La limpieza del alma

“Apartarse” es el más grande y perentorio llamado que nos hace el Señor respecto al tema de la “limpieza del alma”. ¿Quiénes son los que deben apartarse de la iniquidad? No es por cierto el inconverso, pues él vive totalmente en ella. Entonces el que debe apartarse de iniquidad es todo aquel que “invoca el nombre del Señor”.

Cuando David cometió los dos pecados para los que no había sacrificios prescritos por la ley, y luego de ser perdonado y cubierto su pecado, pronunció uno de los grandes textos de la palabra, al decir: “Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de Iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño”. (Salmo 32:2).

La iniquidad afea el alma, destroza los más nobles anhelos, trae deshonra al nombre del Señor y hace envejecer los huesos, de acuerdo con la experiencia del mismo salmista (Salmo 32). Los verdaderos vasos del Señor deben apartarse de iniquidad para no ser aliado de aquel por quien vino este horrible pecado. Los que invocamos el nombre del Señor le debemos a él un profundo respecto. No apartarse de la iniquidad es declararse en rebelión contra su santo nombre.

III. LA LIMPIEZA ES NECESARIA POR CAUSA DEL USO QUE PRESTAMOS

a. Los utensilios para los usos honrosos (vers. 20ª).

Salomón fue un hombre que tuvo dos grandes riquezas: su sabiduría y sus bienes materiales. Sin duda que su vida palaciega excedía a todos los reyes de su época. Cuando se hace mención de los utensilios que había en su casa, resaltan los vasos de oro con los que sus sirvientes adornaban las mesas y con lo que le servían al rey.

Se dice que la plata para su tiempo no era tan valorada como el oro, por lo tanto, el oro que había en toda su casa denotaba la grandeza de su reino. Ahora nosotros somos los súbditos de un reino mayor que él de Salomón. Nosotros somos los vasos de esta Casa grande que es la iglesia del Señor, “columna y baluarte de la verdad”.

La tarea por excelencia de un hijo de Dios es traer honra a su nombre. Los instrumentos de oro y de plata de esa Casa grande representan la calidad, el prestigio, lo distinguido. Si los ángeles son los que traen siempre honra y honor en los cielos a su nombre, nosotros somos llamados para hacerlo en la tierra. Los vasos de oro representan aquellos ministerios que demandan el crecimiento del reino. El hecho de ver que hay vasos distintos es una forma de concebir a la iglesia del Señor en el uso de sus dones.

b. Los utensilios para los usos comunes (vers. 20b).

Aquí hay algo que debiera ser dicho. Al principio pudiéramos ver en el texto una especie de discriminación en el uso de los utensilios. Es cierto que algunos utensilios son usados para ocasiones especiales, pero los más comunes son los que más se usan.

Los vasos de barro como los de madera de igual manera sirven en la casa del Señor. Así que no se trata de que estos vasos no sirvan para nada, pues son ellos los que más usamos en nuestro uso cotidiano. Más bien hemos dicho, de acuerdo con lo que Pablo acota, que en esa Casa grande donde hay utensilios para usos honrosos y para usos viles, nosotros no nos prestamos para deshonrar al Rey que amamos y que servimos.

Por el contrario, si alguna vez nos prestáramos para eso porque seamos alcanzados por el pecado, que los vasos de honra con los que servimos al Señor sean fuentes para reprender al pecado mismo. Que así como el rey Belsasar (Daniel 5:1-6) fue reprendido por haber usado los vasos santos del santuario, para beber su vino con sus nobles, esposas y concubinas, así también nuestros vasos sean instrumento de juicio contra el pecado porque no nos prestaremos para usos viles, sino para honrar y servir al Señor.

IV. LA LIMPIEZA ES NECESARIA POR CAUSA DE LAS BUENAS OBRAS

a. La importancia de limpiar el alma (vers. 21ª).

“Si alguno se limpia” es la nota condicional del texto. Esto da por sentado que hay cosas que ensucian la vida. El contexto inmediato nos refiere a las discusiones sobre palabras (vers. 14). Al parecer nada contamina más el vaso de nuestras vidas que el uso desenfrenado que le damos a nuestras palabras. Creo que todos estamos de acuerdo que el creyente verdadero es delatado por sus palabras.

Los proverbios sentencian que en las muchas palabras no falta pecado. También que hay contaminación cuando no contralamos nuestra lengua. A Timoteo se le recomienda evitar profanas y vanas palabrerías porque las mismas conducen a la impiedad (vers. 16).

Las palabras de Himeno y Fileto eran comparadas con una gangrena que carcome la vida de los que así actúan. Todo esto trae impiedad al alma, y esto es lo que hay que evitar. Los vasos que Dios quiere usar deben ser vasos santos, por tal razón debemos esforzarnos en mantenerlos limpios. Que ningún pecado ensucie este vaso.

Quien busca limpiar siempre su alma será el mejor instrumento que Dios usará para sus mejores fines. Entre todos los hijos de Jacob, José fue quien decidió ser ese instrumento de honra. Al final Dios lo usó debido a su santidad.

b. Útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra (vers. 21b).

La razón por la que procuramos limpiar nuestras almas es para que ellas estén dispuestas para el Señor. En su metáfora acerca de la “Vid Verdadera” Jesús dejó claro la importancia de estar limpios para dar un mejor fruto (Juan 15:1-5). Dios nos salvó para que fuéramos útiles. ¿Es usted útil al Señor? ¿Por qué no es más útil? Surge acá otra pregunta: ¿por qué muchos cristianos no siempre están dispuestos? ¿Por qué tantos creyentes se sienten que no sirven para nada?

Bueno, es acá donde el tema de limpiar el alma cobra vigencia e importancia. Observe lo que Pablo nos dice al final del texto. Quien se limpia de todas estas cosas queda dispuesto para toda buena obra. Es un hecho que cuando en la vida cristiana hay impurezas, pecados que todavía dominan el carácter, en ese creyente hace falta disposición para “toda buena obra”.

Hay algunos que hacen buenas obras para ser vistos por los hombres. El creyente hace buenas obras como resultado de vivir limpiamente. Es claro, pues, que el objetivo más grande del creyente es limpiar su vaso para un mejor uso. ¿Cuál será, entonces, nuestra decisión hoy? ¿Qué clase de vaso seremos?

CONCLUSIÓN:

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7). Isaías 52:11 nos dice: “Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová”. Hagamos que nuestros vasos sean para usos honrosos. Permitamos al Espíritu Santo que haga de nuestros cuerpos verdaderos vasos que honren al Señor (Romanos 12:1-2).

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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