Semilla de mostaza

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico: Mateo 13:31-32

Introducción

Jesús hablaba con las personas a través de parábolas. Una de ellas fue la del grano de mostaza. Jesús comparó el reino de los cielos a ese grano. El reino de Dios viene a nuestra vida y es así, un pequeño acto, una manifestación de nuestra fe que está naciendo. Nada más, pero que se transforma en la más grande de las hortalizas. Se transforma en árbol y las aves hacen sus nidos ahí.

Un pequeño acto (Hechos 16:31)

Pablo y Silas fueron encarcelados en Filipos, y a media noche, dentro de la total oscuridad de una celda húmeda y fría se encontraban ellos cantando al Señor. Las aflicciones que los hombres intentaban causarles con esto no eran tomadas por ellos, por el contrario se gozaban en las tribulaciones. Esto provocó una manifestación de Dios con poder. Hubo un temblor y los cimientos de la cárcel se sacudían y todas las rejas fueron abiertas.

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El carcelero era el responsable de velar que nadie se escapara, pero cuando vio todas las rejas abiertas pensó en suicidarse, pues le castigarían porque todos los presos habían escapado. Pero ninguno de los presos había escapado, entonces el carcelero pregunta a Pablo y Silas “…¿qué debo hacer para ser salvo? (Hechos 16:30) estas seis palabras fueron el inicio de una nueva vida para él, y no solo para él sino para toda su familia. 

Desde ese día todo cambió para ese carcelero pues la respuesta de Pablo fue suficiente para que entregara su vida a Cristo “…Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Una simple pregunta cambió su vida entera y la de todos los de su casa.

Desde ese mismo momento creyó, también fueron a predicar a su casa y toda su casa creyó también. El carcelero les lavó las heridas, los llevó a su casa, se bautizó ese mismo día junto con toda su familia y se regocijo con ellos en su casa. 

Primero Dios

Un acto pequeño puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Pero no es solo quedarse, sino empezar un cambio gradual de vida hasta que lleguemos un día a ser perfectos como dice su palabra. Pero lo que debemos hacer es darle a Dios el primer lugar.

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El relato de Elías y la viuda nos muestra cómo Dios usó al profeta para bendecir a una viuda que no tenia mas para comer. Solo tenia un poco de harina y un poco de aceite para hacer su última comida y morir de hambre.

Pero el profeta le dice que le haga a él primero una torta y luego que haga para ella y su hijo. Cuando ella hizo lo que el profeta le indicó algo maravilloso pasó, la harina no faltó ni el aceite. No fue el milagro de un día, sino de mucho tiempo que permanecieron de la misma manera. todos los días cocinaban pero no se acabó la comida. 

El secreto es darle a Dios primero, ponerlo siempre a Él antes que todas las cosas. Entonces nos bendice con toda bendición espiritual y material para que nada nos haga falta. Pero es un acto no de una sola vez, sino de una confianza en Dios de todos los días durante el resto de nuestra vida. Esto nos permitirá trascender esta vida y entrar a la vida eterna con el Señor. Dios es primero, luego todo lo demás.

Multiplicaos (Génesis 1:28)

Un pequeño paso hace una división en nuestra vida. La decisión de creer en Cristo nos hace nueva criatura. Desde esa decisión debemos empezar a crecer en su palabra y vivir obedeciendo cada uno de nuestros días.

Dios quiere que crezcamos, que nos multipliquemos, que sojuzguemos la tierra. Así pablo inició una serie de viajes misioneros fundando iglesias en diferentes partes del mundo, obedeciendo el mandamiento de Cristo de ir y predicar hasta lo último de la tierra. Dios nos quiere bendecir y que crezcamos en Él. No hay límite en lo que podemos alcanzar en Dios.

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No importa lo pequeña que se vea nuestra fe, lo importante es que esté fundada en Dios. En Él esa fe es inamovible. Demos pequeños pasos y poco a poco nuestra fe crece en el Señor y pronto nos encontraremos con grandes desafíos que no podremos resolver por nosotros mismos. Desafíos que pueden abrumar a cualquiera, pero en los que veamos la mano de Dios obrar poderosamente.

Conclusión

Aceptemos el llamado de Dios, aunque sea demasiado grande el llamado, si Dios lo pidió lo único que nos queda por hacer es obedecer su palabra. Lo que Dios nos pida debemos hacer, sin miedo, sin duda, solo dar un paso a la vez confiando en su poder eterno. Dios es fiel y si Él nos llamó es fiel y justo para darnos la fortaleza y las herramientas necesarias para ser más que victoriosos en cualquier cosa. Dios es poderoso.

© Mauricio Alvarez. Todos los derechos reservados.

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Acerca Mauricio Alvarez

Siervo de Jesucristo desde 1,999, amante de la palabra de Dios. El Señor me ha concedido servir con jóvenes y posteriormente con Escuela Dominical. Predicador de un Dios vivo a quien damos toda la gloria.

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