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Viviendo para agradar a Dios

A medida que rindes tu vida delante de Dios y vivís para agradarle a El sacrificas todo con el fin de conocerle más… Es nuestro deber el anhelar conocer más a Dios.. Dios no se esconde de nosotros, solo debemos de estar dispuesto a dejar todo con el fin de estar otra vez para, así como ADAN en el Huerto conocer y disfrutar de la compañía de nuestro Dios.

3. Somos fortalecidos en medios de las pruebas. (Job 42.5)

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De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos.

a) Cuando agradamos a Dios sin importar los momentos difíciles dependemos de Él. El libro de Job es un claro ejemplo de esto; el mismo Job le dice a su mujer, recibiremos las cosas buenas de Dios, pero no las malas… (Job 2.10)

Esta respuesta en medio de momentos tan difíciles que estaba viviendo se dan solo cuando alguien aprende a confiar en el Señor, descansar en El y vivir para alegrar el corazón del Padre; aun en medio de las mayores pruebas el corazón se mantiene dispuesto a alegrar el corazón de Dios.

b) Cuando vivimos para agradar a Dios entendemos que los momentos difíciles sirven para perfeccionarnos.

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LA HISTORIA DE LA TAZA Y EL ALFARERO

Una pareja solía viajar a Inglaterra y comprar en una hermosa tienda de antigüedades. Este viaje celebraba su 25 aniversario de bodas. A ambos les gustaban las antigüedades y los objetos de arcilla, en especial las tazas de té. Notando una taza excepcional, preguntaron: ¿Pudiéramos ver esa? Nunca hemos visto una tan hermosa.

Mientras que la señora se las pasaba, de repente la taza de té habló: Ustedes no entienden, dijo. “No siempre fui una taza de té. Hubo un tiempo en que solo era un pedazo de arcilla roja. Mi maestro me tomó y me amasó, me golpeó y me dio palmaditas, una y otra vez, hasta que grité: ¡No hagas eso. No me gusta! Déjame en paz”. Pero él tan solo se sonrió y suavemente me dijo: “¡Todavía no!”

“Entonces, ¡WHAM! Fui colocada en una rueda giratoria y de repente comencé a dar vueltas y vueltas y vueltas. ¡Detente! ¡Me estoy mareando! ¡Me voy a enfermar!” Pero el maestro tan solo asintió y dijo quedamente: ‘Todavía no’. Mi siguió dando vueltas y me hizo agujeros y me dobló y volvió a doblarme a su gusto y entonces… ¡me puso en el horno! Nunca había sentido tanto calor. Grité y golpeé la puerta con fuerza. ¡Ayúdenme! ¡Sáquenme de aquí! Podía verlo a través de la apertura y podía leer sus labios mientras meneaba su cabeza. “Todavía no”.

“Cuando pensaba que no podría soportar otro minuto, se abrió la puerta. Cuidadosamente me sacó y me puso en la mesa y comencé a enfriarme. ¡Oh, eso se sentía tan bien! Esto está mucho mejor de lo que pensé. Pero, tras de enfriarme, me tomó y me pasó la brocha pintándome por todos lados. Los vapores eran horribles. Pensé que me iba a ahogar. “¡Oh, por favor, détente, détente!” grité. Él sólo movió su cabeza y dijo: “Todavía no”.

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“Entonces, de repente, me puso nuevamente en el horno. Sólo que no fue como la primera vez. Esta vez estuvo el doble de caliente y simplemente supe que me iba a sofocar. Rogué, grité, lloré. Estaba convencida de que nunca lo lograría. Estaba lista a rendirme. Justo entonces se abrió la puerta y me sacó de nuevo y me puso en la mesa en donde me enfrié y esperé… y esperé, preguntándome qué era lo próximos que me iba a hacer. Una hora más tarde, me pasó un espejo. Me dijo: “Mírate”. Y lo hice.

Dije: “Esa no soy yo; no puedo ser yo. Es hermosa. ¡Soy hermosa!” Suavemente habló: “Quiero que recuerdes. Sé que dolió ser golpeada y rodada, pero si te hubiera dejado sola, te hubieras secado. Sé que te mareaste al dar vueltas en la rueda, pero si lo hubiera detenido, te habrías derrumbado. Sé que te dolió cuando estabas caliente e incómoda en el horno, pero si no te hubiese puesto allí, te hubieras rajado.

Sé que los vapores eran malos cuando terminé de pintarte y te puse allí, pero si no lo hubiese hecho, nunca te hubieses endurecido. No hubieras tenido color alguno en tu vida. Si no te hubiera puesto por segunda vez en el horno, no hubieras sobrevivido mucho porque tu dureza no habría durado. ¡Ahora eres un producto terminado! Ahora eres lo que tenía en mente cuando comencé contigo”.

Moraleja: Dios sabe lo que está haciendo (a cada uno de nosotros). Él es el alfarero y nosotros somos Su arcilla. Él nos moldea y nos hace, nos expone a suficientes presiones del tipo adecuado para que podamos convertirnos en la pieza de arte perfecta que cumpla Su voluntad buena, agradable y perfecta.

Conclusión:

La voluntad de Dios es que vivamos para agradarle, exaltarle, alegrar su corazón. Para esto debemos de dar fruto, conocerle mejor y a través de eso Él nos fortalece para los momentos difíciles que nos hacen más fuertes y agradables para el Padre.

© Aron Pérez

Acerca Arón Pérez

Esposo, padre de 4....Pastor de la Iglesia del Nazareno Piedras Blancas en Montevideo- Uruguay

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Un comentario

  1. Hay momentos que empiezo a dudar de Dios y no quiero, es como una batalla contra mi mente y no se como ganar oro y pido a Dios ayuda pero siento eso aveces, luego hay momentos donde mi fe esta muy alta

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