Hombres y mujeres que marcan la diferencia

Predicas Cristianas

«Las amistades hay que evaluarlas cuidadosamente. Si alguien me insta e incluso, genera condiciones propicias para que usted y yo obremos maldad, no lo podemos considerar una amistad apropiada y verdadera.»

Predica Cristiana – Introducción

Si algo le hacía brillar los ojos con la misma avidez de un gato en plena faena de casa en una noche oscura, era ver correr sangre. Algo que le atraía poderosamente y le llevaba a sentirse dueño de la vida, como un dios.

Felipe se ufanaba junto con sus amigos, reunidos en la misma esquina de barrio de siempre, desde las seis de la tarde hasta que el frío lo obligaba a irse a casa. “Lo obligue a estar de rodillas. Me suplicaba, que su esposa, que sus hijos, que no los dejara huérfanos. Y yo, nada. Te mueres. Y el disparo. Y verlo caer. No lo imaginan. Y mañana, compren el periódico para que lo vean”, relataba, enfatizando los pormenores.

¿De una cárcel? Decía que era el refugio de los cobardes. “El día que me toque a mí, me muero. Primero bajo tres metros de tierra antes que encerrado en una jaula”, decía con ese temor que nunca ocultó al encierro.

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Las armas lo apasionaban. Cambiaba de modelo y de marca, como de celular. Cada peso que se agenciaba cometiendo crímenes y atracos lo destinaba a las drogas. Un círculo vicioso que jamás terminaba.

Una espiral sin fondo. Un agujero en el infinito. Levantarse de mañana, cometer sus pillerías, drogarse y preso de la euforia, proclamar entre sus conocidos las acciones delincuenciales para luego dormir, en esa sucesión interminable de imágenes de pesadilla.

Lo capturaron un sábado, cuando caía la tarde y se aprestaba a pasar una noche de parranda, acompañado de una joven que había conocido en un restaurante. Antes de salir de su habitación practicó varios pases de baile, especialmente de merengue, el que más le gustaba.

Dos agentes lo retuvieron. No tuvo tiempo de decir nada. Cayó al suelo. Vociferaba, y en menos de lo que podía imaginar, estaba en una celda, estrecha, húmeda, con inscripciones, números de teléfono y nombres por todo lado.

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Ese penal sería su casa por más de siete años, de los veinticinco a los que le condenaron por sus innumerables crímenes. El cambio, sin embargo, llegó seis meses después de estar encerrado. Le visitó una mujer que le habló de Jesucristo y terminó haciendo la oración de fe, más por el desespero y el ánimo de que ella se fuera, que por el deseo sincero de cambiar de vida.

Pero esas sencillas palabras, marcaron una transformación en su vida. No podía consumir cocaína como antes, no le hacía efecto y se negó, pese a la insistencia de dos compañeros de celda, a seguir vendiendo alucinógenos. Una fuerza que no podía explicar, se lo impedía.

Incluso comenzó a leer la Biblia. Ahora no dependía de sus esfuerzos sino de Dios. Y cuando menos lo pensó, estaba orando. Buscando a ese mismo Señor Jesús que tantas veces rechazó.

Por más de cinco años, estando aún bajo condena, marcó una diferencia entre sus compañeros. Con hechos demostró que el medio ambiente no es finalmente el que moldea el comportamiento de una persona. Que cada quien puede definir si actúe conforme a los parámetros del mundo. Fuera de la cárcel, sigue predicando, con ahínco, dispuesto a no perder un solo segundo, conciente que cada minuto vale oro.

Predica Cristiana – Productos iguales, rótulos diferentes

Cuando voy de compras con mi esposa Lucero, comparamos sinnúmero de productos que tienen la misma composición física y química, que generan iguales efectos, pero que son presentados con diferente rótulo.

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El precio depende de la empresa—nacional o extranjera—que los produce. Es más, muchas veces anuncian adiciones y componentes que potencializan el artículo para mayor beneficio de los usuarios. Sin embargo cuando se prueban, se corrobora que no se ha modificado nada.

¿Le suena familiar? Sin duda que sí. Yendo un poco más allá, entramos que una dinámica similar ocurre con decenas de hombres y mujeres en todo el mundo. En su afán de cambiar y experimentar crecimiento en las esferas personal y espiritual, recurren a toda suerte de corrientes seudo-religiosas o filosóficas.

Asisten entusiasmados a cursos de superación, dicen “Maravilloso. Una experiencia jamás imaginada. ¡Mi vida jamás será la misma!”. Acompañan sus afirmaciones con sonrisas confiadas como en los comerciales de dentífrico de la televisión. Pasado un tiempo, descubren que nada ha cambiado y siguen siendo las mismas personas, con las mismas expectativas de siempre. Productos iguales con rótulos diferentes.

Llamados a marcar la diferencia. Ningún ser humano está llamado a quedarse en un nivel estático; por el contrario, un principio dinámico se fundamenta en el hecho de que hombres y mujeres—indistintamente de su condición social, cultural o económica—están llamados a crecer, a evolucionar. Avanzar a nuevas alturas.

El Señor Jesús lo enseñó en términos prácticos: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa.” (Mateo 5:14-15  Nueva Versión Internacional)

Acerca Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es periodista, profesión que ha ejercido por más de treinta años en radio y prensa de su país. Cursó su formación eclesial en el Seminario Bíblico Alianza de Colombia, en donde recibió la Licenciatura en Teología. Ha realizado otros estudios, a nivel superior, relacionados con la Comunicación Social y Ciencias Religiosas. Junto con su esposa, Lucero, son fundadores de la Iglesia Misión Edificando Familias Sólidas (Colombia).

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