Una cosa tengo que decirte

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Lucas 7:36–50

«…Y vi. los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras…» Apocalipsis 20:12

Evidentemente estas palabras escritas por Juan nos muestran una gran verdad, la verdad de que todos compareceremos ante Dios para ser juzgados, no para salvación, puesto que más adelante se dice que el que no fue encontrado su nombre en el libro de la vida es el que será lanzado al lago de fuego.

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El énfasis que quiero poner en este versículo es que todos tenemos una historia (y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en el libro.)

Hebreos 4:13 – Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta

Romanos 14:12 – De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismo.

Nuestra vida es irrepetible, no hay otra que viva las mismas vivencias, las mismas circunstancias, los mismos dolores y alegrías. Cada momento que nosotros vivimos, son personales, e irrepetibles. Decisiones que tomamos sean buenas o malas, no las podemos regresar, heridas que nosotros mismos nos causamos, como la decisión de casarnos con la persona equivocada o por los motivos equivocados, ser infieles a nuestros cónyuges, de ser fornicarios, ladrones, idolatras o avaros. Etc. Son pecados que nos lastiman, algunas heridas tan viejas y rancias, provocadas por nuestra debilidad.

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Heridas que otros nos provocan, violaciones, abusos sexuales y físicos, maltratos emocionales y verbales, golpes o vejaciones, castigos injustificados por nuestros padres o maestros, burlas de amigos por una aparente deformación física, o característica de nuestro cuerpo o forma de hablar. El hombre trae pecado dentro de si, las heridas que otros nos producen o que nosotros mismos nos producimos, son heridas que muchas veces no han sanado, y que en algunos casos nosotros mismos no dejamos sanar, las mantenemos abiertas, no las atendemos como debería de ser, las convertimos en llagas, al no querer perdonar a los demás y a nosotros mismos.

1. El reconocimiento de Jesús, como quien perdona pecados. Vv.7:39

2. La misericordia. De Jesús. 7:47

A. SE LO OFRECE A UNA PECADORA. LA FE: «TÚ FE TE HA SALVADO» (7,50).

El cristianismo esta basado en una fe razonada y no ciega, es evidente que Jesús nos puede perdonar, por quien es, en alguna ocasión Jesús se encontró con un hombre, quien le pedía que sanara a su hijo, «Señor ten misericordia de nosotros», Jesús le respondió, al que cree, todo le es posible, el hombre contesto, Creo, ayuda a mi incredulidad» en otras palabras Señor quiero creer, quita mis dudas. Hay ocasiones que nos cuesta trabajo, creer en el perdón de Dios, nuestros sentimiento y nuestras carnes nos culpan de aquello que hicimos mal, y que nos hirió e hirió a otras personas. Nuestro pecado nos enferma y nos llaga, nos mantiene con heridas abiertas cuando nuestro Dios ya las curo.

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B. LA DEFIENDE DE LA SEVERIDAD DEL FARISEO.

Con sincera y tierna franqueza, el Señor le mostró a Simón su falta de amor. Aquella mujer pecadora le había limpiado sus pies; Simón no lo había hecho, aunque era la costumbre de su día hacia el visitante. Ella besó los pies del Señor profusamente; Simón había olvidado darle el beso en la mejilla, costumbre oriental de bienvenida. Ella le había vertido perfume en sus pies; Simón le había dado lugar a la crítica mental.

Jesús no está diciendo que Simón no ha pecado mucho—él está diciendo que Simón orgullosamente piensa que no necesita perdón.

Él está diciendo: «tú falta de cortesía básica muestra que no me amas. Y la razón por la cual no me amas es porque tú piensas que no necesitas el perdón que yo ofrezco.» El orgullo de Simón ha torcido ambas interpretaciones de las acciones de la mujer y su evaluación de quién es Jesús. Por lo tanto, sus pretensiones de superioridad moral es un pecado mucho mayor porque enceguece a la gente para no ver la verdad.

C. LA ACOGE CON UN GESTO DE AMOR. ¿A PERDONADO USTED CON ANTICIPACIÓN?

La misericordia: «quedan perdonados» (7,47); Jesús sabía que habría ese encuentro con esa mujer pecadora, no esquivo, el encuentro por no verse comprometido, lo busco. ¿Ha buscado usted a alguien que lo haya ofendido, a dado la oportunidad a alguien que quiere su perdón pero le cuesta trabajo enfrentarlo? Puede ser sumamente difícil acoger a alguien que nos ha dañado, podríamos poner el dedo sobre la llaga y mostrar amor, a esa personan que mas nos ha dañado, a quien indujo a mi marido a la infidelidad, aceptaría invitarla a sentarse junto a usted, a aceptarla en su mesa, que difícil hacer esto. Esto es lo que Jesús le está diciendo a la mujer: «te declaro completamente perdonada de todas las horribles cosas que has hecho en contra de las demás personas y de Dios.»

A esto se refiere Jesús en 7:34,35 cuando insistió en que su amistad con los pecadores era la sabiduría de Dios, y que los hijos de esta sabiduría daban testimonio o era comprobada por la vida cambiada de los pecadores que respondían a él. ¿Cómo se sentiría si una mujer pecadora, prostituta entrara aquí y se sentara en la primera banca? ¿Incómodo? ¿Nervioso? Necesitamos estar incómodos a veces para aprender grandes lecciones, ¡Cuántas lecciones Jesús enseñó de circunstancias incómodas!

D. LA CONFIANZA QUE DEJA EN ELLA SU PERDÓN. «VETE EN PAZ»

Veamos un poco cual pudiera haber sido la vida d e esta mujer. Indudablemente no había tenido paz.

A Dios no le interesa tanto lo que hemos sido, sino lo que podemos llegar a ser.

¿Cuánto vale el perdón? ¿Y tú? ¿Qué te motiva dar al Señor? ¿Cómo respondes? ¿Respondes proporcionalmente a lo que haz recibido?

Si pusiéramos en balanza, el que Dios nos perdone como nosotros hemos perdonado, le quedaríamos debiendo.

Cuando lleguemos allá no daremos gracias por la eternidad porque nos ayudó a conseguir un empleo, porque un día respondió a una petición y no sanó. Por más importante que esto sea, en el cielo, en la eternidad daremos gracias a él solo por una cosa: el perdón, la salvación, y la habilitación de vivir vidas santificadas. El resto palidecerá en comparación. Todo lo que damos o no damos a Dios va siempre en proporción directa a la experiencia que hemos tenido con Cristo. Nuestros actos o nuestra falta de dadivosidad van en medida directa de lo que reconocemos y sentimos haber recibido de él.

Acerca Juan Benítez Pérez

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