¡Está en ti, avívalo!

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico: los libros de Timoteo.

Introducción

El Apóstol Pablo en un intento de dejar a Timoteo bien equipado para los años de tarea pastoral que le aguardaban, tiempo en que el ya no estaría par aconsejarle, ni ayudarle, tendría que continuar solo, le expresa su última voluntad a constituye a Timoteo como su auténtico heredero.

Legando a Timoteo su evangelio y sus instrucciones apostólicas

Estas le serían de gran utilidad, como creyente y como pastor. una de ellas precisamente se encuentra plasmada en 2 de Timoteo 1:6Por lo cual le recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti…”

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Verán; desde los días de su infancia Timoteo había sido instruido en las sagradas escrituras del Antiguo Testamento. Su abuela Loida y su madre Eunice le habían criado como devotas israelitas (2 Timoteo 1:5). Timoteo que en griego significa, “Temeroso de Dios”, llegó a ser hijo espiritual de Pablo (2 Timoteo 1:2); más tarde compañero de viajes del apóstol y su representante oficial.

El carácter de Timoteo

El carácter de Timoteo era una mezcla de amabilidad, fidelidad y una timidez natural. Sin embargo, Pablo sabía que podía contar con Timoteo. El era la clase de persona que, a pesar de su juventud, su reserva y sus frecuentes enfermedades (1 Timoteo 5:23), estaba dispuesto a dejar su hogar para acompañar al apóstol en viajes peligrosos, ser enviado en misiones difíciles y permanecer hasta el fin como un siervo fiel de Cristo.

Me imagino al apóstol Pablo diciendo: “mira Timoteo… el fuego del don de Dios esta en ti, gózate.” “pero no te descuides ni te confíes demasiado en tu propia prudencia.” Este camino del evangelio es de bendición, pero… también vienen las aflicciones.” “Mira Timoteo que nos tenemos que disfrutar las bendiciones del evangelio, pero también tenemos que soportar las aflicciones con el mismo amor y devoción”.

El fuego del don de Dios también esta en ti y en mí

Si mis hermanos; el fuego del don de Dios también esta en ti y en mí. Los versículos que le siguen nos dice que ese fuego es poder de Dios para participar, y soportar las aflicciones del evangelio, y nos aclaran que el Señor nos ha dado espíritu de poder, amor y dominio propio.

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Tomando esta poderosa combinación de detalles, podemos notar la importancia y la necesidad imperante que tenemos de avivar el fuego del don de Dios que está en nuestras vidas.

El fuego

Al pensar en este versículo la imagen sensorial que nos llega es la de una llama de fuego encendida despidiendo calor y luz. El fuego puede ser destructivo, pero también puede originar vida, todo depende de quien lo utilice y para qué. Pero lo más importante es estar seguros que el fuego del cual estamos hablando en forma metafórica hace referencia al poder de Dios. Ese fuego; purifica, sana, da vida y poder.

Cada creyente en Jesucristo ha recibido ese fuego o poder desde el día en que aceptó a Cristo como su único salvador personal. Eso es posible por el perdón de nuestros pecados en la cruz del calvario y por el derramamiento del espíritu santo el día de pentecostés. Como dice la escritura desde que creíste fuiste sellado con el Espíritu Santo.

El don de Dios esta en ti y en mí

Por si Timoteo no lo sabía… Pablo se lo dijo. Por si alguien no lo sabía o se le había olvidado aquí les digo… el don de Dios esta en ti y en mí. Es Dios quien nos los ha dado, a él daremos cuenta de lo que hagamos con su don, pero ese es otro tema.

Veamos ahora cuando Pablo le dice a Timoteo: “aviva el fuego del don de Dios que esta en ti.” Avivar el don de Dios es activarlo, que su calor y su luz brille a medida que participamos activamente en la sociedad, compartimos el evangelio disfrutando las bendiciones y soportando las aflicciones, todo lo que acontezca. Ese poder de Dios nos capacita para servir, vivir, luchar y vencer la maldad de este mundo con su amor y dominio propio.

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Recuerda que el fuego del don de Dios esta en ti… y esté encendido, solo tenemos que avivarlo. Y ¿Cómo? Primeramente, nosotros somos el altar de Dios donde el, este encendido, por lo que se sobre entiende que nuestro altar esta limpio y eso lo hizo Cristo con su sangre derramada en la cruz del calvario. Luego el padre celestial encendió la llama de su espíritu santo en nosotros.

Ahora nos toca mantener la llama ardiendo con todo su fulgor

Para ello debemos añadirle leña al fuego, esto es, de día en día por medio de la oración, el ayuno, la adoración, congregándonos, estudiando las escrituras, sirviendo, haciendo, activados en la viña del Señor. Cada cierto tiempo barrer y limpiar el altar de las cenizas que puedan acumularse, para evitar que nos ahoguen y apaguen el fuego. Esas cenizas simbolizan el pasado, los rencores, los malos recuerdos, los malos sentimientos, la pasada manera de vivir, aquello que nos estorba para seguir Cristo y crecer en Él.

Para que el fuego siga ardiendo necesita aire, de lo contrario se apagará. Pero para avivar el fuego y no apagarlo ni que se salga de estar en ti, tenemos que avivarlo y darle libertad para que se manifieste, pero ordenadamente, para que no interrumpa el orden del culto, para que no ocurran excesos que luego puedan ser mal interpretados. Así es que controlamos la llama del Espíritu con la sabiduría y el discernimiento de Espíritu que Dios mismo nos da para la edificación de los santos.

Conclusión

Este poder de Dios nos ayudará a vencer las circunstancias de la vida y a bendecir a esta sociedad que tanto de Dios necesita. Entonces hermanos; no se trata simplemente de ser salvos y que la llama del don de Dios este en nosotros, sino que no nos podemos conformar ni estancar. Tal como Cristo nuestro Señor, Pablo, Timoteo, Esteban y muchos otros, llenos de las comunidades en que vivían. Nosotros también podemos hacerlo… si avivamos el fuego del don de Dios que está en nuestras vidas.

Así es que sonríele a la vida, busca el fuego de Dios que esta en ti y avívalo.

¡Dios les bendiga!

© Maria del Carmen García Guerrero. Todos los derechos reservados.

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Acerca Maria Del Carmen

Pertenezco a la iglesia Tabernáculo de avivamiento. Acepte a Cristo desde temprana edad y desde entonces he servido al señor.

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