El no oculto

Predicas Cristianas

El sí afirmativo, que se escribe con acento, es el que asevera, y ese es el que debemos usar para confirmar, para certificar que lo que hemos prometido lo cumpliremos pase lo que pase y que la gente con la que nos hemos comprometido puede descansar confiada en que no dejaremos de hacer lo que dijimos.

La palabra de un cristiano debe ser tan  confiable como un documento firmado y autenticado, su sí debe ser un sí afirmativo, no uno condicional como el de aquellos que le prometen mucho al Señor, pero si primero les entrega la bendición que pidieron.

El si condicional es el que ata las cosas a otras que deben ocurrir previamente, que en lugar de asegurar algo, lo supedita todo al cumplimiento de ciertos requisitos, lo que debemos hacer como cristianos es ganarnos la fama de ser personas de palabra, que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no.

Basta de excusas que hacen quedar mal el evangelio y postergan el crecimiento de la obra de Cristo, basta de que por la irresponsabilidad de algunos se pierdan los anhelos de muchos, y después se le eche la culpa al Diablo por los malos resultados

Leamos la palabra de Dios

Mateo 5:33-37 “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”.

La exhortación del Señor es más que una simple sugerencia, es el llamado a desarrollar toda una vida basada en la responsabilidad, la honestidad y la fidelidad que deben caracterizar a un seguidor del Rey de Reyes, pero además, es un mandamiento que debe ser observado con detenimiento por todos los que nos llamamos creyentes, y Santiago lo reafirma diciendo:

“Sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación” Santiago 5:12.

Santiago nos exhorta a no respaldar nuestro hablar con juramentos para sustentar nuestra fidelidad, más que esto, es necesario que mantengamos una vida de responsabilidad en la que siempre que damos un “sí” seguirá siendo “sí” sin importar los cambios y ajustes circunstanciales que puedan ocurrir después de nuestras palabras, y lo mismo es cuando decimos que no pues nuestro “Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta” Números 23:19, y como sus representantes en esta tierra debemos actuar de igual manera, sin condicionamientos.

Muchos cristianos toman la vida cristiana livianamente, una mentirita por acá, una promesa no cumplida, una impuntualidad, y después de tanta práctica del mal hábito de hacer las cosas como queremos, creamos una cultura de falsedad en nuestro ser, demostrando solamente nuestra falta de sinceridad delante de Dios.

Debemos tener en cuenta todas estas cosas, sobre todo si estamos en el camino, y al servicio a Dios, Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros” 1 Corintios 1:12.

Pablo habla de la conciencia, pues ésta es un eco de la voz de Dios en nuestro interior, y él estaba seguro de la sinceridad de su conducta, por lo que la conciencia le daba buen testimonio de su comportamiento en general, y esto es lo que nos debiera suceder a todos los cristianos, tener esa paz interior producto de nuestro buen accionar con el Señor, y no esa serie de justificativos o apariencias que solamente muestran inquietud por esos no ocultos que tienen.

La sinceridad con el Señor expresa una pureza de intención sin mezcla de otras motivaciones, de manera que examinada a la luz del sol de la Palabra de Dios, podría hacernos resplandecer sin manchas empañen nuestro brillo; y cuando Dios nos toma para Él, se encarga de formar en nosotros esta condición de manera que nuestro trabajo en el ministerio sea próspero y efectivo, sin que la sabiduría carnal sea una motivación que busca el engrandecimiento personal sino la exaltación de aquel que lo llamo, “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” 2 Corintios 1:20.

Acerca Ricardo Hernandez

Servidor de nuestro Señor Jesucristo. Entregue mi vida a Cristo hace más de 20 años, y me gusta compartir los mensajes cristianos que Dios pone en mi corazón.

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