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Como ovejas sin pastor

b. Jesús nos demuestra que hay que enseñarle a la gente (vers. 34b).

La esencia del evangelio consiste en predicarlo y enseñarlo. Observe que Jesús hacía ambas cosas. Su enseñanza era en la sinagoga, como un buen judío. Pero la predicación era en todas partes. Sus enseñanzas han sido magistrales. Nadie las ha podido superar.

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El método de las parábolas, por ejemplo, no tiene parangón alguno en ningún tipo de literatura. ¿Ha leído bien la parábola del Buen Samaritano o la del Hijo Pródigo? Todos sus seguidores terminaban diciendo: “Jamás hombre alguno ha hablado como éste”.

Las enseñanzas y la predicación de Jesús cambian los corazones. Los religiosos de su tiempo solo tenían y aplicaban el Antiguo Testamento, de quien habían hecho toda una tradición de los ancianos. Esto era más importante que la esencia de la palabra.

Cuando Cristo vino le dio el sentido exacto a la ley, diciendo, por ejemplo: “Oísteis que fue dicho: No matarás… pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio…” (Mt. 5:22). Las ovejas descarriadas necesitan que se les predique y se les enseña lo que ya Cristo hizo. Nos toca a nosotros ahora seguir la tarea.

c. Jesús nos demuestra que hay que sanar a la gente (vers. 34c).

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La profecía concerniente al programa que Jesús vino a traer, decía: “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón…” (Lc. 4:28). El ministerio de Jesús fue y es de sanidad. Lamentablemente cuando nos referimos a esto lo primero que viene a nuestra mente son las llamadas “campañas de sanidades divinas”.

La verdad es que en la Biblia no encontramos nada esto como si fuera la esencia del evangelio. Sin embargo, si sabemos que nuestro buen Señor dedicó una buena parte de su ministerio a sanar a muchos enfermos y a poner en libertad a tantos cautivos, sobre todo aquellos poseídos por demonios. Y esto debe ser lo que nosotros entendamos de él y también lo prediquemos.

Hay hombres y mujeres quebrantados de corazón que esperan ser sanados. Muchos pudieran estar atrapados en una vida llena de culpa y de gran angustia, sea por una condición emocional, sentimental, familiar o económica. El mensaje para ellos es el mismo. Jesús tiene el poder de sanar todo corazón enfermo y cualquier otra parte del cuerpo. Somos llamados para hacer esta tarea también.

III. LA VISIÓN DE JESÚS POR LAS MULTITUDES PLANTEA EL MÁS URGENTE LLAMADO

a. Hay una cosecha que espera por segadores (vers. 37b).

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La visión que Jesús obtuvo de las multitudes lo llevó a afirmar que “la mies es mucha”. Lo que se oye con cierta frecuencia de algunos agricultores es que el mal tiempo no permitió ninguna cosecha. Y también oímos a menudo que las cosechas se pierden porque no hay trabajadores que la cosechen.

En el contexto espiritual Jesús, al ver las multitudes, puso delante de sus discípulos la realidad de una cosecha que podía estar a punto de perderse también. Lo primero que Jesús destaca es que la “mies es mucha”. Se dice que para los tiempos del Nuevo Testamento la población mundial llegaba a 150 millones. Hoy somos 7 mil millones. La mies ahora es más grande.

El asunto es que la cosecha debe ser recogida porque si no se pierde. Hay cosechas que tienen el tiempo exacto para ser colectadas. Qué gran responsabilidad le ha dado el Señor a la iglesia. Nadie más podrá recoger esta cosecha sino nosotros. Este es un trabajo nuestro.

El trabajo de los ángeles será al final. Por ahora esta cosecha depende de todos nosotros para ser buscada. Observe cómo está esa cosecha: Desamparados y dispersos. Quién irá dice la canción.

b. Esta cosecha no tiene muchos segadores (vers. 37).

Hay verdades muy fuertes en este texto. Por un lado, Jesús reconoce que la cosecha de almas no cuenta con mucha gente para recogerla. Es como si él dijera: “Las cosechas del campo tienen listos sus obreros para recogerlas; de hecho, ellos esperan con ansias por recogerla, pero la gran cosecha de las almas, la más importante de todas, no tiene muchos obreros para que la recojan”.

Mis hermanos, la verdad es que no somos dados al trabajo evangelístico. En la iglesia podemos estar listos para hacer muchas cosas, pero no estamos prestos para ser ganadores de almas. Esta es la tarea donde más fallamos. El asunto es que si no salen los obreros a trabajar la cosecha se perderá.

¿Ha pensado usted en lo que esto significa? Esta es la verdad que debe estremecernos. Cada vez que dejamos de cosechar esta generación poblamos más al infierno. Es aquí donde surge la necesidad de este pasaje que cada uno de nosotros tenga compasión por el perdido.

El temor al rechazo, al fracaso y a la crítica ha paralizado a los segadores. Pero mis amados, el trabajo que cuenta para el cielo es la recolección de esta cosecha.

c. Hay que orar para Dios traiga más segadores (vers. 38).

Jesús puso las cosas en el lugar correcto. El dueño de la mies no es satanás, hay un dueño de esa mies y se llama Dios. Nadie es más dueño del hombre sino su creador. Satanás trabaja para que esta cosecha se pierda para siempre.

Jesús nos hace el llamado para que la recojamos. Esta oración debe ser la que más se haga en las iglesias. Me temo que muy pocas veces oramos por lo que Jesús nos ha pedido. Esta es la oración que más debiera envolvernos. Cada miembro de una iglesia tiene que ser un obrero para esa mies. La oración en este sentido debería ser, en efecto, “Señor envía obreros a la mies, pero que yo sea parte de ese grupo”.

Esta generación necesita ser cosechada y los obreros no vendrán del cielo, tienen que salir de nosotros. Esto significa que cada creyente debiera tener las herramientas para ir a esa cosecha. Jesús nos plantea la necesidad de rogar al Señor la mies que sea él quien envíe estos obreros.

Tenemos que pedir los obreros. Dios conoce a los obreros y al pedírselos a él la cosecha estará segura. La visión de Jesús contempló una gran cosecha y una gran necesidad de ser recogida. ¿Dónde están los obreros que irán a recoger lo que otro sembró? ¿Quién dirá “heme aquí” Señor?

CONCLUSIÓN:

El profeta Ezequiel, hablando de las ovejas sin pastor, porque no tenían compasión de ellas, sino que las abandonaban, dice: “…No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. 5 Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. 6 Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas…” (Ez. 34:4-6).

Cuando Jesús ha dicho que “la mies es mucha” seguramente tenía esta visión del profeta. Ese cuadro tan desolador de las multitudes llevó a Jesús a tener compasión de ellas, considerándolas como una cosecha que debe ser recogida.

Pero, ¿quién recogerá es cosecha? No serán los ángeles. Somos nosotros los responsables. Nosotros somos los “obreros”. ¿Se acuerda cuál fue el obrero que Dios envió para salvarlo? Pues haga usted lo mismo. A la cosecha de almas no vendrán “inmigrantes” a recogerlas. Somos nosotros.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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Un comentario

  1. Gran mensaje Dios le siga dando ese don para seguir compartiendo ,bendiciones Pastor

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