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Raiz de muchos males

Predicas Cristianas

Existe un espíritu destructor que se reproduce y crece porque el ser humano lo permite al establecerlo en su alma; es la amargura que crece bajo la superficie en su corazón, por lo que la mayoría de las veces no se ve hasta que ya ha minado y hecho mucho daño en la vida personal y en las buenas relaciones de la familia.

La palabra amargura viene de una palabra que significa punzar, por lo que revela el concepto de algo fuerte, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón, pero no se produce automáticamente cuando alguien nos ofende, sino que es una reacción a la ofensa o a una situación, donde si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le llevará a imaginar más ofensas acompañadas por autocompasión, enojo, resentimiento, rencor, venganza, envidia, y calumnias.

Resolver una de las enfermedades espirituales  más graves como es el resentimiento, resulta bastante complicado, pues quien guarda raíz de amargura se hace daño emocional y eso hace que vaya adquiriendo enfermedades físicas, y por otro lado su familia también resultara afectada además de cerrar el corazón a Dios interpretando equivocada y forzadamente la Palabra para justificar su posición.

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Leamos la palabra de Dios en Proverbios 28:13-14 “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Bienaventurado el hombre que siempre teme a Dios; Mas el que endurece su corazón caerá en el mal”.

Una raíz, en un vegetal sirve para fijarlo en el suelo y para absorber el alimento, por lo que, si la amargura es la planta, se alimenta por sus raíces que son las enemistades, los pleitos, celos, contiendas, envidias, hipocresías, venganzas, malos pensamientos, malos deseos, y en general todas las obras de la carne; las raíces de amargura son como un cáncer que trabaja poco a poco, muy silenciosamente, pero que de pronto se manifiesta cuando ya está muy avanzado.

Decimos que la amargura es la raíz de muchos males porque contamina a otros, y por eso Hebreos nos exhorta:

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15

Es que hablamos del pecado más contagioso, y si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia e impedirles que entiendan los verdaderos propósitos de Dios con ellos.

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El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado, pero no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima tapa cualquier sentimiento de culpa, por lo que este pecado de amargura es muy fácil de justificar; por otra parte, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida sino que los amigos le dicen: Tienes derecho… mira lo que te ha hecho, lo que les convence más de que están actuando correctamente; pero si alguien les dice: Estás amargado, y eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte, da la impresión de que al consejero le falta compasión.

A través de las predicas cristianas y estudios biblicos aprendemos que la amargura se manifiesta al hablar, pues el tema de conversación es siempre las ofensas y las heridas sufridas lo que produce deseos de venganza en contra de los causantes y responsables de la herida, y el proceso es: Se recibe una ofensa y no se perdona; al no perdonar, la ofensa se traduce en ira, la ira produce resentimiento, y el resentimiento da lugar a la amargura.

De manera que la raíz de amargura se detecta primeramente por lo que la persona dice, luego por sus actitudes y acciones, por lo que sí la amargura no la eliminamos, dará paso a la depresión, por eso es a través de las predicas cristianas y estudios biblicos aprendemos que la Biblia nos dice que debemos perdonar cuando hemos recibido una ofensa y no permitir que el sol se ponga sobre el enojo, por lo tanto:

“quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4:31-32.

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Al contaminarse con amargura se da lugar al diablo, una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada, por lo que Pablo nos manda a perdonar “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” 2 Corintios 2:1, ya que puede causar problemas físicos, aunque lo más grave es que dejen de alcanzar la gracia de Dios al tratar de vivir con recursos propios y no con la bendición de Dios.

A través de las predicas cristianas los pastores enseñamos que el espíritu de amargura hace que el cristiano pierda la óptica, y tome decisiones basadas en su amargura que no vienen de Dios, generalmente son legalistas, de manera que la persona ve, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo. Cuando hacemos estudios biblicos acerca de la vida de Job, encontramos que él en su amargura culpó a Dios de favorecer a los impíos diciéndole:

“¿Te parece bien que oprimas, Que deseches la obra de tus manos, Y que favorezcas los designios de los impíos?” Job 10:3, y llegó a aborrecerse a sí mismo diciendo: “Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo; Despreciaría mi vida” Job 9:21; o a dudar que estuviera con el preguntando: “¿Por qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación?” Job 10:1.

Lo grave es que el espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento, y Santiago lo confirma al decir:

“Si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” Santiago 3:14-15

Aquí Santiago habla de las actitudes más carnales pero que disfrazada de sabiduría puede atraer a muchos que caen engañados por sus palabras persuasivas que emplean para dividir el cuerpo de Cristo.

No es casualidad que Hebreos nos mande a mirar bien, pues a veces nos metemos en problemas por no mirar bien, ya que no es fácil encontrar la raíz de la amargura si se esconde detrás de una máscara.

Lamentablemente hay quienes cuestionan a Dios y a Su palabra, pero en su ignorancia no se dan cuenta que el resultado final es la depresión y amargura que provienen de distintas fuentes: La mala actitud y rebelión contra Dios que producen una  distorsión de la óptica cristiana muchas veces inconsciente, lo que hace que no se den cuenta que el origen de su amargura es su corazón cerrado contra Dios.

También se origina en las ofensas no perdonadas, por lo que Santiago 5:16 aconseja: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”, de donde concluimos que no arreglar las ofensas produce enfermedades; y el dejarse contaminar por personas  que están amargadas y desanimadas desilusionadas, que casi siempre son resentidos por el daño que les hicieron, pero que además no saben separar que el daño humano es diferente a que sea Dios quien lo haya hecho, lo que a su vez les causa rebelión contra Dios.

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A través de las predicas cristianas y estudios biblicos aprendemos que la raíz de amargura es una de las causas por la cual muchos creyentes están en miseria, enfermos, e incluso, apartados de la gracia del Señor; la amargura es más fuerte que la falta de perdón, ya que desarrolla raíces como: Ira, enojo y maledicencia, lo que la transforma en una puerta abierta para que los espíritus inmundos atormenten a la persona.

Dijimos que la amargura corta las bendiciones de la gracia, por eso debemos entender que cuando estamos amargados nos estamos haciendo un gran daño y le llevará a enfrentar problemas físicos, emocionales y sociales, pero además se lo estamos haciendo a otros al no tener paz, y cuando la amargura toma uno en la casa el resto llega a tener lo mismo, llegando a ser contaminada toda la familia cuando no se mata la raíz de amargura en alguno de sus miembros.

A través de las predicas cristianas y estudios biblicos aprendemos que para sanar la amargura, lo primero que el cristiano debe hacer es reconocer y confesar sus pecados y entregar su vida a Cristo, después, darle la oportunidad a Dios de sanar sus heridas, y por último   perdonar a quien ofendió y olvidar las ofensas como el Señor lo hace, “no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” Efesios 4:30.

“Así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová” Jeremías 15:19-20

Aquí el Señor nos está diciendo: Si miras lo bueno y lo precioso que yo voy a sacar de eso malo, tú saldrás de ese dolor; y aunque yo no te haya enviado este problema, yo puedo hacer algo precioso de esto para tu crecimiento, y convertir lo malo en una bendición.

Conclusión

Un cristiano nunca será sanado de un dolor, de una circunstancia difícil, de eso que le fue quitado, ni de esa herida que le hicieron, si no ve que de eso negativo Dios le traerá una bendición; nunca será sanado si no cree que Dios tiene el poder y la autoridad para bendecirlo a través de ese mal momento pasado.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca Luis Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos; llegué a los pies de Cristo en el año 1996.

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