¿Cómo Vemos las Cosas?

Cuando guardamos la Palabra de Dios, cuando somos fieles, cuando somos obedientes, seremos bendecidos en toda circunstancia o situación.

Las apariencias no son de importancia, no importa que pueda ser algo que nos luzca desagradable o nos cause una pequeña incomodidad, estemos donde estemos, pase lo que pase, Dios enviara una bendición. Dios no se olvida de Su pueblo, Dios no dejara de derramar bendiciones sobre nosotros mientras nos mantengamos firmes.

Dios no dejara de derramar bendiciones sobre nosotros mientras nos mantengamos fiel a Su Palabra. La triste realidad es que muchos de nosotros regresamos y permanecemos vagando perdidos en el desierto, pero nosotros no estamos llamados a caminar perdidos en el desierto, nosotros estamos llamados a caminar hacia la cruz, (Marcos 8:34).

La razón principal es que no nos mantenemos fiel; no hemos aprendido a escuchar Su voz, o simplemente no queremos hacer caso a lo que se nos dice. En otras palabras, somos desobedientes. La desobediencia yo diría que es uno de los problemas más grande que sufre la iglesia hoy en día.

La desobediencia causa que caigamos nuevamente en la esclavitud de este mundo, la desobediencia causa que no veamos las bendiciones que Dios nos envía.

La desobediencia causa que solo veamos lo negativo. Este pueblo no recibió las bendiciones de Dios de inmediato porque solo vieron la oposición, vieron los gigantes que habitaban en la tierra y se atemorizaron, (Vers. 33).

Sé que muchos están pensando que en nuestras vidas no existen gigantes, sé que muchos están pensando que hoy en día no habitan gigantes en esta tierra, pero la realidad del caso es que si existen números gigantes que como iglesia tenemos que enfrentar. Primero que todo preguntémonos, ¿qué es un gigante?

Un gigante es todo aquello que nos separa de la voluntad de Dios. Un gigante es todo aquello que trata de apartarnos del camino que Él nos ha enseñado. Un gigante es todo aquello que se para entre nosotros y los planes de Dios para nosotros. Un gigante es todo aquello que aparenta ser mucho más grande y poderoso que nosotros, más grande que nuestro deseo de servir a Dios.

Un gigante es todo aquello que es mucho más fuerte que nuestras habilidades y que no podemos enfrentar a solas. Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor, solo tenemos que analizar nuestras vidas y encontraremos que si existen muchos gigantes habitando donde no deberían habitar. La pregunta que nos debemos hacer es ¿qué gigante enfrentamos nosotros hoy en día?

El primer gigante que enfrenta la iglesia hoy en día es el gigante de la duda e incredulidad. Si nos ponemos a pensar en lo que aconteció en este caso veremos que esto fue exactamente lo que sucedió con el pueblo de Israel y sucede con nosotros.

Cuando estos hombres fueron enviados a reconocer la tierra, ellos no fueron enviados para ver si esta era la tierra o no, Dios sabia que esta era la tierra que Él tenía para este pueblo. Dios sabía que Él les daría la victoria sobre toda oposición, pero ellos dudaron, ellos no creyeron en la Palabra de Dios. Solamente hubo uno de ellos que dijo «Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos«.

Solamente Caleb creyó sin dudar que Dios les entregaría la victoria.

Muchos de nosotros hacemos tal como ese pueblo, muchos de nosotros al vernos confrontados con problemas o situaciones, al vernos cara a cara con esos gigantes que vienen a robarnos la paz que Dios nos ha dado, simplemente dudamos de Su poder.

Pero hermanos la realidad del caso es que estos gigantes no existen para robarnos la paz, Dios permite que estos gigantes existan para glorificarse a través de ellos (Santiago 1:2-4). Podemos dudar las promesas de Dios para nuestras vidas, podemos dudar que seremos bendecidos, pero cuando hagamos esto recordemos lo que le sucedió a este pueblo.

Por causa de su duda estuvieron perdidos en el desierto por cuarenta años.

Recordemos siempre que el dudar o no creer no nos permitirá ver la grandeza de nuestro Dios y aumentara nuestras propias debilidades. El dudar o no creer nos conducirá nuevamente al desierto.

El segundo gigante que enfrentamos como iglesia es el temor. En el caso de este pueblo, el temor de las ciudades fortificadas, el temor de los habitantes, el temor de los gigantes fue mucho mayor que la promesa de Dios. Este pueblo se vio como «langostas», se vio mucho inferior a ellos, se vieron insignificantes.

Nosotros en muchas ocasiones hacemos igual, en vez de ver los problemas o situaciones como insignificantes en los ojos de Dios, vemos los problemas y situaciones como gigantes que nos causan temor. Lo que sucede es que nosotros medimos los obstáculos contra nuestra propia fuerza y habilidad, en vez de concentrarnos en el poder de nuestro Dios.

Estos hombres llegaron a ver la tierra prometida, la tierra que fluía con leche y miel como la «tierra que traga a sus moradores«. Esto es una gran diferencia ¿verdad? Pero el temor causa esto mismo, el temor causa que veamos las cosas completamente opuestas a lo que son.

El temor causa que no veamos las bendiciones. Hermanos, el temor no es de Dios (2 Timoteo 1:7).

Tenemos que reconocerle por lo que es, un gigante que quiere alejarnos de Dios. Un gigante que quiere robarse las bendiciones que Él tiene para nosotros. Un gigante que quiere desterrarnos y enviarnos a andar nuevamente en el desierto. Pero Dios nos libero y no podemos permitir ser desterrados (Éxodo 13:14).

Para concluir. Les pregunto, ¿cómo vemos las cosas? Cuándo miramos y examinamos nuestras vidas, ¿vemos a los gigantes o vemos el poder de Dios? Cuándo miramos hacia nuestros futuros, ¿estamos en camino hacia la tierra prometida o estamos en camino al desierto?

No podemos permitir que seamos guiados en dirección contraria a Dios. Fuimos liberados de la esclavitud, (Éxodo 14:13-14), recibimos el regalo más grande que podíamos recibir, recibimos la vida eterna en Cristo Jesús.

Fuimos escogidos por Dios para servirle, y debemos tener siempre en mente todos esos años que pasamos perdidos en el desierto del mundo, el sufrimiento, los dolores, esa carga tan pesada que una ves teníamos.

Tenemos que acordarnos que Dios y solo Dios nos dio descanso, alivio nuestras penas. Hermanos, no podemos permitirle al demonio que nos desvié de nuestro caminar.

En este mundo tendremos que enfrentarnos a gigantes, tendremos que confrontar situaciones difíciles, pero siempre debemos recordar que Dios así lo permite para refinarnos y probar cuan fuerte es nuestra fe.

El pueblo de Dios en ese entonces tuvo a Moisés, quien fue un gran hombre de Dios, pero nosotros tenemos a Cristo, le tenemos a Él que nunca nos abandona, que siempre esta dispuesto a estrechar Sus manos y guiarnos en toda situación.

Predicado: 9 de Diciembre del 2001

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

Acerca Pastor Hernández

José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Pastor Hernández y su esposa son ciudadanos de los Estados Unidos de América.

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