El ángel que no quería ser humano

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Dos ángeles observaban el comportamiento de los humanos. Ellos veían que uno de los seres mortales entraba a una cantina bolseando sus bolsillos, y contando unas monedas y billetes, y se abría paso entre los que estaban allí dentro.

Unos estaban en la barra contando cuentos y mentiras, otros contaban de las interioridades de sus hogares, otros las decepciones de sus trabajos, y otros estaban caídos y orinados en sus pantalones, el que entraba iba sobrio y se colocaba en el mostrador y saludaba a todos los allí presentes y se conocían entre ellos, todos estaban en el lugar que pensaban era para desahogar sus penas.

En ese momento se ve entrar un niño de unos 9 años a la misma cantina, como buscando algo en medio de tantos embriagados, y el dueño de aquel lugar se miraba con su bigote grande y su cigarro en la boca de bajo precio.

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Observó al niño y le dijo: hey muchacho ¿y que andas buscando? ¿Se te perdió algo? ¿Quieres una cerveza? Te estás pareciendo a tu tata, que solo borracho camina. El niño le preguntó: ¿ha venido mi papá hoy por aquí? Es que él me dijo que hoy lo buscara porque me daría para comprar unos cuadernos de la escuela.

Los ángeles estaban asombrados viendo aquel cuadro, y uno de ellos dijo: Ser un mortal es ser descuidado con lo valioso que les fue entregado, pues no saben lo que realmente significa la vida, pero al perderla se darán cuenta que no era negocio haberla mal perdido, ellos están gastando su poco tiempo aquí en esta mísera tierra y se embriagan del placer y las bebidas, drogas y dejan sus criaturas sin un pan, ni un futuro, cometiendo el más vil de los actos, perjudicar a un pequeño, esto es algo que les trae duras y grandes consecuencias.

El otro ángel que escuchaba dijo: si, por eso hay un tiempo establecido para ellos, no pueden saber cuándo será su muerte, ellos siempre hacen cosas sin pensar que morirán un día. Mira este cantinero, cuantas vidas está dañando y el ni siquiera pone atención a esto que hace, decenas de personas están siendo maldecidos por ellos, y lo único que obtienen a cambio es dinero, un dinero mal habido, un dinero que se arrepentirán un día haber vivido de ello, algo que no tiene sentido, si el dinero es el aliciente de alguien, entonces no tiene amigos.

El último en entrar a la cantina ahora estaba con una botella de guaro y se servía los tragos y repartía a otros.

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Los demás que ya estaban sin un centavo en sus bolsas, ahora ya estaban a merced de alguien que les invitara.

No se acordaban de los problemas de sus casas, ahogaban momentáneamente sus penas y dolores, para después volverlos a vivir pero con más intensidad.

El cantinero se disponía a salir para su residencia, la cual era muy lujosa y los ángeles lo siguieron para ver cómo vivía con su familia. Ya que los ángeles no podían entender como aquel cantinero ahora en su casa, tenían tanta abundancia, lujos y además sus hijos bien vestidos pero con valores tan bajos en su hogar, los reclamos y altavoces se dejaban escuchar, eran peleas a diario, sus cuentas bancarias estaban llenas a costo de sus clientes embriagados y hogares llenos de dolor.

Los dos ángeles se quedaron viendo sus caras y uno de ellos dijo: aquí es donde cabe el verso del salmo de David que dice: «…Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican…» en Salmo 127:1a. Es triste ver este tipo de cuadros por todos lados dijo el otro ángel, pues de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero y si pierde su alma como les dijo el Señor en Mateo 16:26.

Muchos ya vendieron su alma al diablo desde que están aquí en sus funciones, ya que difícilmente dejarán de hacer lo que hacen a menos que se rindan ante el todopoderoso Dios, pues su dinero está podrido, para todos aquellos que vivan del mal, que aplastan a otros para ellos poder vivir, pero lo más duro es ver en aquella caja cuadrada u ovalada a aquellos que le vendieron su vida al diablo, y ahora serán esclavos eternos de el por la eternidad.

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Uno de los ángeles dijo: ¿sabes? Debemos ir a alertar a los que tienen su corazón abierto para que puedan buscar el rostro de Dios.

Por eso no quisiera ser humano, pues el corazón de ellos se corrompe a diario sin una dirección divina.

El otro ángel le dijo: un momento, espera se te olvida que esa no es nuestra función, somos solo guardianes de los humanos ya apartados, pero ese trabajo le toca a aquellos humanos que realmente creen que Jesús es el Señor y Salvador de sus vidas y a Él deben proclamarlo de día y de noche no sólo con su boca, sino con sus hechos en espíritu y en verdad.

© Mauricio Loredo

Acerca Dr. Mauricio Loredo

Me convertí a Cristo en mi cuarto año de medicina. Decidí en ese año darle mi carrera al Señor todopoderoso. Soy otorrinolaringologo por la Gracia De Dios, y servimos con mi familia activamente en la actualidad en la iglesia Local Betania.

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3 comentarios

  1. Mi hermano me alegra que hayas decidio seguir publicando tu material, a la verdad es que es de mucha bendicion.

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    Humildemente gracias Hna ! Bendiciones a Ud! Esperamos siga leyendo esta página de mucha bendición a todos !

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