La integridad

Acaso José era más integro que otros cristianos, ¿era un hombre perfecto? ¡En ninguna manera! La Biblia dice que no hay una sola persona completamente justa que haga lo bueno siempre. La integridad no tiene como fin el que uno sienta que es “mejor” creyente que otros, pues quien así lo hiciera dejaría que el orgullo y la soberbia ¡echaran abajo su integridad!

Somos íntegros porque queremos tener un corazón que agrade a Dios, porque queremos corresponder a su amor viviendo de acuerdo a su voluntad, porque queremos ser usados por Él. Somos íntegros con nuestra vida ejemplar para permitir que otros quieran conocerle y tener una relación personal con Él. Nuestro testimonio hablara más que todas las porciones de la palabra que seamos capaces de predicar.

El íntegro es el que sabe que si confiesa sus pecados serán perdonados y cuando lo hace ¡acepta este perdón!, es el íntegro el que puede caminar confiado de que el Señor cuida de Él.

Es aquel que cuando sus emociones vienen con fuerza se sujeta de su fe. Es quien deja la venganza en manos de su Salvador y Juez Justo. El que huye de las tentaciones y escoge hacer lo correcto sin importar el precio económico, social o personal que le pueda costar.

Hoy en días que se valora mucho el costo – beneficio de las cosas resulta difícil hablar de integridad pero no es imposible.

La integridad no puede tolerar la corrupción: no oculta información, no engaña para controlar, ni miente para aparentar algo que no es. ¡Es un gran reto vivir en integridad! No podemos creer que lo lograremos viviendo separados de Dios.

En toda la administración de los alimentos que José llevó a cabo procuró hacer el trabajo que le habían confiado de la manera más justa y equitativa posible. Administró riquezas que no eran suyas pero lo hizo como si lo fueran, trabajó de tal manera que el faraón y toda su casa estaban contentos y agradecidos con José, pero no solamente ellos lo estaban sino toda la nación también pues aun cuando José llegó a tener literalmente sus vidas en sus manos, encontró maneras de proveerles de alimentos sin descuidar la posición de autoridad del rey de Egipto.

Como hijos de Dios somos llamados a vivir de manera ejemplar de manera que nadie pueda criticarnos ni menospreciar nuestra fe, hemos sido escogidos para vivir una vida que brille con rectitud, honestidad, verdad y santidad , somos llamados a ser luz en un mundo de tinieblas.

En esta noche quiero tratar siete principios para una vida integra.

La integridad es el cimiento de nuestro carácter y de todas las demás virtudes.

En el año1853, se inició la construcción del Templo de Salt Lake. Durante dos años largos y difíciles, se hicieron las excavaciones y pusieron los cimientos de arenisca de 2,4 m de profundidad. Un día, el capataz acudió al presidente Brigham Young para darle las devastadoras noticias: los bloques de arenisca tenían rajaduras.

Brigham Young se vio ante un dilema: (1) hacer todo lo posible por reforzarlos y edificar un templo de mucho menos peso y grandiosidad que lo que previamente se había esperado o, (2) desechar dos años de trabajo y reemplazar el cimiento con uno de granito que pudiese soportar el magnífico templo que Dios había previsto para ellos. Afortunadamente, el presidente Young eligió esta última alternativa.

La integridad es el cimiento donde se edifica el carácter y una vida que refleje a Cristo, si el cimiento tiene fisuras no será capaza de soportar el peso de otros atributos que Cristo quiere añadir a nuestras vidas.

¿Cómo podemos ser humildes si carecemos de la integridad para reconocer nuestras propias debilidades?

¿Cómo podemos arrepentirnos y ser limpios si sólo divulgamos una parte de la verdad?

La integridad está a la raíz de toda virtud. No podremos pensar adquirir otras virtudes si nuestro cimiento no es de granito puro.

La integridad no es hacer solamente lo que es lícito, sino aquello que sea moral o vaya de acuerdo con las enseñanzas de Cristo.

El apóstol Pablo expresaba Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. En días que tanto se tergiversa las cosas no resulta difícil que a un gran número de cosas se les llame licitas pero debemos usar un filtro aún más potente la palabra de Dios.

Acerca Osmany Ramón Morales Aguila

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