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Cristianismo, no fanatismo religioso

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El fanatismo, de acuerdo a la R.A.E, se aplica a alguien que defiende en forma desmedida y apasionada creencias u opiniones, esta hablado de quien defiende enceguecidamente y sin razonar algo.

Lo que resulta incorrecto es lo desmedido de las acciones y la ceguera de sus razonamientos, pues estas son lo que  llevan a estas personas a agredir directa o indirectamente a quienes no piensan como ellos, ni aceptan otras perspectivas frente a una situación discutible.

Y por lo general se observan estas actitudes apasionadas en temas religiosos o políticos, donde cada uno busca tener la razón de manera dogmática, sin escuchar las opiniones de los demás, y dejándose llevar por prejuicios sin fundamento en vez de analizar todas las propuestas del tema.

Los cristianos podemos aportar todo lo espiritual que contiene nuestra fe, basados y centrados en Jesucristo y su Palabra como un libro que apuntala y afirma los valores, demandando integridad, sensibilidad y entrega para el débil y el que sufre, promoviendo la superación y educación, pero combatiendo el fanatismo, ya que para nosotros la Biblia no es un libro de mandamientos con la intención de complicarnos la vida.

Leamos la Palabra de Dios en Zacarías 7:9-12 “Así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano. Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

Hay que entender que existe una gran diferencia entre vivir una vida cristiana llena de mandamientos, y vivir una vida llena de los valores que esos mandamientos apuntalan, de manera que los mandamientos sirven a los valores y no los valores a los mandamientos.

En el verdadero cristianismo, los mandamientos bíblicos tienen el propósito de conducirnos a vivir con valores para trasmitir a quienes no tienen la luz de Cristo, y no a estancarnos en una vida llena de mandamientos y leyes que el hombre remarca y que nos hacen apartar de los necesitados en vez de acercarnos más a ellos.

La persona religiosa sacrifica los valores en su vida y vive una vida llena de mandamientos, pero sin dejarse gobernar por valores, sin expresar en la práctica el cristianismo que dice profesar, y que es lo que el Señor nos pide.

Mientras que el cristiano verdadero, sabe que los mandamientos lo llevan a cubrirse de valores en lo cotidiano, entendiendo cómo examinar las historias bíblicas para rescatar la verdadera lección que nos ha dejado el Señor, dejándose conducir a fin de reproducir los valores que Dios trata de exaltar a través de dichas historias.

El fanatismo religioso se manifiesta como una exaltación desmedida a una idea, o a convicciones consideradas como absolutas y que hay que imponerlas a los demás por cualquier medio, lo que los lleva a volverse terco, intolerante y agresivo, rígido e incapaz de diálogo, con una visión distorsionada de la realidad bíblica, teniendo la idea de que todo el que no comparte sus ideas esta contra él, por lo que el fanático siempre busca escusas para atacar a los que no piensen como él.

Cuando alguien lleva una vida de religiosidad y fanatismo sin entender el verdadero cristianismo, al final, este fanatismo y religiosidad lo llevan a mantener una vida que en vez de ser atractiva para la gente que no conoce a Cristo, les resulta tan chocante que prefieren alejarse de ella, y es porque presentan a un Jesús que demanda entrega en pago de su sacrificio en la cruz.

El fanático en realidad tiene dudas pues no está seguro de “sus verdades” y necesita reafirmarlas intentando imponerlas a los demás, no viendo como el enemigo le hace decir y hacer lo que ellos creen hacen por propia voluntad, no siendo capaz de admitir las pruebas de algo para preferir sus cuentos para justificarse, creyendo que solo existe una forma de pensar, que es la suya, pues la verdad única y absoluta le pertenece, siendo capaz de justificar la muerte de los que tengan ideas contrarias a las suyas.

Lo lamentable de estos fanáticos religiosos es que no solo ponen en riesgo, o pierden la salvación, sino que al mismo tiempo que destruyen vidas de inocentes que se dejan llevar, o aceptan como verdaderos sus razonamientos, llegando a extremos como la masacre en Guayana o a cometer suicidio colectivo.

Muchos fracasos espirituales se deben a no estar arraigado en los fundamentos de la doctrina, pues, como dijo el Apóstol:

“… todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección” Hebreos 5:156:1

En tanto que la mayoría de los fanáticos no están lo suficientemente capacitados para contener a las almas que necesitan ser asistidas, y esto es porque desconocen los fundamentos esenciales de la doctrina, olvidando que el apóstol le dice a Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” 1 Timoteo 4:16.

Un buen cristiano pide mas perdón, y perdona, más de lo que hace o da, y lucha cada día contra la vida carnal para no pecar, aunque Cristo mismo nos dice que somos pecadores por naturaleza por lo que pide que nos arrepintamos y sigamos Su Palabra ya que es el camino de la salvación, a pesar de que seguramente encontraremos piedras que tratarán de impedirnos el avance.

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica” 1 Corintios 3:10, estas palabras del Apóstol destacan sobre todas las cosas la soberanía de Dios, doctrina que nos cuesta aceptar como principio para nuestras vidas y como condición necesaria para que cada creyente sea edificado, y a su vez, sea un edificador enteramente apto en la iglesia del Señor, y nos cuesta aceptar porque significa dejar de ser nosotros para que sea Cristo en nosotros quien gobierne nuestros pensamientos y acciones.

Y un arquitecto necesita orden y capacidad de discernimiento, condiciones necesarias para desarrollar la respuesta adecuada, para lo cual elige con los que va a trabajar y desecha otros, no porque no sirven, sino porque no son útiles a ese proyecto, es por esto que somos parte de un mismo cuerpo, el de Cristo, pero no somos todos brazos, ni todos piernas, sino que cada uno cumple una función determinada conforme a su voluntad.

Debemos entender que de nada vale conocer toda la Biblia o recitarla de memoria si no hemos sido capacitados por el Espíritu para que con discernimiento podamos edificar una estructura de fe sobre el fundamento de su doctrina, y conforme al espíritu de la Palabra de Dios, por lo que el apóstol les dice a los Gálatas:

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” Gálatas 1:6-8.

Así que, hermanos, si tenemos la convicción de que somos salvos por gracia, debemos asumir la obligación de saber que el Señor nos ha convocado “para que anunciemos las virtudes de aquel, que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable”, y la única forma de hacerlo es predicando el verdadero evangelio, por lo tanto, escudriñemos entonces su Palabra y hablemos solamente Su verdad.

El verdadero evangelio es el que anunciaron los profetas, el que predicó el Señor y sobre el cual echó sus cimientos la iglesia apostólica, es el que una cantidad de hermanos predican a medias porque no lo conocen con profundidad, por lo que nuestra posición debe ser la del apóstol cuando dijo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” Hechos 5:29.

Por lo tanto, predispongamos nuestro corazón y entreguémonos a la sana meditación de su Palabra, con espíritu de humildad, recordando lo que éramos, pobres e indignos pecadores que un día fuimos movidos al arrepentimiento y salvos por gracia; y que estando imposibilitados por nuestras propias limitaciones de conocer los misterios de su gracia, nos ha sido concedido el privilegio de poder disfrutarlos.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca Luis Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos; llegué a los pies de Cristo en el año 1996.

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