Sufrimiento en primavera

2. Delante de los Trasquiladores (vers. 7d).

Esto formaba parte del ritual de la oveja antes de ser sacrificada. Había que quitarle la “ropa” antes de matarla. Ese acto tenía una gran simbología en la muerte de Cristo. Nuestro amado salvador fue despojado de sus ropas, sus amigos, su honor, su protección divina.

Nadie ha estado tan desnudo como Jesús en el Gólgota el Viernes Santo. Nadie ha sido tan despreciado de todo lo agradable y hermoso como lo fue Jesús. Nadie fue más avergonzado que el Señor cuando estuvo delante de sus “trasquiladores”.

La historia nos habla que le fue quitada su ropa como si se tratara de un vulgar ladrón; como cualquier otro hombre que iba a la cruz a pagar por sus crímenes, asaltos o violaciones. Desnudar al Verbo Divino antes de matarlo es una escena cruel, dantesca, solo apto para las mentes más depravadas y para los hombres más perversos que llenaban su corazón con la lujuria de ver a esos hombres gritando mientras ellos se gozaban en sacrificarlos.

Jesús se enfrentó al escarnio y a la vergüenza pública por amor a nosotros. A él le trasquilaron su ropa, como la piel de la oveja del edén para cubrir el pecado de Adán.

3. Cortado de la tierra de los vivientes (vers. 8).

La frase anterior nos dice que “por cárcel y por juicio fue cortado”. Cuando unimos toda la oración nos damos cuenta de que la muerte de Cristo no solo será la más violenta de todas, sino la más injusta de todas. Hay que destacar que Cristo fue arrestado y encarcelado la noche del Getsemaní.

Cuando fue presentado en la corte del sanedrín pusieron testigos falsos, lo cual ya hacía el juicio amañado y corrompido. En el juicio a Jesús se transgredieron todas las leyes que lo judíos celosamente guardaban.

Desde allí todos sus derechos fueron conculcados. Ahora su vida está en manos de los que desde el principio querían ejecutarle. Cayó en manos de “criminales religiosos” de los que en nombre de Dios ejecutarían al Hijo de Dios.

El sentido de esta declaración del profeta es que Cristo fue desgarrado de la tierra. Jesús fue cortado de en medio de los hombres como a alguien que no mereció nacer ni vivir. La muerte violenta a la que fue sometida revela el más encarnecido odio y el más grande menosprecio que se haya hecho a hombre alguno. La intención era que con la muerte que iba a sufrir nadie lo recordara. Pero ha sido por esa muerte por la que el mundo ahora le reconoce, lo ama y lo sigue.

III. ESTA PROFECÍA NOS REVELA LA ESPERANZA DEL ENTIERRO

1. Muerto en medio de dos impíos (vers. 9).

La Biblia nos dice que Jesús murió en medio de dos malhechores y en consecuencia iba a ser enterrado con los impíos. Jesús murió como un vil impío por tratarse del tipo de muerte al que fue expuesto. De los hombres de la Biblia, tales como Abraham, Moisés o David, se nos dicen que murieron en plena vejez y llenos de días.

En el caso de Jesús, a quien le fue cortada su vida muy joven porque murió a los 33 años, su muerte no fue placentera ni en buena vejez. Morir entre los impíos planteaba una ejecución sin el más acto de misericordia.

Es cierto que un soldado después reconoció que Jesús era el Hijo de Dios, pero previo a eso, los soldados que cumplieron la sentencia de Pilato veían a Jesús como otro malhechor. Bien se podía pensar que ellos estaban ejecutando a tres malhechores. Las manos de Jesús las verían como manos que habían robado.

Los pies de Jesús los clavarían para que pagara porque estaban manchados de sangre por algún crimen cometido. La burla y la tortura a la que fue sometida fue porque el sufrió el castigo de la muerte por ser contado entre los impíos. Aquel fue su más oscuro momento.

2. El camino a la esperanza (vers. 9b).

Volviendo a nuestro tema de la primavera, la muerte de Jesús fue una siembra de esperanza. De hecho, Jesús había dicho que, si “el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Juan 12-24).

El entierro de Jesús iba a traer muchos frutos, fue por eso por lo que si bien es cierto fue contado entre los impíos en su muerte y en su entierro, Dios tomaría a partir de allí el control total de lo que sería el propósito de la muerte cruenta del salvador.

Ciertamente Isaías profetizó el más cruento sufrimiento, pero a su vez profetizó el resplandor de la primavera. Cuando él dijo “mas con los ricos fue en su muerte” reveló que, si bien si bien es cierto que unos verdugos fueron los ejecutores, dos hombres: José de Arimatea, fue el encargado de tomar su cuerpo y ponerlo en una tumba especial que él mismo había preparado.

La semilla sería puesta en un terreno fértil para que diera fruto. El camino de la esperanza, la que originaría la resurrección al tercer día, comenzó allí. Si bien es cierto que la primavera fuera marchita con la sangre del salvador, ahora brotará la más grande alegría de la que se tenga conocimiento. Bendita sea la muerte de Cristo porque ha sido la más grande esperanza.

CONCLUSIÓN:

Un resumen de estos textos nos dirá que Jesús fue “angustiado”. La idea es que él fue perseguido incansablemente como un animal salvaje. “Oprimido”, así como los judíos fueron trataros con tanta crueldad por los capataces egipcios al obligarlos a hacer ladrillos, mientras los azotaban sin piedad. Cuando se dice que “no abrió su boca”, significa que no usó su legítima defensa.

Sufrió en silencio sin tener ningún amigo como lo tuvo Job. Pedro dice que cuando lo maldecían no profirió palabras de maldición (1 Pedro 2:23). Así como el cordero delante del verdugo, no hubo balidos. No dijo ni una palabra de protesta. Fue “cortado o arrebatado” de la tierra de los vivientes. La idea es que todo esto fue hecho a prisa.

Hubo una persecución judicial muy rápida que le llevó a una muerte prematura. Cuando el profeta habla que se “dispuso con los impíos su sepultura”, la idea es que Jesús sufriría la vergüenza de ser enterrado fuera de la parcela familiar. Los crucificados eran echados en un basurero y allí eran quemados. La palabra Gehema (infierno) nos viene de allí.

Pero, el cuerpo de Jesús no fue lanzado al basurero porque a partir de ese momento el Padre celestial se hizo cargo de él. Fue por eso por lo que un hombre rico preparó su tumba. Aquello fue el inicio de la real primavera.

Dios dejó que los hombres malos mataran a su Hijo en una cruz, cumpliéndose así la profecía, pero comenzó a exaltarlo desde su mismo entierro. Mis amados, Jesús pasó por una oscura primavera, para que nosotros ahora disfrutemos del perdón que trae el olor grato de su sufrimiento. Cristo murió por nosotros y ahora la primavera es alegre.

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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