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En la mesa del Señor

Texto: Salmo 23

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.”

Introducción:

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Todo comienza con una declaración, una confesión de fe y el Amén de Dios.

“Jehová es mi pastor, nada me faltará”. Esta es la declaración que nos enseña la Palabra de Dios, para que nada nos falte, aún cuando la realidad nos diga otra cosa. Para que se haga realidad, el Señor nos lleva por distintos lugares.

El primer lugar donde el Señor nos lleva es éste:

“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”.

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Los delicados pastos es el lugar más apetecido por las ovejas, allí hay descanso y refrigerio. Esto ocurre cuando conocemos al Señor, ÉL es nuestro descanso. Llegamos a ÉL enfermos, y nos sana, llegamos con nuestro matrimonio destruido y lo restaura, llegamos a ÉL cesantes y nos provee de un trabajo, llegamos heridos del alma y nos da sanidad a nuestra alma, llegamos cautivos y nos libera. Es tan maravillosa la obra del Señor en nuestras vidas, que lo único que queremos hacer es bendecirle, alabarle y amarle por siempre, quisiéramos que el culto nunca acabara porque nos gozamos en su presencia, PERO ÉL no quiere que nos quedemos ahí.

Entonces nos lleva a un segundo lugar:

“Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”.

Las sendas de Justicia a las que el Señor nos quiere llevar, es el camino de Santidad que debemos recorrer para que el nombre de nuestro Dios sea glorificado.

Por amor de su nombre, es una expresión sublime, pues lo más grande que Dios tiene es su propio nombre. Cuando le prometió a Abraham tierra y descendencia, quiso confirmar su promesa con juramento, pero como no encontró nada más grande que EL, juró por su propio nombre. Por eso dice que no dará por inocente al que tomare su nombre en vano. Por eso el Señor Jesús nos enseñó a orar “Santificado sea tu nombre”. Por amor de su nombre, EL nos quiere guiar por sendas de justicia. “Sed santos porque yo soy santo”. Ser santos es difícil si lo intentamos nosotros mismos, pues Él mismo dijo “separados de mi nada podéis hace”, pero “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” y “ya no vivo yo, sino Cristo vive en mi”, por lo tanto las sendas de justicia podremos pasarlas victoriosos, si dejamos que Cristo haga su voluntad en nosotros, adorándole y fortaleciéndonos en Él, seremos más que victoriosos.

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El tercer lugar donde el Señor nos quiere llevar es:

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.

En tiempos de David, el valle sombrío traía muerte, cuando se oscurecía era muy peligroso andar en los campos, pues los depredadores estaban al acecho, leones y serpientes estaban dispuestos a devorar al hombre. Asaltantes, cuatreros, delincuentes, asesinos y ladrones se aprovechaban de la oscuridad para robarle a los hombres. El valle de sombra de muerte representa para nosotros la adversidad, las pruebas, cuando no todo anda bien, cuando la enfermedad y los problemas nos atacan, cuando nuestra fe es puesta a prueba, ahí debemos confesar “tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Recordemos la experiencia de Daniel en el foso de los leones, Dios cerró la boca de los leones para protección de Daniel.

El cuarto lugar donde el Señor nos lleva es: LA MESA DEL SEÑOR

“Aderezas mesa delante de mi en presencia de mis angustiadores, unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.”

En la mesa del Señor podemos visualizar tres elementos:

1. PROVISIÓN.

“Aderezas mesa delante de mi…” Es el Señor Jesucristo que nos invita a su mesa, Él es el anfitrión, Él es el que pone la provisión. Notemos que “provisión” es una palabra compuesta: PRO–VISION. Es decir, es el Señor el que pone los recursos cuando nosotros tenemos una visión. Debemos planificar con visión de Dios, Él pondrá a nuestra disposición los recursos para alcanzar esa visión.

2. HONRA (Reconocimiento).

“En presencia de mis angustiadores”. Dios se encargará de mostrarnos victoriosos, ante aquellos que se opusieron o no creyeron en nuestro ministerio. Recordemos que “Dios honra a los que le honran”. “Él nos recompensará en público”.

3. UNCIÓN.

“Unges mi cabeza…” La unción, es la manifestación gloriosa de su poder. Señales, prodigios y milagros respaldarán nuestro ministerio, cuando hayamos alcanzado este maravilloso lugar: La mesa del Señor.

Finalmente podremos declarar:

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la Casa de Jehová moraré por largos días”.

Acerca Guillermo Hinojosa

Desde 1978 sirvo al Señor. Le conocí en la hermosa ciudad de Valparaíso - Chile. EL me ha dado la oportunidad de predicar su Palabra en Argentina, México, Estados Unidos y Chile. Actualmente soy profesor de Teología en el Instituto Bíblico de Las Asambleas de Dios en Valparaíso - Chile.

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