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Tensión matrimonial

Mensajes Cristianos – Predicas Cristianas

“…Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las  casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama...” Efesios 5:22-28

“…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” Mateo 11:28

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De acuerdo a especialistas, la tensión tiene varios factores por los que se genera, algunos expertos han relacionado a la tensión como la consecuencia de la falta de adaptabilidad a un entorno que provoca una exigencia extrema en nuestra persona, afectando no solo lo físico sino también lo psicológico y emocional.

Sabemos que desde que entramos al terreno laboral, el mismo exige esfuerzo, que generalmente produce un desgaste físico, por ejemplo: trabajos interminables con tiempos y límites para terminarlos y jornadas largas de trabajo. Psicológicamente puede afectarnos para pensar que debemos concentrarnos solo en lo laboral y dejar de lado lo social, aun puede provocarnos supuestos y diálogos internos de insatisfacción de nuestros jefes por nuestro desempeño laboral, en casos menos extremos el solo hablar de preocupaciones laborales, ya nos desgasta.

Emocionalmente la tensión, puede orillarnos en caso de tener subordinados a exigir y demandar más allá de sus límites, lastimando sus emociones al sentirse injustamente desvalorados, pudiendo afectar el carácter, y que decir cuando nosotros somos los lastimados. Los alcances de la tensión son muchos, pero estos son los más escuchados y aun vividos. Y si a estos terrenos que hemos abordado, les añadimos las tensiones que se generan en el matrimonio, que la mayoría de las veces se producen por lo que ya traemos cargando antes de llegar a la casa, el resultado será devastador.

¿Cómo lidiar con las tensiones que traemos arrastrando, para no encrudecer las que se generan en casa?

Aprenda a sacudirse las tensiones diarias, rehúse alimentarlas. Lo digo porque algunos hablan que el cristiano no debe conocer la tensión, sin embargo bíblicamente la escritura no nos sugiere que el cristiano no atraviese por tensiones como algunos lo aseguran, lo que si nos dice y aun invita, es que nuestras ansiedades y preocupaciones las depositemos y echemos sobre nuestro Señor Jesucristo (1 Pedro 5:7).

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Lo lamentable es que muy pocos tienen el hábito de la oración, ella nos permitiría traer ante nuestro Dios nuestros afanes que cada día se presentan y las preocupaciones que cada día se generan. La oración nos humilla y nos hace ver lo débil que somos y lo fuerte que es nuestro Dios, aquellos que no se humillan reconociendo su incapacidad de sobrellevar las cosas por sí solos, jamás serán exaltados y levantados por Dios en el tiempo que lo necesiten.

Los soberbios y orgullosos, son los que más pronto se consumen, porque viven desafiándose a sí mismos, pensando que ellos podrán salir adelante solos. Reconozca a su matrimonio como un campo de resguardo y no como un campo minado.

Aprenda a reconocer los campos de tensión y los campos de resguardo. Se sabe que muchos soldados después de su regreso de los campos de guerra, no pudieron reconocer el nuevo espacio cálido de su hogar e incluso optaron por el suicidio. Lo mismo pasa en la mente del hombre afectado por el cúmulo de tensión. La mayoría de nosotros, cuando salimos de un campo de tensión (trabajo), llegamos a otro campo (familia) con ese mismo impulso, lo adaptamos a la vorágine que nos persigue y arrastra afectándolo lamentablemente también, la razón de todo esto es simple, ¡no reconoce su campo de resguardo!

Los soldados que llegan a un campo de resguardo, regularmente lo hacen cuando están heridos, sus armas quedan en el suelo, y aprenden a descansar y confiar en los médicos que los están curando y sanando, ahora es el tiempo de dejar que otros hagan su parte y se conviertan en la ayuda que necesitan. Debemos aprender a dejar en el suelo nuestras armas y reconocer que estamos en nuestro campo de resguardo, nuestro matrimonio, nuestro hogar, debemos dejar que nuestro cónyuge haga su parte y se convierta en la ayuda idónea para nuestro descanso y resguardo.

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El yugo desigual no solo es el casarse con alguien que no comparte la misma fe, es también no compartir los mismos hábitos e ideales.

¿Podrán andar dos juntos si no estuvieran de acuerdo?

La verdad es clara: nunca podrán estar juntos. Jesús declaró que una casa dividida contra sí misma cae. Muchas de las tensiones en un matrimonio, se originan por no reconocerlo y valorarlo, es verdad que las diferencias se darán, y aún las discusiones, pero si nunca se llevan delante de Dios, las mismas provocarán desacuerdos constantes, la biblia menciona que hay cosas que podemos soportar, pero soportar un ánimo que está en constante tensión y angustia, eso sí es imposible.

Aprenda a escuchar y no necesitará sentirse escuchado. Una razón inequívoca por las que la mayoría de los noviazgos son maravillosos, se debe a que en su tiempo se dedicaban a escuchar los gustos de la pareja para intentar agradarle de acuerdo a sus preferencias, los tiempos de hablar y escuchar tomaban un mayor % dentro del noviazgo, sin embargo, está comprobado que ya en el plano del matrimonio, ese hábito poco a poco se pierde, mayormente en el género masculino. Y si ese hábito se pierde, no es de sorprendernos que después de un día cargado de tensión también para nuestra esposa, donde sus roles de madre, hija, ama de casa, estudiante, empleada, amiga, fueron exigidos al máximo, también ella sienta la necesidad urgente, de ser al menos escuchada por su esposo, y si a eso le agregamos la necesidad de ser escuchados y aun atendidos los hijos, pronto aquellas necesidades de los nuestros, se convertirán en detonadores para un nuevo campo de tensión.

Si aprendemos a escuchar a nuestras esposas y a nuestros hijos y mejor aun atenderlos, nuestros matrimonios, serán verdaderamente una bendición, se convertirán en un campo de resguardo no solo para nosotros como esposos, sino también para nuestros hijos.

Los confidentes, y los amantes nacen y surgen precisamente del descuido de uno de los cónyuges por no atender a las necesidades y peticiones del otro, la rebeldía de los hijos y las conductas extrañas tienen su origen en la falta de atención de los padres hacia los hijos.

Aprenda a escuchar y no necesitará sentirse escuchado ante los problemas que nuestras tensiones provocan.

Acerca Eduardo Cavazos Sánchez

Fiel siervo del Señor Jesucristo.

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