El amor en la familia

Queda muy claro que las familias están invitadas de manera permanente a adorar y alabar a Dios nuestro Señor, El es quien nos llena de bendiciones. Las familias adorarán a Jesús, quien nos ama tanto que dio su preciosa sangre para que pudiéramos ser salvos y nos reconciliáramos con el Padre. Las familias sanas y alegres alaban al Espíritu Santo, nuestro apoyo en tiempos difíciles, nuestro guardián permanente, nuestro guía.

No es necesario que esperemos que llegue la reunión dominical para alabar y adorar a Dios, las familias que están llenas de Fe promueven una adoración diaria y permanente cuando oran en conjunto, cuando dan gracias a Dios por sus bendiciones, cuando reconocen que Jesús es su Señor y Salvador, cuando hacen público su respeto por Dios y cuando se esfuerzan porque su vida familiar diaria, esté guiada por el Espíritu Santo y busque ser agradable a nuestro Señor.

Deuteronomio 6: 5-7, NVI

5 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas.6 Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.7 Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

• La familia cristiana también es la base de la Iglesia, la familia debe actuar como una pequeña Iglesia en donde se honre, se hable y se enseñe de Dios, de Jesucristo, del Espíritu Santo, de las Sagradas Escrituras.

Es en el seno familiar en donde se pueden aprender y entender más fácilmente las enseñanzas que Dios nos quiere transmitir cada día. En la célula familiar se pueden vivir cada día una cantidad enorme de experiencias que nos enseñen a amar, a perdonar, a respetar, a ser humildes, a ser pacientes, a ser amables, etc.

En la familia tenemos la oportunidad de poner en práctica todas las buenas cosas que Dios quiere que aprendamos, veamos los siguientes versículos.

Romanos 12:10, NVI

10 Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente.11 Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu.12 Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.13 Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad.14 Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan.15 Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran.16 Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. 17 No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.18 Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.

Efesios 6:1-4, NVI

1 Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo.2 «Honra a tu padre y a tu madre —que es el primer mandamiento con promesa—3 para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.» 4 Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor.

La familia es nuestra más importante escuela, en ella podemos ver con rapidez los resultados de nuestros actos, en la familia no queda nada oculto. Es posible que yo quiera aparentar ser una persona ejemplar ante el mundo, pero mi familia realmente sabe quien soy y como soy, entonces eso me va a obligar a ser congruente entre lo que digo y lo que hago.

La familia debe ser la principal evangelizadora con sus propios integrantes, unos a otros debemos de edificarnos y fortalecernos. En medio de la intimidad y seguridad que nos brinda el hogar podemos entregarnos por completo a Dios.

Ahora tengo una pregunta muy importante que hacerles, ¿qué elemento es necesario tener para que podamos dar cabal cumplimiento de lo que nos manda Dios?

Imaginen que nuestra vida es como un coche de carreras, estamos listos para correr el Gran Premio, la meta es llegar a estar frente a Dios, nuestro maravilloso Maestro e instructor es Jesucristo, nuestro fabuloso copiloto es el Espíritu Santo, tan solo nos falta el combustible que hará que avancemos con paso firme hacia nuestro preciado trofeo. ¿Cuál es ese combustible que alimenta nuestras vidas?

1 Corintios 13:4-8, NVI

4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.6 El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.

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