La soberbia aleja a Dios

Reflexiones Cristianas

Reflexiones Cristianas.. Lectura Biblica: Lucas 4:23-33

INTRODUCCIÓN

No es la generosidad de Dios la que es limitada o impotente (Éxodo 34: 6-7). El amor de Dios será tan poderoso en nuestra vida y actuará tanto como nosotros le permitamos. Dios nunca nos obligará a aceptarlo, nunca anulará nuestra libertad. Ciertamente Él quiere que lo recibamos en nuestra vida y en nuestro hogar, pero jamás pasará por encima de nuestra libertad (Marcos 10: 13-30).

LA SOBERBIA CAUSA CEGUERA

En este pasaje de Lucas Jesús habla de un tema que incomoda demasiado a los judíos: Dios también ha favorecido a extranjeros y paganos que han mostrado tener más fe y humildad ante Dios que su pueblo mismo.

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Primero les trae a la memoria a la viuda pobre de Sarepta (1 Reyes 17: 8-24) que estaba lista para morir, ya sin alimento y generosamente comparte al profeta de aquel poco que le quedaba. Como recompensa, Dios por boca del profeta, le promete a la viuda que nunca más se vaciará de harina su vasija.

Sólo buscaba Cristo hacerlos reflexionar y reconocer que es su soberbia la que limita en ellos la obra de Dios. Necesitaba hacerles ver que Dios sí actúa, pero nunca pasaría por encima de su voluntad. El hecho de recordarles este pasaje de la biblia les escuece el corazón, les alborota la soberbia y se empiezan a crispar los ánimos. Pero Cristo los encara, no se guarda las palabras que tiene que decir, aunque eso les enfurezca.

En ocasiones, Cristo nos llama la atención, nos hace ver nuestros errores por medio de un amigo, un pastor, el cónyuge, nuestra madre o incluso nuestro hijo. Nos escuece la herida, sabemos que tienen razón, que debemos mejorar nuestras actitudes y corregir los errores, pero la soberbia en ocasiones nos lleva a “contra atacar” señalando defectos de quien nos interpela, buscando inútilmente rebatir, en lugar de aceptar la crítica o la corrección, disculparnos y esforzarnos por ser mejores.

La soberbia conduce a la ira, al revanchismo, al contraataque y nos arrebata la oportunidad de mejorar nuestras actitudes. La soberbia privó a los judíos de reconocer a Cristo, a pesar de que frente a ellos obraba milagros y signos que hacían evidente el origen sobrenatural del poder de Cristo. Tiene tal efecto la soberbia, que nos ciega y no nos permite ver lo evidente.

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Nuevamente les habla de un pasaje que ellos bien conocían: la historia del leproso Naamán el sirio (2 Reyes 5:1-15), quien recibió el milagro de la curación de la lepra. Israel tenía muchos leprosos viviendo fuera de la ciudad, apestados y apartados de la sociedad, debido a las condiciones insalubres y contagiosas que provocaba esa enfermedad.

Y Jesús les recuerda a los judíos que sólo un leproso extranjero recibió el favor de la curación. El mensaje de Cristo es claro: no me extraña que no sea bien recibido por mis parientes, es lo que han hecho con todos los profetas… Fue suficiente este recordatorio para hacer hervir la ira de los judíos.

Y una vez más nos muestra Cristo que no es Él quien quiere alejarse, puesto que les dedica tiempo y conversa con ellos. Pero la soberbia que les invade es tan grande y les cuesta tanto manejarla que terminan obligando a Jesús a apartarse de ellos.

Cuando Cristo los reprende, ellos debieron reconocer y estar dispuestos a aceptarlo; es lo que Cristo hubiera querido. En lugar de eso, empezaron a minimizar su mensaje y su persona. “¿Qué no es hijo de José el carpintero?” (Lucas 4: 22 y Mateo 13:55). Y a tal grado llegó su ira que estaban listos para matar a Cristo y despeñarlo (Lucas 4:30).

CONCLUSIÓN

Dios nos da continuas oportunidades de mejorar nuestras actitudes, de vivir la humildad, de corregir nuestros errores. Para ello envía a nuestros hermanos a reprendernos (Mateo 8:15); por difícil que sea, Dios nos pide que vivamos la humildad reconociendo nuestros defectos y estando dispuestos a enmendarlos.

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Jesús nos invita a no alejar a Dios de nuestra vida, para ello nos pide que seamos capaces de reconocer nuestros errores y defectos para reajustar o corregir el rumbo. No son los fracasos o pecados los que nos alejan de Dios, sino la soberbia que se levanta como una barrera entre nuestro corazón y Dios. Está en nuestra mano el destruir ese muro y aceptar la palabra de Cristo.

© Miguel Angel Prado. Todos los derechos reservados.

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Acerca Miguel Angel Prado

Fiel seguidor de Jesucristo y amante de la palabra de Dios.

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