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Dios y la expendedora de Cafe

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Seguramente alguna vez habrás disfrutado de un buen café de algunas de las tantas maquinas que están por ahí. Yo lo he hecho en muchas oportunidades, me agrada hacerlo. No obstante el otro día no me agradó en absoluto. Me sucedió algo que jamás hubiera esperado.

Me acerque a una de ellas, con paciencia busque la última moneda con la que contaba, y la inserte en el lugar donde corresponde. Se supone que si uno procede como debe, recibe lo que espera. ¿No es así?

Siempre tuve esa idea, es más, siempre me sucedió. Pedí, y lo que pedí lo recibí. Y está bien. Así debe ser. Al menos en una expendedora. Esta vez, no debería ser la excepción… claro que no, así es que procedí a estudiar detenidamente las opciones: café largo, café corto, capuchino…mmmm… Cacao con leche… finalmente opté por un delicioso café con leche.

Lo deseaba de verdad, así que hice lo que cualquier otra persona en mi situación habría hecho, con mi dedo índice pulsé suavemente la tecla “Café con leche”… Esto es fe. ¿Cómo? Dije que eso es fe. Claro que es fe. ¿Te queda alguna duda?

Pagué antes de recibir, eché la moneda mucho antes de disfrutar de mi café. No veía lo que había dentro de la máquina, pero desde el momento en que decidí poner allí mi dinero, confié que me daría lo que pedí.

Quizás no estás muy de acuerdo en lo que estoy diciendo, y tendrás a mano en tu mente el famoso versículo que nos enseña la base bíblica de la fe:

“…Es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve…” (Hebreos 11:1)

¿Pensaste alguna vez en cuantas situaciones actuamos por fe? ¿Has depositado dinero en un banco? Bueno, confías que el Banco lo pondrá en tu cuenta. Aunque no sigues y controlas a quienes se encargarán de ello.

¿Has pasado un semáforo en verde sin mirar los otros? Has confiado que los demás se mostraban en rojo. ¿Has subido a un avión? Si lo hiciste es porque has confiado que te llevaría a destino. De no creerlo de seguro no habrías puesto un pie en el.

Haces lo mismo que yo con la máquina expendedora de café. Confías. Así es como trabaja la fe, primero das el paso, luego haces pie.

Primero pagas, luego recibes. La decisión precede al objetivo. Siempre. Pero quiero inquietarte con una nueva pregunta. ¿Qué sucedería si alguna vez el dinero que depositaste no se acreditó a tu cuenta? ¿O que pensarías si alguna vez cruzas un semáforo que te da el paso, cuando de pronto te encuentras que todos los otros también están en verde? ¿Cómo reaccionarias?

Mi respuesta es muy simple. Desconfiaría la próxima vez en ese banco. Incluso si pudiera buscaría depositar mi dinero en otra entidad. Ni hablar del semáforo. Jamás volvería a cruzar esa esquina sin antes echar una “ojeada” a los demás semáforos. ¿No harías tú lo mismo? Y si la máquina expendedora, te engañara? Bueno… de hecho a mi me sucedió (por cierto, no te rías porque alguna vez te puede pasar). Yo le pedí un café con leche, recuerdas?

En realidad sólo me sirvió leche. No tenía café, así que me dio lo que pudo darme. Leche. Solo leche. Me sentí decepcionado. No es lo que quería. Es más, habría sido mi última elección (no me gusta la leche sola). Me quedé sin mi dinero….y sin mi café.

No te quepa dudas, que la próxima que anhele un café lo buscaré en otro lado. Una vez fue suficiente para perderle mi confianza. Se que te ha pasado lo mismo, pero no con una máquina. ¿Sabes a que me refiero no?

Pusiste tu confianza en algo, y no te respondió. Invertiste tiempo en una relación que te daría la felicidad que buscabas, y de pronto sientes que perdiste el tiempo y la relación. Dedicaste dinero en un negocio que creiste traería oxigeno a tu realidad financiera, pero resultó que perdiste el dinero…y el negocio.

Entregaste lo que podías y lo que no podías también por tu hijo, pero te dio la espalda, y así quedaste. Sientes haber perdido tus fuerzas, y también un hijo. No se si asentaras con tu cabeza lo que diré. Pero así es la fe. Implica riesgos.

La fe siempre implica un riesgo, porque aquello en lo que depositamos nuestra fue puede fallar. Y las malas experiencias a veces nos lleva a tomar m Un ser amado te puede fallar… Un negocio puede fallar… Un hijo te puede fallar… A no ser que tu fe esté puesta en algo que jamás te pueda fallar: DIOS.

Acerca Martin Zanetti

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