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Tu motor en acción

Predicas Cristianas

La motivación personal es la que te lleva a trabajar tanto en lo secular como en la obra de Dios, pues cuando no tenemos claro el motivo de nuestras actividades caemos fácilmente en el desinterés.

Si buscamos en lo más profundo de nuestro corazón, y encontramos que nuestras metas no se encuentran en las cosas materiales, sino que se encuentran en nuestro amor por el Señor estaríamos realmente buscando el reino de Dios y Su justicia como nos pide Mateo 6:33.

Entendamos que la motivación personal es todo lo que nos mueve como un motor para ponernos en acción y hacer la voluntad de Dios a través del desarrollo de nuestro talento, don, o ministerio.

Nuestra mente es poderosa y puede llevarnos a diferentes estados emocionales que nos hacen estar un día en el suelo o en el tercer cielo de un momento a otro, por lo que solo es cuestión de tener en mente el motivo por el cual hacemos las cosas, de decir, una motivación clara, para lo que es necesario estar sólidamente parado sobre la roca que es Cristo.

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En el trabajo podríamos pensar que lo hacemos para cumplir con nuestras obligaciones y así recibir un salario que nos permita adquirir todos los bienes que deseamos, pero como cristiano sabemos que el dinero no es todo pues las cosas materiales van y vienen, por lo tanto, “no os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” Mateo 6:19-21.

Leamos la Palabra de Dios en Marcos 16:14-20 “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén”.

La actitud correcta no solo es trazar metas positivas en lo personal, sino que también es lo que nos motiva a mantenernos en la construcción de hábitos que nos ayuden a alcanzar esas metas, lo que es diferente a establecer una rutina, ya que los hábitos son fruto de una disciplina para tener un resultado, mientras que la rutina es el resultado de costumbre inconscientes, lo que quiere decir que nuestra lectura de la Palabra de Dios, nuestra oración, y nuestras actividades en Dios no deben ser fruto de una rutina sino de los buenos hábitos que nos relacionan íntimamente con Dios; de manera que mientras mantengamos la actitud correcta hacia nuestro ministerio nos mantendremos motivados para lograr lo que conscientemente queremos, y que debe ser glorificar a Dios con nuestro servicio.

Ahora sabemos que lo más importante de la motivación es la acción, pues si bien es importante tener claro lo que queremos, enfocarse de más en los deseos y en la planificación puede llevarnos a perdernos en una burocracia que terminará por destruir el proceso.

Tengamos entonces en cuenta que si nuestra causa no alcanza suficiente nivel de acción, la motivación seguramente se desvanecerá y terminaremos bajando los brazos de nuestro ministerio.

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Las razones de mejorar su situación financiera, social, o física, del hombre sin Cristo se reduce al enfoque personal, es decir, al yo,¿cómo puedo mejorar yo?; en el caso de los cristianos, desde el momento que el yo se convierte en el enfoque de la superación personal, debemos prestar seria atención a lo que esto significa.

Pocos creyentes se dan cuenta del avance de enseñanzas anti-bíblicas dentro de algunas iglesias, hasta podríamos decir que estamos en los días del cumplimiento de la profecía, por lo que “también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” 2 Timoteo 3:1-5, tal como el Apóstol Pablo advierte a Timoteo.

Y por esta razón debemos tener cuidado cuando nos dicen que todos nos odiamos y que debemos aprender a amarnos nosotros mismos como Jesús dijo, y deberíamos estar más alertas ya que “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” Mateo 22:37-40

Y si no tuviéramos amor propio, Jesús nunca hubiera dicho de amar a tu prójimo como a ti mismo, “porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” Efesios 5:29-30.

La Biblia declara que el corazón del hombre no es bueno ya que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9, “porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” Marcos 7:21-23, y “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Romanos 3:23, lo que describe la naturaleza pecaminosa del hombre, donde no hay nada que se pueda hacer para mejorarla.

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Solamente Dios puede hacerlo, pero no lo hace usando métodos humanos, y ahí está el secreto de la superación bíblica personal, aunque es un secreto para aquellos que han perdido la visión de lo que la Biblia enseña.

Existen dos situaciones que indican claramente la mejor y la peor condición del yo en nuestras vidas: El convertido, aquel que está más interesado en las cosas y el servicio a Dios, incluyendo satisfacer las necesidades de otros de manera desinteresada.

Y por otra parte está el egoísta mundano que no tiene buenas cualidades pues no tiene consideración para otras personas y está interesado solamente por su propio bienestar, lucro o placer.

De acuerdo al mundo en que vivimos actualmente, el cual ha sido bastante influenciado por las enseñanzas egoístas, el yo no es bueno por naturaleza, teniendo además defectos y fallas debido a influencias externas; y debemos saber que las terapias psicológicas no pueden hacer nada para cambiar la naturaleza de la humanidad, sin embargo, lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.

Si consideramos que el amarse a uno mismo antes de amar a Dios y a otros es la preferencia natural de la humanidad, y la consecuencia de eso se puede asociar con casi todas nuestros problemas, entonces ¿cómo Dios puede cambiar nuestra naturaleza y mejorarnos a nosotros mismos?, bueno, eso pasa solamente si uno acepta a Jesús para logra la salvación que solamente Él  puede otorgar a toda la humanidad.

Eso significa estar reconciliado con Él, admitiendo nuestra naturaleza pecaminosa y aceptando el sacrificio que hizo Cristo como pago por nuestros pecados y aceptarlo solamente por fe, con solamente confiar en Jesús por habernos salvado de la pena que merecen nuestros pecados, y ese es el evangelio, y la única forma en que la humanidad puede ser salva.

La persona que pone su confianza en Jesús se convierte en una nueva criatura, “de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” 2 Corintios 5:17-18 y ya no está bajo la esclavitud del pecado.

Y la primera instrucción de Dios para una vida bendecida y fructífera es darse cuenta que de la misma manera que la persona no podría haberse salvado por sí misma,  así también la persona no puede mejorar su vida por sí misma, y aunque la nueva vida del creyente lo ha liberado de la esclavitud del pecado, el creyente todavía tiene su preferencia por sí mismo, y eso es un campo de batalla para cada creyente en Cristo.

Sin embargo, a todos aquellos que han entregado su vida al Señor, Él les provee a través de Su Palabra y por el Espíritu Santo todo lo que necesitamos para ser victoriosos en la batalla contra la carne y hacer lo que agrada a Dios, al contrario del mundo que induce a amar, glorificar y hasta endiosar a ellos mismos.

Por lo que Jesús “decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9:23, donde negarse a uno mismo no es negar la existencia propia, sino el reconocimiento que aunque  el yo que estaba en rebelión en contra de Dios siga teniendo la capacidad de tomar decisiones para el bien o para el mal, está ahora habilitado para elegir vivir en el deseo de agradar al Señor.

Todos conocemos alguna persona que con muchas limitaciones y mil problemas logra objetivos extraordinarios en Dios y construye una vida llena de frutos.

Como también conocemos a muchos que quisieron muchas cosas en Dios y fracasaron, uno de los principales factores que llevaron al primero al éxito fue su actitud, el motivarse, y poner en marcha el motor de la acción; mientras que lo que hizo fracasar a tantos es el haber puesto al yo antes que al Señor

Para lograr algo importante debemos comenzar con la perspectiva correcta, y utilizarla como la fuente de motivación personal que definirá nuestras acciones para lograrlo; tienes un motor, quizás hoy está detenido, pero el Señor te invita a ponerlo en marcha; la decisión está en ti, tú decides arrancar tu motor o dejarlo detenido aunque sabes que nada importante lograrás de esta manera.

Ora al Señor, deja que el Espíritu Santo te motive, te llene el tanque de gasolina, está todo dispuesto para que comiences el camino correcto, pero tú debes tomar la decisión de arrancar.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca Luis Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos; llegué a los pies de Cristo en el año 1996.

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Un comentario

  1. Pastor Felipe Garcia Castellanos

    Muy bien Luis, su mensaje sobre la motivacion ma ha servido de mucho apoyo, Dios le siga usando.

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