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¿Cuanto de tu amor das al Señor?

Predicas Cristianas

¿Cuanto de tu amor das al Señor?; Él lo ha dado todo por ti, se ha entregado en sacrificio para que seas libre de pecados y te buscó para que tengas vida eterna; ¡¡Y tu……..!! cuanto has hecho por Él, cuanto de tu amor has entregado para la extensión de su obra.

Leamos la Palabra de Dios en Juan 3:16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” y en Proverbios 24:12Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, y dará al hombre según sus obras”.

En este día, con la navidad a punto de llegar, quisiera que reflexionemos respecto del amor que Dios derramó sobre toda la humanidad, al punto de entregar a su unigénito Hijo en rescate por esa humanidad; Dios entregó a su único Hijo, Jesús, por una humanidad que en parte ha recibido la luz necesaria para valorar este sacrificio, y en parte lo rechaza, lo desconoce o simplemente lo ignora.

Es Dios quien entrega a la humanidad toda el remedio perfecto para sus males, nos entrega el remedio y nos dice la forma en que debemos tomarlo; cada uno de nosotros sabemos que para que un remedio haga efecto debemos tomarlo en la dosis necesaria y no basta con solamente mantenerlo en el botiquín, y el Señor nos dice que este remedio milagroso se toma mediante la fe, el remedio de Dios es efectivo solamente en quienes creen con una fe viva, “Según Dios” (2 Corintios 7:9), es esta la fe que produce cambios de mentalidad y de actitudes en las personas, es la que produce verdaderas conversiones.

La serpiente de bronce, Números 21:4-9, no curaba en forma automática, sanaba a quienes levantaban su mirada a ella, pero creyendo en su corazón que tenía el poder para hacerlo y además lo hacían con el anhelo de ser curado de su mal; Dios habló siempre a su pueblo de la necesidad de creer, de poner nuestra mirada en Él, “el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2), para ser sanados en cuerpo, alma y espíritu, resultando Jesús el único médico que brinda garantía al garantizarnos vida eterna, “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay mas” (Isaías 45:22).

El amor de Dios por el hombre es tan grande que entregó a su Hijo en redención por todos, aunque lo cierto sea que no todos gozarán de este beneficio sino solamente aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios y le reciben en el corazón como su Señor y Salvador personal.

Debemos verdaderamente nacer de nuevo para tener fe, solamente quien resucita espiritualmente puede creer y levantar su mirada para clamar a la cruz; solamente quien ha despertado a la nueva vida en Cristo puede ver la realidad, solamente ha quien le ha caído la venda puede ver y valorar el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.

Jesús, el Hijo de Dios, vino a este mundo para ofrecer salvación; Jesús se hizo hombre para dar, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10), y es así que dio su vida en sacrificio por ti y por mi, lo dio todo sin pedir nada a cambio ya que “La dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

¿Cuantas veces has escuchado de los principios de la siembra y la cosecha?, ¿cuantas veces te dijeron que debías sembrar y has dudado de hacerlo por temor a no cosechar?

Pero Jesús vino y sembró, sembró su vida y sembró su amor, Él no duda y coloca su semilla sabiendo que a su tiempo cosechará, y Él te dice: “No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde” (Filipenses 4:17).

Debemos entender que somos nosotros quienes necesitamos del Señor, debemos tener claro que no le estamos haciendo ningún favor al congregarnos sino que esto debe resultarnos una imperiosa necesidad; Jesús te lo dio todo y en este tiempo quiere ver los frutos, el Señor quiere ver los cambios que has hecho en tu vida, Él tiene sus ojos puestos en ti para ver lo que tu estás sembrando; si el Señor te preguntara en esta tarde: ¿Qué semilla estás colocando?, ¡Cuánto de ti estás sembrando?, ¿Es amor verdadero, es amor de Dios lo que siembras?; ante estas preguntas, ¡Qué le respondería?.

Es tiempo de reflexionar si existe una relación razonable entre lo mucho que Jesús nos dio y nos da cada día, con lo que nosotros damos y hacemos por Él y para su obra; Jesús lo da todo, y tu ¿Cuánto das de ti?, recuerda que “La dádiva del hombre le ensancha el camino” (Proverbios 18:16).

Si quieres transitar por un camino espacioso sobre el cual puedas esquivar las luchas y problemas sin salirte de él, acá tienes la solución, entrégate enteramente a Cristo, deja que sea Él quien verdaderamente gobierne tu vida.

El Señor te ha demostrado con hechos, a través de su sacrificio en la cruz, que te ama, y tu ¿Le muestras con hechos tu amor por Él?, ¿Has cambiado tu vida por amor a Él?, ¿Estás sirviendo en su obra por amor a Él?; o es que solamente elevas a Él palabras vanas que salen de tu boca y no del corazón; te has preguntado si asistes a la iglesia por compromiso, por costumbre, por carga u obligación, o es que verdaderamente quieres darle tu amor al Señor; debes recordar que si no amas en verdad al Señor y su obra, en vano es tu sacrificio pues en su Palabra nos dice “Cada uno de cómo propuso en su corazón: No con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).

No quisiera que se confundan, estoy hablando del sacrificio de dar o de hacer algo a disgusto, sin ganas o por simple compromiso; dijimos que Dios ama al dador alegre, ama a aquél que sabe sacrificar sus tiempos y deseos personales por la obra del Señor, esto es dar con sacrificio, pero con sacrificio como lo hizo Jesús, pensando en los demás, escapando al engaño y al egoísmo que el mundo ha impuesto en este tiempo como forma normal de vida; el sacrificio es la base de la Palabra de Dios, 2 Corintios 8:9.

Él ve el sacrificio que tu haces por el evangelio y lo valora conforme a la actitud con que lo haces, “Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15:10), el Señor busca consagración y no cristianos cómodos que no están nunca dispuestos a sacrificar sus deseos, sus visitas o simplemente no están dispuestos a dejar la televisión o la comodidad de su casa por asistir a la iglesia y servir a la obra del Señor.

Vivimos en la gracia del Señor y debemos aprender a darnos por gracia, no por ley ni por obligación sino por gracia, “Por tanto, como en todo abundáis; en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor . . . . . . . abundad también en esta gracia” (2 Corintios 8:7)

Nos dice el apóstol que no perdamos esto en lo cual también debemos ser imitadores de Cristo, Efesios 5:1-2; la gracia es la clave, no podrás entender la dimensión ni el sacrificio de Cristo si no vives la gracia de dar por gracia tu sacrificio para el servicio del evangelio; la gracia la escribe en nuestro corazón el Espíritu Santo y obra por fe en el sacrificio de la cruz.

Miren, lo dejemos claro: La manera correcta de entregarte y servirle a Cristo es darte por gracia, (no por ley, necesidad u obligación), recibida a través de Jesús, de la cruz, por fe y obrada por amor a Jesús.

El creer, la fe, se demuestra con acciones, fe sin acciones es fe muerta; por fe nos entregamos al señor y por esa misma fe nos damos, y nos damos antes de recibir, “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medía, os volverán a medir” (Lucas 6:38); nuestra primera acción es entregar, pues “Mas bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35); es dar, y determinamos entonces cuanto, establecemos la relación entre lo que Dios nos dio en el sacrificio de Cristo y la medida en que cada uno de nosotros nos brindamos para su obra de salvación.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2)

Ofrecernos en sacrificio vivo es lo que debemos hacer, ponernos totalmente y sin reservas a disposición de Dios para su servicio y de esta forma conocer la voluntad de dios para nuestras vidas; si en verdad amas al Señor y comprendes todo lo que hizo por ti en la cruz, entrégate cada día más al Señor y para su obra pues “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

La palabra de Dios nos dice que no nos engañemos pues allí estaremos siendo sometidos por el demonio ya que éste es quien usa este arma, “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9)

Cierra tus oídos a palabras engañosas que te dicen que servir en la obra de Dios de nada sirve, cierra tus oídos a quienes te dicen que no des al Señor parte de tu vida sino que es mejor disfrutar los placeres del mundo.

Quienes hablan de esta forma es porque les falta conocimiento, desconocen las leyes de siembra y cosecha de Dios cuando Él dice que el grano se siembra, germina y da fruto según su naturaleza, Génesis 1:12; hay muchas personas, muchos cristianos que no están satisfechos con la cosecha recibida o dicen no haber recibido cosecha alguna, si quieres certificar que tu cosecha es correcta en calidad y cantidad, simplemente debes recordar la semilla que sembraste para darte cuenta que el Señor no te ha mentido o engañado.

Te digo algo, son muy escasas las semillas de las cuales puedes recoger fruto inmediatamente después de sembrarlas, y te nombro dos de ellas: “Una sonrisa y el amor de Jesús”, y puedes probarlo sonríe a tu hermano ahora y recibirás de inmediato una sonrisa en respuesta; siembra del amor de Cristo en las personas que te rodean y recibirás una enorme cosecha de ese mismo amor, siembra tu vida y tu trabajo en la obra del Señor para recibir fruto abundante de vida eterna; recuerda, nada de lo que haces para Dios es en vano, Él te sabrá recompensar y “Producirá al ciento; a sesenta, y a treinta por uno” (Mateo 13:23).

CONCLUSIÓN: .

La Escritura, en Gálatas 6:7 nos dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso mismo segará

No podemos engañar a Dios, no podemos decirle que le amamos si no somos capaces de sacrificarnos por su obra; no podemos disfrazar una semilla por mucho tiempo pues al crecer la planta veremos en verdad de qué se trata.

Podemos decirle muchas cosas bonitas al Señor y aparentar en gran manera ante nuestros pastores y hermanos, pero al brotar la semilla se conocerá la verdad, “Por sus frutos los conoceréis; ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?. Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:16-17).

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca Luis Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos; llegué a los pies de Cristo en el año 1996.

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Un comentario

  1. Muy buena la predicacion saludos desde venezuela, de donde es usted saludos y bendiciones para su familia y congregacion

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