Cristianos Tibios

Alguno podría preguntarse cómo es posible que esta iglesia fundada por los apóstoles –probablemente Pablo o Juan– estuviera en tan miserable condición espiritual. Habían perdido todo su entusiasmo, su fervor y todas sus cualidades espirituales. La respuesta a esa pregunta es dada en la carta enviada a la Iglesia de Laodicea. La condición espiritual de esta iglesia era deplorable porque había tomado su carácter del medio ambiente social y político de la ciudad donde estaba situada; en vez de tomarlo del Señor. La ciudad de Laodicea era una de las ciudades más ricas del mundo antiguo. Es frecuentemente mencionada en libros de historia y literatura debido a su enorme riqueza. Cuando la ciudad sufrió mucho daño después de un terremoto que hubo en el primer siglo, rehusó la ayuda que Roma le ofrecía y fue reconstruida totalmente con capital local. Materialmente, ellos no tenían necesidad de nada. Eran tan ricos que pensaban que no tenían ni siquiera necesidad de Dios; Vivían para el dinero. Las cosas terrenales habían usurpado en sus corazones el lugar que le pertenecía únicamente al Dios invisible y eterno. Las riquezas que habían ambicionado las habían obtenido, pero en su mundana prosperidad habían perdido toda su riqueza espiritual. Por eso eran tibios.

Haríamos bien en recordar que ese mismo peligro existe entre nosotros hoy. El materialismo es la única forma de vida que millones de norte-americanos conocen, y el peligro es que también se convierta en la única forma de vida para la Iglesia. Por eso es importante escuchar la admonición que la Biblia nos hace. “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el corazón en ellas” (Salmo 62:10). No nos olvidemos que la Iglesia de Laodicea se volvió espiritualmente miserable porque tomó su patrón de vida, del mundo y no de Jesucristo que es la cabeza de la Iglesia. Como muchas iglesias están haciendo lo mismo hoy, nosotros también necesitamos escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias. Recordemos que la tibieza es una condición espiritual repugnante para el Señor.

Pero Jesucristo que es el Médico de médicos y Doctor de doctores, no sólo nos deja con el diagnóstico, sino que también nos da la cura para este mal. Veamos cual es el remedio prescrito por el Señor: “Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” (3:18).

(1) Al decir oro les recuerda el interés que ellos tenían por las riquezas. Lo que Él quería que ellos supieran es que las riquezas materiales tienen muchas limitaciones. Por ejemplo: Nunca traen verdadera felicidad; No pueden curar la soledad; No pueden comprar genuinos amigos; Son absolutamente sin valor en la hora de la muerte. Al decir oro refinado en fuego, el Señor sin duda se refiere a “una fe viva y verdadera en Jesucristo. Es la única fe que puede pasar el fuego de la prueba y era lo que ellos realmente necesitaban para curar su pobreza espiritual.

(2) En vez de las prendas de lana que eran famosas en la ciudad, lo que realmente necesitaban vestir eran las verdaderas prendas que cubren la real desnudez del hombre, es decir, la desnudez de su pecado. Y estas vestiduras son, “La perfecta Justicia de Jesucristo”. El profeta Isaías dijo: “Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia”. Por eso es que la única vestidura que cubre la desnudez de nuestro pecado es la perfecta justicia de Jesucristo. Imputada en la Justificación, e impartida en la Santificación.

(3) La tercera cosa que Jesucristo les dijo que compraran de Él fue colirio para sus ojos. Laodicea era una ciudad famosa por sus descubrimientos médicos. Tenían ungüentos que podían ayudar a restaurar la falta de visión. Sin embargo, lo que los miembros de esta iglesia realmente necesitaban era el ungüento que abriera sus ojos a su condición espiritual. Ellos no sabían que eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (3:17). Por lo tanto, el ungüento que tenían que comprar de Cristo que les permitiera ver su verdadera condición espiritual era, la Persona del Espíritu Santo. Sólo Él podía traer convicción de pecado a sus corazones. Sólo Él podía capacitarlos para abandonar su obsesión por las riquezas. Y sólo Él podía convencerlos de su necesidad de Cristo.

Hoy podemos comprar de Cristo todas estas cosas:

(a) Oro refinado en fuego (una fe viva y verdadera en Jesucristo)

(b) Vestiduras blancas (la perfecta justicia de Jesucristo)

(c) Colirio para nuestros ojos (la persona del Espíritu Santo).

Con Dios no podemos hacer tratos ni convenios, lo único que Él acepta es la rendición total de nuestra voluntad. ¿Por qué? Porque es la única forma en que podemos ser curados de ese mal fatal que es nuestra tibieza espiritual. Si no tomamos la cura que Él nos ofrece, entonces moriremos. Isaías dijo: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura”.

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