender que Dios mismo personalmente se encarga de ayudar a cada enfermo si realmente se le pide ese favor.

Mientras meditaba en ello, salió por la puerta de una de las clínicas una enfermera que notificaba que el médico no seguiría atendiendo debido a un problema que se le suscitó.

Doña Anastasia se levanto como para pedir clemencia, había esperado tanto tiempo y no podía ser que le dejaran en esa situación, pues estaba llegando a su cita por sus mareos que aún no cedían y quería saber que le decía su médico en su segunda visita.

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Finalmente aceptó la noticia como un No rotundo, ya que era sábado y ahora debía esperar hasta el día lunes.

La sensación de presión en su cabeza se estaba incrementando. Se fue a su casa, le dijo a su esposo que no pudo tener éxito en su cita médica por no atender el médico más pacientes y su esposo le dijo: — creo que entonces debes ir y buscar el médico que siempre te ha visto antes por tus otros problemas, ella le dijo: –pero si el que me estaba dando el seguimiento no está y ahora volver a empezar con mi misma historia?

Poco molesta pero finalmente le hizo caso a su esposo y fue el lunes al otro médico, quien al recibirla ella pudo sentir alegría y esperanza como aquel paralítico del estanque, no sabía porqué se sentía con esa sensación pero eso sentía.

El médico le escuchó sobre su problema de mareos, lo cual no era un tema fácil, y finalmente le examinó, ya había determinado que no encontraba dicha causa y finalmente le auscultó las arterias carótidas y allí pudo saber que algo no andaba bien, y le dijo: — debe hacerse un examen de doppler de sus carótidas que son las arterias que le llevan sangre a su cerebro, parecen estar obstruidas, ella muy diligente fue a realizar su examen y se pudo observar casi el cierre total de su arteria del lado derecho.

Su médico le revisó su examen y al corroborar lo que pensaba de su hallazgo clínico le explico :– usted debe ser valorada por un especialista un cirujano cardiovascular que se encarga de las venas y las arterias y corazón de manera pronta.

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Ella muy diligente se fue a dicho médico que finalmente le operó de manera urgente!

Los mareos cedieron, su vida llegó de nuevo a la normalidad y se puso a pensar en la experiencia de la sala de espera, cuando había recibido la mala noticia que su médico no le atendería, eso en ese momento fue mala noticia, pero fue una oportunidad que Dios le estaba dando de ir al médico que le podía detectar su verdadero mal de forma más inmediata y ser enviada al lugar correcto rápidamente.

Lo que al inicio fue malo resultó ser lo mejor para ella, y podía sentir que él paralitico de aquel estanque era ella que recibía esa salud prácticamente inmediata.

Ella regresó muy contenta con su médico que le había enviado y le dijo: — Doctor gracias por salvar mi vida a tiempo!! El médico muy tranquilamente le contestó: — yo no he hecho más que enviarla al que le operó ! A él debe darle las gracias hizo un gran trabajo!

Ella le dijo: Nooo Doctor se equivoca, usted hizo la parte más importante pues me dió esa nota de referencia y que en otras esferas se puede llamar salvoconducto para llegar al lugar indicado sin mayor impases. Todos fueron una cadena de favores doctor, en su referencia iba mi vida, y yo decidí obedecer a su nota de auxilio.

Lo que a veces se piensa que es pérdida viene a tornarse en ganancia.

Las salas de espera es un lugar especial que podría tornarse aún mejor, si el personal fuese más sensible al momento de pasar por ese lugar, brindando una sonrisa o un saludo jovial que se podría traducir para algunos en esperanza.

En la vida de una persona tanto ayuda el que refiere como el que hace el procedimiento, y a veces es más loado el médico que refiere que el que termina curando el mal, pero sea lo que sea el que gana más es el enfermo y el médico puede seguir sabiendo y haciendo su oficio y que no está para envenecerse con lo que le digan o le tiren flores pues a veces puede afectar tanto el ego de una persona que termina creyendo aquello que no es algo propio es algo dado desde arriba.

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Las salas de espera son como ese estanque de Betesda todos están enfermos y buscan por sanidad y la mayoría de veces lo que más necesitan es salud espiritual.

Algunos pueden perder su vida física por no atender un consejo a tiempo, el que lo aprovecha realmente cuenta el cuento a otros en la famosa sala de Espera.

Dios me los bendiga

© Dr. Mauricio Loredo. Todos los derechos reservados. 

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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