El viejo sabio

Devocionales Cristianos… Mensajes Cristianos

Estaba aquel anciano sentado frente a la playa, quien solía hacerlo cada tarde ya casi para el momento cuando el sol se besa en el horizonte con la inmensa mar. Mientras el anciano disfrutaba de ese momento dos Jóvenes que jugaban en la playa se le acercaron y le dijeron: Discúlpenos señor, a lo que el inmediatamente les dijo: Timoteo es mi nombre jóvenes. Diganme ¿que les puedo servir?

El les dijo de nuevo: recuerden que el nombre en las personas es algo demasiado importante para cada una de ellas. Ellos asíntieron y le dijeron: Si Don Timoteo, nosotros siempre le vemos en esta silla casi todos los atardeceres y yo le decía a mi amigo, sabes? Ese señor ahora don Timoteo, siempre sale a sentarse a esa silla y a la misma hora, puede que nos pueda dar algún consejo o explicarnos porqué lo hace.

El anciano se reacomodo en aquella silla y les dijo: ya que me lo preguntan quiero decirles que sencillamente disfruto del aire que acaricia mi viejo rostro, dejo que mis pies tengan contacto con esta maravillosa arena y además veo ese lindo atardecer que ustedes mismos están ahora mismo presenciando.

Solíamos hacerlo siempre con mi esposa y ella ya no me acompaña hace 2 años, ya que ella partió a un mejor lugar y me dijo: nunca dejes de hacerlo, cualquiera que parta primero pero que podamos sentirnos siempre el uno al otro.

Esa es la razón jóvenes, y agradezco su interrogante y me agrada que me hayan hecho hacer catarsis en un momento como este, pues estas vivencias son únicas y muchos no pueden disfrutar de esto, sencillamente porque no viven en una Costa o en una isla, y muchos que viven en estos lugares ni siquiera reparan en estas pequeñeces que te prolongan la vida y piensas más en tu hacedor, pues hay un pasaje que dice:

«…Los cielos cuentan la Gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos…» en Salmos 19:1.

Aquellos 2 jóvenes se sentaron a escuchar a aquel anciano de muchas canas y pelo ensortijado y con su corte formal. Yo he sido amante de los vehículos, y ¿saben a qué conclusión llegué a esta edad que tengo, y que desgraciadamente me di cuenta muy tarde? Ellos dos dijeron, no, cuéntenos, queremos saber de sus consejos.

El carraspeo y les dijo: bueno, el que pide consejo es porque deseo tiene de saber algo, en tal situación lo haré. Pude tener la oportunidad de observar los autos que yo usaba en aquellos años dorados, y que lo hacía más para que me vieran las jovencitas, pero ese no es el punto, quiero decirles sobre todos esos autos que yo anduve, los vi estacionados en un chatarrero y eran una Audi, un BMW, y un Honda, estos vehículos se caracterizan por su velocidad, confort y su lujo.

Tuve la oportunidad de ver esas marcas en ese chatarrero que les digo, y ¿a qué conclusión creen que llegue? Pues les diré que cuando vi aquellos autos que maneje en mi juventud, y me paseaba por la playa en ellos, note que todos aquellas marcas ahora estaban viejos como yo, ya nadie les tomaba importancia, todos los veían en ese chatarrero pero a nadie le importaba un comino.

Pero yo me puse a pensar: ¿pero si estos autos un día fueron lo más lujoso que pude andar, como es posible que llegaron a un lugar como este? En ese momento pensé si yo estuviera en un asilo de ancianos, no podría disfrutar de esto, si no tuviera la fuerza que tengo, no podría disfrutar de esto, y allí mismo me dije: pero si estos autos están tan viejos como yo, ya hemos pasado de moda, ya no podemos correr, ya estamos oxidados, pero estos 3 autos aunque con diferente prestigio los tres autos están en iguales condiciones de inservibles, y me puse a pensar: ¿cuál es la diferencia entre un viejo pobre y un viejo rico?

Y concluí que son iguales, solo que uno de ellos aún puede pedir gustos, el otro no, aunque ninguno pueda digerir bien y todo le cause diarrea, pero solo el dinero será la única diferencia, pero al estar en aquella caja en la cual vi a mi amada Paulina, supe que por más oro que le pongan los que están vivos, realmente no valemos nada más que lo que hemos vivido, esa es la verdadera vida.

No es el premio de estar en una caja lujosa al momento de estar en una sala de velatoria de lujo, no es quienes te adulen en el momento que ya no necesitas de esa adulaciones, que expresen lo que no es cierto que sienten la mayoría, que empiecen conversaciones en la cual yo sea el sujeto principal. Si para ese momento sería un cuerpo más que está siendo pedido por los gusanos y otros que prefieren que sus cenizas las esparzan donde ellos más amaron.

Esto he aprendido, que al peinar años y tus huesos se desgastan, y los dolores te aumentan, gastas toda tu jubilación en salud, todo lo que hiciste en vida te lo cobran a la salida, de manera que no puedes sacar nada de aquí, más que lo que diste con el corazón aquí mismo.

Aquel anciano tenia sus ojos llenos de lágrimas, era como que hablara a sus hijos o nietos. Uno de los jóvenes le preguntó: ¿usted tiene hijos Don Timoteo? Él asintió y dijo: Si tuve 2 hijos varones, ellos se fueron al país del norte y me envían la ayuda necesaria para mis gastos; sin embargo, lo que más quisiera es que ellos estuvieran cerca, que sus palabras llenarán mi corazón, no sólo escucharles por ese nuevo teléfono llamado celular, que lo que más tiene son juegos más que llamadas telefónicas.

Ahora se pierde más el tiempo que antes, pues ahora todo es más fácil y más difícil a la vez, pues pudiendo vivir más, ahora viven menos, se ponen más cosas artificiales las personas y muestran menos sus valores.

En conclusión, no importa que auto seas, terminarás en una chatarrera, pero lo más importante no es donde termine o como termine de mi parte física, lo importante es que di de mi mientras tenía mis años productivos. ¿Hice sonreír a otros? ¿Pude saciar el hambre de otros?, ¿pude tener La Paz de Dios conmigo? ¿Pude amar de verdad o solo fui un farsante?

Ustedes muchachos que aún tienen fuerza, deben aprovechar su juventud al máximo, den lo mejor de ustedes, cumplan ese mandato especial que dice: Ama a Dios sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:36-40). Esto es lo que engloba a aquellas 613 leyes que el altísimo dejo y ahora nos deja su palabra.

Uno de ellos le dijo: bueno, nosotros no somos religiosos. El le dijo: Jesucristo tampoco era religioso, más bien los religiosos de ese tiempo lo dañaron y persiguieron, hablaban mal de Él, y finalmente lo colgaron en una cruz, sin embargo ellos no creían en lo que se llamaba la resurrección de los muertos y allí fue donde Jesús les dió en la cara, los avergonzó, cuando él resucitó, sin embargo muchos religiosos hacen ahora creer a la gente que vivir en el Espíritu no se puede, claro que se puede. Y lo hacen aquellos que ya murieron a su carne y viven para el espíritu como dice en el libro de Romanos capítulo 7.

El otro de los jóvenes le dijo: Eso que usted dice no lo puedo entender. El viejo hizo una pausa, elevó su mirada al cielo y les dijo a ellos: Esto de creer no es suficiente para los que aún andan por la vista, es para aquellos que quieren andar por fe. Nadie puede entender las sagradas escrituras si no le es dado a conocer los misterios a través del espíritu de Dios, el cual se llama el Espíritu Santo el cual guía a las personas a toda verdad, nunca les lleva a la mentira, por eso es necesario que el Espíritu de Dios este dentro de la persona como un sello, sin ese sello no puede ver las cosas invisibles que un día le serán otorgadas a través de los ojos de la fe en Jesucristo.

Un joven le dijo: En estos 40 minutos que hemos estado con usted hemos aprendido creo que 15 años de vida, y además creo que tenemos mucho que aprender más aún de Jesus al que usted ama. Vendremos otro día a seguir charlando con usted pues me parece que usted es alguien de quien aprender mucho. El viejo les dijo: aquí estaré todas las tardes que me permita Dios poder contemplarle y compartirle a quienes demanden de El. El viejo quedo en su silla de playa viendo el horizonte y los jóvenes se regresaron por toda la playa corriendo haciendo ejercicio.

El viejo elevó una oración y dijo: Dios todopoderoso, concédemele a esos jóvenes que te puedan llegar a conocer un día y no vivan solo por vivir, sino que vivan para poder en verdad aprende a morir a ellos mismos y que tú vivas en ellos.

Esta historia es una de las historias que una persona en su mayoría de edad puede dejar un legado a otros al solo compartir de su baúl de recuerdos, experiencias basadas en su vivencias con Jesucristo.

Podría ser que esta historia un día pueda ser continuada de nuevo. Todo depende si estos jóvenes retoman para pedir consejo a este sensible anciano de la playa.

© Dr. Mauricio Loredo

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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2 Comentarios

  1. bonita historia ese es el ejemplo que debemos aprender y dejar, para aquellos que no conocen al DIOS verdadero, gracias hermano por compartir esta linda hermosa historia que DIOS lo bendiga

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