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De los tales es el reino de Dios

III. Un niño ama incondicionalmente 

La tercera característica de un niño es que ama incondicionalmente.  Esta es una característica que yo he alcanzado ver con mucha frecuencia, y en ocasiones con mucho dolor.  Digo esto porque a lo largo de mi carrera secular, yo alcance ver cosas muy, pero muy desagradables, y en algunos de los casos eran cosas que incluían el abuso de niños.  Abusos físicos y mentales por sus mismos padres.

Pero lo más interesante de todo es que una vez que tomábamos acción, es decir cuando tomábamos custodia protectora del niño, la mayoría sino todos los niños se echaban a llorar, y sufrían porque no deseaban ser apartados de sus padres.  ¿Por qué sucede esto? 

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Esto es algo que sucede porque los niños aman incondicionalmente.  El amor del niño es mucho mayor que cualquier sufrimiento o aflicción. El amor de Dios para con nosotros es de la misma manera, y este mismo amor es el que Dios desea que todo cristiano sienta por Él.

Desde el inicio del mundo el hombre le ha faltado a Dios, desde el inicio del mundo el hombre ha puesto condiciones en su amor. ¡Gloria a Dios! que Él no lo hace como nosotros [5].  Aunque no somos perfectos, a pesar de que somos pecadores, Él nos ama dé tal manera que siempre está dispuesto a perdonar nuestras ofensas. 

Sin embargo, el hombre no obra de la misma manera.  Todos nosotros amamos, pero amamos condicionalmente.  Si no nos ofenden, amamos; si nos llevamos bien, amamos; si la situación no está muy difícil, amamos; si no se demanda mucho de nosotros, amamos; pero si estas condiciones no existen, protestamos.

Existen muchos cristianos que profesan amar a Dios, pero continúan en vidas de pecado.  Ahora pregunto, ¿podemos honestamente decir que amamos a alguien a quien herimos a diario?  La respuesta es ¡NO!  La respuesta es no porque cuando se ama realmente, el amor genuino nos conduce a nunca herir a esa persona. 

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Entonces, ¿cómo se puede decir que amamos a Dios si continuamos en una vida de pecado?, la realidad es que se puede decir, pero no es la verdad.  El amor incondicional es un amor que vence toda oposición, es un amor que no tiene límites ni barreras, es el amor que Dios busca de Su pueblo.  Él busca que le amemos en todo momento, Él busca que amemos Su obra, y Él busca que nos amemos los unos a los otros de la misma manera.

Para concluir.  La palabra de Dios nos dice: “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” 

Con esto aquí el Señor NO nos dice que nos mantengamos como niños, ya que en la niñez también existe la inocencia, y nosotros no estamos llamados a ser inocentes, sino sabios.  Y es por eso que tenemos que crecer, tenemos que madurar, tenemos que abrir nuestros ojos y ver dónde está el peligro, pero también tenemos que retener algunas de las características de los niños si queremos alcanzar ver la gloria de Dios en todo.

Tenemos que confiar implícitamente en nuestro Padre celestial, tener una fe inmovible.  Tenemos que estar dispuestos a aprender no obstante la situación.  Aprender de nuestros errores al igual de como nuestras buenas obras, aprender cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida, aprender el propósito de Dios para cada uno de nosotros.

Tenemos que amar incondicionalmente; es fácil amar cuando todo va bien, ¿verdad?  Pero, ¿amamos igual cuando las cosas no funcionan de la manera que queremos o pensamos debieran funcionar?  Esa pregunta se las dejo para que se la respondan a ustedes mismos.

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Recibamos pues el reino de Dios confiando en Él para todo, dispuestos a aprender, y más importante que todo, amando incondicionalmente.

[1] Génesis 48:14; Números 8:10; 27:18
[2] Hebreos 5:11-14
[3] Lucas 18:8
[4] Filipenses 4:13
[5] Juan 3:16
[6] Proverbios 3:13; Proverbios 3:35

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Jose Hernandez

Obispo José R. Hernández; educación cristiana: Maestría en Teología. El Obispo Hernández y su esposa nacieron en Cuba, y son ciudadanos de los Estados Unidos de América. El Obispo Hernández y su esposa conocieron a Jesucristo en el año 1994, se integraron a una iglesia cristiana, y fueron bautizados. En el año 1999 fundaron el ministerio El Nuevo Pacto e iniciaron la obra del Señor.

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