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Salida de Emergencia

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– Buenas noches Señor; ¿usted está situado en una de las salidas de emergencias, ha leído la hoja de seguridad?

Era el vuelo 2536 de Aeroparque con destino a Córdoba. Lo programado era volver a mi ciudad el día Martes por la noche, pero un cambio de planes me ofrecía la posibilidad de estar en mi hogar un día antes, y quien no trataría de aprovecharla? Así fue, que junto a mis compañeros de viaje, nos presentamos en el aeropuerto con la intención de sumarnos en cualquier vuelo esa misma tarde.

– Me quedan lugares en los pasillos de las salidas de emergencia. ¿Tienen algún problema con ello?

– nos preguntó la recepcionista. Cruzamos algunas miradas. Fue suficiente para ponernos de acuerdo. No teníamos pretensión alguna, solo queríamos llegar a casa; de modo que aceptamos la propuesta con gusto.

– Allí viajarán más cómodos –agregó la mujer-. Los lugares son más espaciosos.

Fantástico!, pensé, conseguimos un vuelo impensado, y en cómodos asientos! Parecía demasiado bueno como para ser verdad. Mis dudas desaparecieron minutos después, cuando al llegar a mi lugar entendí que no nos habían mentido, todo pintaba perfecto. Solo restaba sentarme, escoger un buen libro y tener a mano mi notebook. Tome mi bolso, estire por última vez mis piernas y busqué acomodarme en mi asiento.

-Disculpe Señor, pero no puede llevar ningún bolso de mano aquí, usted está en una de las salidas de emergencia- sentenció una azafata. Debo admitir que en un primer momento me desagrado tal aclaración, pero luego lo acepte. Al fin y al cabo estaba en el avión que me llevaría de regreso a casa. Eso es lo que contaba. Eso es lo que deseaba. De modo que guarde mi bolso en su lugar, tome posición y, para evitar otra intervención de la azafata, abroche mi cinturón de seguridad y recline mi asiento.

Luego de escuchar las indicaciones de rutina, y esperando el momento del despegue, me apreste a descansar…pero mis planes nuevamente se vieron frustrados…

-Buenas noches Señor, usted está situado en una de las salidas de emergencias, ¿ha leído la hoja de seguridad?- Supongo que mi rostro respondió a su pregunta, porque prosiguió sin hacerse esperar: -Por favor, tómese un tiempo para leer las instrucciones que tiene frente suyo- me dijo amablemente. Comencé a disgustarme. Aún no habíamos remontado vuelo y ya me aplicaron dos advertencias! ¿Qué debo esperar una vez que estemos en la altura? No lleve su bolso, lea la hoja de seguridad, ¿que vendrá después?

Pero recordé haber sido yo quien aceptó la propuesta y debía ser consecuente con ello. Tome la ficha y comencé a leerla: “USTED ES UN PASAJERO DE VITAL IMPORTANCIA EN ESTE VUELO. LE HA SIDO ASIGNADO UN ASIENTO EN UNA SALIDA DE EMERGENCIA” Las primeras palabras, me impactaron. No esperaba una declaración de este tipo. Ante todo, querían que supiera que el lugar que ocupaba en el vuelo era importante, y eso me agrado. No era solo un pasajero más. Era especial. ¿Y a quien no le gusta que lo hagan sentir especial?

Leer aquello me predispuso de otra manera, y así decidí continuar mi lectura. Aparecía un detalle de los requisitos que debía cumplir quien ocupaba ese lugar: No tener enfermedades que limiten actuar, demostrar habilidad, ser fuerte para abrir la puerta en caso de emergencia, hablar correctamente para saber transmitir la información al resto de los pasajeros, ser capaz de utilizar ambas manos, ambos pies, tener equilibrio, etc. Cada frase, cada línea escrita, sonaban como elogios hacia mi persona, y eso era motivante.

No habían elegido a “cualquiera”, me habían elegido porque habían visto en mí todas esas cualidades. Pero todo el orgullo que sentía de ocupar semejante lugar, se desplomó segundos después. La ficha de instrucciones continuaba con el “Modo de Operación”, donde describía el procedimiento que debía seguir en caso de una emergencia. “Mire con cuidado para detectar humo o fuego…”, “guíe a las personas hacia la salida de emergencia…”, “mantenga la calma de los demás pasajeros…”, “comience a evacuar ordenadamente…”. Un momento! –me dije. ¿Cómo es esto? Repetí mi lectura con mayor atención, pero seguía sin entender. ¿Resulta que ahora soy responsable de mantener la calma de los pasajeros en caso de que el avión se encienda en llamas!!!.

Imaginé por un instante la escena…”Queridos compañeros de viaje, me presento: Mi nombre es Martin y soy el pasajero de la salida de emergencia. Soy de vital importancia en este vuelo, por tanto quiero pedirles su atención. En forma ordenada iremos escapando por esta puerta, antes que el avión…estalle en mil pedazos!, por favor, uno a la vez y sin perder la calma… a ver, los hombres a mi derecha, las mujeres a mi izquierda…”. Qué locura!. Estaba agradecido por sus primeras palabras, me enaltecían, pero esto me pareció fuera de lugar!. Buscando alguna explicación, levante mi vista, hice un minucioso recorrido por toda la aeronave. Me detuve a mirar a las azafatas, estaban ocupadas con la distribución de la cena.

A lo lejos pude observar una de ellas abriendo la puerta de la cabina de mando. Alcance a divisar al piloto, ¿piloto? El piloto! –Grite en mis pensamientos- ¿Cuál es el papel del piloto en una emergencia? ¿Y los tripulantes?, ¿Qué de ellos? ¿No se supone que son ellos quienes deben hacerse cargo de semejante responsabilidad? ¿No son ellos los que se prepararon para volar? ¿No son ellos los que estudiaron durante años para saber qué hacer en un caso de emergencia? Yo solo soy un pa-sa-je-ro.

Esta responsabilidad le cabe a ellos, no a mí. Tal vez te parezca exagerado, pero es lo que realmente sentí durante aquel vuelo. Te aseguro que un cilindro metálico a miles de metros de altura, es un buen lugar como para hacerte algunas preguntas. Yo me las hice, y aunque no encontré muchas respuestas, me quedaron grabadas cada una de las palabras de aquella hoja de seguridad. Ahora estoy en mi hogar.

Acerca Martin Zanetti

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