Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta.

La condición corrompida del pueblo de Dios ameritada este urgente llamado. Nadie como Dios para conocer cómo habían vivido y cómo habían quebrantado la ley hasta ese momento. Él conocía la vileza y la profundidad de su pecado.

Los estudios biblicos y mensajes cristianos nos dejan ver que tanto era el conocimiento que Dios tenía de ellos que los califica como pecadores insensibles, pues ni si quiera se dirige a ellos para censurarlos, porque estaban sordos y muertos, sino que le habló al firmamento, a las estrellas, a los astros y a la tierra para que escucharan sus quejas, diciendo:»Oíd, cielos, y escucha tú, tierra».

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Es como si esas criaturas inanimadas fueran más sensibles que el mismo hombre. Pero es en medio de ese endurecimiento que surge esta invitación: «Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta». Frente a la iniquidad del corazón, hay un paciente llamado del Dios de amor para arreglar las cuentas.

II. HAY UNA SALIDA A LA CRISIS EN ESTA INVITACIÓN

1. “Venid… estemos a cuenta”.

Aunque todos los textos previos están colocados para una virtual condenación, el Señor no hace eso, sino que plantea a su pueblo la necesidad de volverse a él en una especie de “confrontación jurídica”. La traducción de “estemos a cuenta” es una terminología judicial. Literalmente traduciría algo así como “vamos a resolver este asunto ante un tribunal de justicia”.

Es como si dijera: “Probemos nuestro caso en la corte”. Dios ha iniciado una acción judicial contra ellos y ahora les invita a defenderse. Pero ellos tienen el agravante de haber quebrantado el pacto una y otra vez. De esta manera vemos que el llamado pueblo de Dios está en serios problemas. Que hay una confrontación entre un Dios santo contra un pueblo que se ha depravado en el pecado.

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Y claro está que Dios sabe que en el fondo ninguno de ellos tiene cómo defenderse a menos que cambien su manera de ser. Lo grande de esta invitación es que Dios mismo nos presenta la necesidad de venir y entrar en razonamiento con él. El Dios que revela el pecado, también quiere perdonarlo. Mejor es caer en las manos Dios que de los hombres. La invitación es para que aceptes entrar en esta “santa confrontación” con Dios.

2. Un Dios santo tratando con el pecador.

El mundo jamás había conocido a un Dios de amor y misericordia que fuera capaz de entrar en un acuerdo, aun viviendo en su condición. Así que el texto nos presenta una especie de trato entre el Dios ofendido y el hombre ofensor.

Cuando uno es exhortado con un texto como este queda en una condición de mucha culpabilidad y hasta sentirse indigno de ser “llamado tu hijo”, como dijo el hijo pródigo. Quizás se pueda revelar un estado de conmiseración que nos lleve a pensar que somos demasiados pecadores para ser salvos.

Pero es aquí donde tenemos que ir a la palabra misma y buscar en ella la respuesta a ese estado de contrición, pues no hay en toda la Biblia un texto que nos prohíba buscar la misericordia de Dios, que nos ayude en nuestra pobre condición delante de él por haber ofendido su santo nombre.

Lo grande de esta invitación a la santidad es que todavía no ha habido un pecador que se proponga buscar a Dios y él le haya rechazado. Solo mire el linaje de donde vino Cristo y observa las mujeres que conformaron su descendencia, para que veas por qué tú eres tan importante para él. Venid, pues, y estemos a cuenta. Esa es la invitación.

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III. HAY UNA PODEROSA PROMESA DE PERDÓN EN ESTA INVITACIÓN

1. De la grana a la nieve.

¿Por qué el Señor escogió estos colores? Han sido elegidos debido a su notorio brillo. Hay colores que pasan desapercibidos, pero cuando alguien se viste de grana, puede ser visto a la distancia. ¿Qué nos quiere decir el Señor con esto? Que hay pecados que también son llamativos, y algunas veces hasta relumbran.

La palabra que aquí se usa puede trasmitir la idea de algo que es de doble tinte; algo así como los colores estampados que no se destiñe con el tiempo. La idea del autor es mostrarnos que así pueden ser nuestros pecados: llamativos, escandalosos; que se ponen de manifiesto. Pero lo grande de esto es que si “fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos”. He aquí la promesa del perdón.

Hay un “detergente” para quien el color más escandaloso puede ser cambiado. Pasar de la grana a la nieve es algo que solo el poder de Dios lo logrará hacer. Todos coinciden que no hay nada más blanco que la nieve. ¿Quién puede hacer esto sino la sangre de Cristo? Parece imposible que un vil pecador pueda ser limpiado de esta manera. La nieve es una representación de la santidad y es allí donde el Señor nos invita. Si tus pecados son tan “coloridos” pueden ser emblanquecidos.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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Un comentario

  1. Herberto Figueroa

    Exelente sermon, DIOS le siga bendiciendo y llenandole de sabiduria, para que podamos seguir disfrutando de este alimento espiritual.

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