El incomparable nacimiento

La Biblia dice que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado. El pecado debe ser expiado, y expiado con sangre derramada. Dios como espíritu no tiene sangre. El gran “yo soy” no puede morir. El eterno no puede sangrar. Así tenemos que, por cuanto la salvación fue perdida por un hombre, y con ello el dominio, así también el hombre debe ser redimido por un hombre.

Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Pero no todo hombre podía hacer esto. Tenía que ser un hombre perfecto, sin pecados e inocente. Todos somos hijos de Adán y Eva por nacimiento, pero ninguno está calificado para morir por otro (Romanos 5:12) ¿Hay alguno de los que estamos aquí que nos atreveríamos a decir que nunca hemos pecado?

Tome en cuenta esto, si el Señor hubiera nacido como uno de nosotros, él sería un hijo de Adán y como tal hubiera sido pecador. Así que esto le imposibilitaría ser inocente, y por supuesto salvarnos. La respuesta de Dios para salvarnos es un hombre, pero un hombre sin pecados. Un hombre perfecto. El Dios hombre. El Señor Jesucristo.

c. La naturaleza humana y divina a la vez.

Esto es lo que debemos saber respecto a este ser que estaba en el vientre de María: él tenía una vida separada de la madre. Lo que se ha descubierto es que la herencia sanguínea no está determinada por la madre, sino por el padre. Por lo tanto la sangre que tuvo el bebé Jesús no fue la José, sino la de Dios. Mendel, el hombre que trabajo en los códigos genéticos en el asunto del ADN, ha dicho: “Cada uno de nosotros es la suma excesiva o dominante de características de sus dos progenitores, esto es: papá y mamá.

Todo lo que había en su papá y en su mamá está en usted. Esas características pudieran ser recesivas o dominantes, todas están allí”. Pero vea el asunto del nacimiento virginal. Supóngase que los padres de Jesús hubieran sido dioses, su naturaleza sería solo de Dios, pero carente de humanidad, así Jesús no podía salvarnos.

Ahora suponga que los padres de Jesús hubieran sido solo humanos, entonces él habría heredado las características de su padre y de su madre, siendo un pecador como cualquier otro hijo de Adán; así tampoco nos salvaría. Pero ahora sabemos que su padre es verdaderamente Dios y su madre es verdaderamente humana; entonces, ¿quién es él?

Es Dios encarnado. No es mitad Dios y mitad hombre. Él es el Hijo del Hombre e Hijo de Dios. El vino como el Hijo del Hombre, para que nosotros podamos ser hechos hijos e hijas de Dios. Este es la razón del nacimiento virginal.

III. EL NACIMIENTO DE JESÚS ES INCOMPARABLE PORQUE NOS REVELÓ  AL DIOS INCOMPARABLE

a. Tal padre tal hijo (Lucas 1:30)

Ahora como Hijo de Dios, él comparte la naturaleza del Padre. ¿Quién es este bebé nacido de una virgen? ¿A quién se pareció Jesús? ¿A María o a José? Él se parece a Dios, porque él mismo es Dios. Muchos no aceptan esto. Los mormones piensan que Jesús es un dios, pero no el Dios verdadero.

Los Testigos de Jehová consideran que él es una creación de Dios.  Los musulmanes dicen que Jesús fue un gran profeta puesto en comparación a Mahoma, su propio profeta. Y así usted va y le  preguntar a la ciencia la respuesta será que Jesús  fue un hombre dotado con una inteligencia fuera de la lógica humana.

Pero mire lo que dice Hebreos 1:8: “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino”. Jesús es el hijo terrenal del Padre celestial, pero a su vez es el Hijo celestial de una madre terrenal. Ese bebé acostado en el pesebre, envuelto en un pañal, con sus piecitos tocando la paja, es el poderoso Dios del Génesis 1:1 y de Juan 1:1. Jesús no comenzó con María en Belén, él existió desde siempre con el Padre eterno. Así, pues, mientras los evangelios de Mateo y Lucas nos hablan del nacimiento en la carne, Juan nos dirá que él ya era el principio.

b. Un Mesías divino.

Se dice que toda niña adolescente judía abrigaba la esperanza de que su vientre fuera el instrumento por medio del cual vendría el Mesías prometido. Esto lo sabía muy bien María. Ella había sido instruida sobre las características del Mesías, entre las que se destacaba su carácter de guerrero conquistador.

Sin embargo ahora está escuchando algo que no se le había dicho. El hijo de sus entrañas tiene otras características. Sería llamado “Hijo del Altísimo”. El hijo tendría una naturaleza humana y divina a la vez. Por lo tanto, él era el Hijo de Dios. En el vientre virginal de María, Dios, por medio del Espíritu Santo, estaba dando a luz la parte humana de la segunda persona de la Trinidad, nuestro Señor Jesucristo.

Cuando María escuchó toda esta revelación prorrumpió en el más excelso cántico que aparezca en las Escrituras. Pero, ¿qué más le dijo el ángel? Le dijo que el niño sería “grande”. Iba a recibir de parte de su Padre “el trono de David” de donde venía la línea mesiánica.

Pero además el reinado de ese niño no era parecido al de los reyes de Israel, cuya referencia más notoria era el reinado de David, sino que “reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. María recordaría a muchas madres que concibieron a reyes que al final murieron, pero ella sería la única que pariría a uno que ya era eterno. El bebé de Belén sería el Mesías. Pero sería un Mesías divino. Sería “Emanuel”.

CONCLUSIÓN:

El predicador londines, Henry Morhouse, contó una historia de unos hombres que fueron al zoológico de Londres y decidieron hacer una apuesta para ver cuántas ratas podía matar un perro Terrier en determinado tiempo.

Las apuestas las hicieron en la misma forma que otros las hacían para las peleas de gallo, de caballo o de perros galgos. Tomaron, pues, a un perro y lo metieron en una jaula con 25 ratas furiosas, matando unas cuantas pero no lo suficiente. El amo perdió su dinero y le dio una paliza al perro, lanzándolo cerca de la jaula de un león, para que lo devorara.

El viejo león se acercó y miró al pobre perro pisoteado y sangrante. Lo olfateó, lo mimó. Entonces puso sus garras sobre él como protegiéndolo y luego miró al hombre que había hecho eso. El león vio todo y estaba furioso que esto le hubiera pasado a esta criatura.

En ese momento se apareció el cuidador del zoológico, y de acuerdo Henry Morhouse, dijo: “¿Quién hizo esto? ¿Quién tiró a ese perro en la jaula?”. El amo confesó que lo hizo porque estaba furioso, pero le dijo que por favor se lo devolviera. El cuidador actuó como si no lo hubiera escuchado. Y el hombre se volvió agresivo, y le exigía que le devolviera su perro.

Entonces el cuidador le dijo: “Así que quiere su perrito. Pues bien, voy a abrir la jaula y entonces usted puede ir a buscarlo”. El evangelista hizo esta aplicación. “Yo estaba también así, golpeado, molido y herido por Satanás y el pecado, hasta que el León de Judá nació de un vientre virginal para ser mi salvador”. Este es el mensaje de la Navidad. ¿No es extraordinario que tengamos tan maravilloso salvador?  Aquel incomparable bebé, ahora es el adorable redentor. ¿Lo es de usted?

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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