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Ven con nosotros, y te haremos bien

Predicas Cristianas | Estudios Biblicos

(Invitación al compañerismo)

(Números 10:29-32)

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INTRODUCCIÓN:

Los estudios biblicos nos enseñan que la Biblia es un libro de invitaciones. Comenzamos esta serie con la invitación que Dios le hizo a Noé a entrar al arca con su familia, los únicos salvos del diluvio. Hoy hablaremos de una invitación a ser parte del compañerismo del pueblo de Dios, basado en las palabras que le dijera Moisés a su suegro: “Ven con nosotros, y te haremos bien”. ¡Qué hermosa invitación! Hay invitaciones para todo. Algunas son atrevidas, osadas, peligrosas y hasta mortales. Pero hay otras invitaciones, sobre todo las bíblicas, que son para que el hombre viva bien.

El contenido de la presente invitación está provisto del mejor deseo. La mayoría de los comentaristas coinciden en señalar que el hombre a quien Moisés llama Hobad, es su propio suegro. Por el capítulo 18 de Éxodo sabemos que Jetro vino a visitar a Moisés y los hijos de Israel. Desde entonces su presencia fue de bendición, sobre todo por el sabio consejo que le dio a su yerno, en vista de la enorme carga que llevaba dirigiendo a Israel (Ex. 18).

En el presente pasaje, Israel está dejando su campamento que mantuvo al pie del Monte Sinaí. Fue estando allí que recibieron las tablas de la Ley, construyeron el Tabernáculo y aprendieron a adorar a Dios, sobre todo por su inclina condición a la idolatría. Ahora, ellos están levantando el campamento y dirigiéndose hacia Canaán. Pero antes de partir, Moisés se toma el tiempo para invitar a Jetro, o Hobab, para irse con ellos a su destino.

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Esta hermosa invitación tiene el elemento de lo familiar y gratitud, pero también porque Jetro conocía el terreno a seguir. Nos hará muy bien estudiar esta invitación e investigar los distintos aspectos que la hacen única en esta historia bíblica. Hay una palabra aquí para todos nosotros, pero también para los que no están con nosotros, a quienes debemos invitar a nuestro compañerismo. De eso se trata el presente mensaje. Tomemos, pues, un poco de tiempo hoy para mirar considerar la invitación al compañerismo. Le aseguro que esta será la mejor invitación que usted haya oído. La mejor de todo el año que ya ha comenzado.

I. NOS ENCONTRAMOS CON UNA INVITACIÓN PARA COMPARTIR LA MISMA PEREGRINACIÓN

1. Una peregrinación con un pueblo especial v. 29b.

Vea como Moisés usa las palabras plurales “nosotros” y “haremos”. Ya Israel era un pueblo especial. Jetro había reconocido a Jehová como el Dios de Israel (Ex. 18:9-12), por lo tanto la invitación que su yerno le está extendiendo para ir con ellos era muy importante, porque representaba ser parte de una peregrinación con el pueblo elegido por Dios (Dt. 7:6), que ahora viajaba por el desierto. ¿Qué podemos decir a este respecto? Los santos de Dios son un pueblo especial. No por ellos mismos, sino por el Dios que los ha escogido. Así que si alguien es invitado a este peregrinaje terrenal, a la tierra santa, a la Nueva Jerusalén, debe saber que esta es la invitación más grande y completa que se le hace a mortal alguno. Así que si usted es un creyente en Jesucristo, usted es alguien especial. Pablo reconoce esa elección cuando nos dice: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él…” (Ef. 1:4). ¿Qué nos hace especial? La sangre de Cristo (1 Pe. 1:18, 19). Si usted es llamado para acompañar al pueblo de Dios en su peregrinación, considere este el más grande honor. No rehúse la invitación.

2. Una peregrinación a un lugar especial v. 29ª.

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Moisés invita a su suegro a unirse a ellos en su viaje a la tierra que Dios les prometió (Ex. 3:8). El lugar al cual se dirigen era considerado como la tierra de bendición y de victoria. La nota que siempre acompaña a la tierra de Canaán es la de “una tierra que fluye de leche y miel.” Unas veintena de veces aparece esta distinción cuando se habla de del lugar que Israel iba a poseer. Israel no permanecería en Egipto. Ellos salieron de allí libres para poseer la tierra que se les había dado en promesa, unos cuatrocientos años atrás (Gn. 12). Así que la invitación hecha al suegro de Moisés era razonable. Ninguna compañía sería más placentera que la de este suegro. “Ven con nosotros” es la invitación que sigue vigente. Por supuesto que ya no nos dirigimos a la tierra que “fluye leche y miel”, toda vez que aquello fue un símbolo de lo venidero. Ahora hemos sido invitados a la tierra de paz; tierra de bendición, de alegría y donde reinará la perfección, pues no habrá pecado. Será la tierra desprovista de tanta tragedia natural, humana y cósmica. Estamos hablando de aquel lugar que Jesús fue a preparar (Jn. 14:1-3). Se trata del cielo prometido (Apc. 21:4). Venga a este lugar.

3. Una peregrinación a un privilegio especial v. 32.

El suegro de Moisés era madianita; alguien muy ajeno a las de las promesas del pacto. De hecho, los madianitas fueron enemigos acérrimos del pueblo de Israel, tanto así que durante el tiempo de los jueces, Gedeón fue uno de los que les combatieron y los venció de una manera muy inusual y con una estrategia poco convencional para una guerra (Jue. 7, 8). Así que Jetro, siendo parte de un pueblo enemigo, se le concede un privilegio especial al ser invitado para que forme parte de una nueva familia, cuyo característica por excelencia era que gozaba de la bendición divina. En la invitación que le extiende su yerno, lo que él está diciendo es: “Ven con nosotros y lo que nos pertenece será para ti también” (v. 32). El pueblo de Dios debiera ser el menos egoísta. Lamentablemente a veces lo somos, pues no compartimos lo te que tenemos. Hay una noticia que no podemos callar. Hay un mensaje que debe ser entregado. Tenemos la obligación de decirle al que está perdido: “Ven con nosotros”. Tenemos que ir al joven que no encuentro sentido a la vida, y decirles: “Ven con nosotros”. Hagamos de esto la invitación más importante. Que el perdido encuentra abrigo con nosotros.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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