El justo florecerá como la palmera

Esto se llama crecer sin mezclas, crecer sin ataduras a nuestro lado. Cuando el creyente se une en cualquier yugo desigual con el incrédulo, pronto descubre la incompatibilidad de dos naturalezas.

3. Crecer cuidando el corazón.

Una de las características sorprendentes de la palmera es dónde tiene su corazón. Su corazón es blanco y está arriba, en lo alto. Desde allí salen las hojas. ¿Ha notado que las hojas de las palmeras no están en la mitad o abajo? Así, pues, sus flores y sus frutos están bien arriba donde no pueden ser atacados.

Así que una de las primeras cosas que debemos decir es que esta planta morirá de todo menos de un “infarto” al corazón. Una de las cosas que nos pide siempre la palabra es que el corazón sea guardado más que todas las cosas. Si el corazón es afectado, el crecimiento se paraliza.

De modo, pues, que aprendemos que el corazón del creyente debe estar siempre arriba, lejos de todos los ataques; pero a su vez que debe estar en una posición que beneficie el resto de su cuerpo. Un corazón sano produce un creyente sano, robusto y saludable. ¿Dónde tiene su corazón?

IV. FLORECER COMO LA PALMERA ES DAR FRUTO SIEMPRE

Se ha dicho que la palmera puede producir hasta 360 productos, más que los derivados del petroleo. Esto la hace única en su tipo. Ya a los 4 años está produciendo y puede llegar facilmente hastas los 200 años dando frutos. Y lo que sorprende de esta planta es que sus mejores frutos se dan en su vejez. 

Se dice que cuando esta planta llega a los ochenta años, su fruto es mucho más dulce y apetecible. No pasa lo mismo con otras plantas porque cuando van envejeciendo sus frutos son más pequeños, engurrullados y pierden el sabor.

Matthew Henry lo dijo así: “Los últimos días de los santos son, a veces, sus mejores días y su última obra, la mejor; la perseverancia es prueba cierta de sinceridad” (Comentario de la Biblia Matthew Henry en un tomo (Miami: Editorial Unilit, 2003), 446). ¿Por qué es tan importante esta característica? ¿Por qué la palmera no deja de dar frutos?

Cuando uno lee el capítulo 15 de Juan pronto descubre el desafío de Jesús respecto al asunto de dar frutos. Lo crucial del texto y las palabras más duras son cuando Jesús dijo: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2).

Me pregunto a la luz de esto ¿estoy dando frutos siempre? ¿Estaré agradando a Dios porque en todo adorno mi vida cristiana llevando frutos? Si el justo florece como la palmera es porque lleva fruto, si no no es justo. ¿Quiere ser como la palmera? ¡Pues de frutos!

V. FLORECER COMO LA PALMERA ES SÍMBOLO DE VICTORIA

En el contexto cristiano, las palmeras son recordadas en el llamado “Domingo de Ramos”. De esta manera, la palmera ha llegado a ser una simbología que representa el triunfo en la defensa de la fe. Se conoce por la historia de muchos mártires a quienes se les representaba con una rama de palmera como signo de su triunfo contra la muerte.

Son muchos los países que han hecho de la palmera su símbolo de victoria, progreso y belleza, de modo que no es extraño que en lo que refiere a nuestra fe cristiana, la palmera ocupe un lugar de preponderancia. La entrada triunfal de Jesús por las calles de Jerusalén estuvo alfombrada por las palmas de los que cantaban “Hosanna al que viene en el nombre del Señor” (Mateo 21:9).

Jesús no rechazó los vítores y las alabanzas que vinieron de su pueblo; aquella era su entrada triunfal, aunque en ese triunfo estaba su muerte. Pero el simbolismo final de victoria que nos ofrece la palmera es cuando Juan tuvo la visión celestial y en ella miró “… una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10).

CONCLUSIÓN:

Este texto también habla del árbol de cedro a quien el salmista relaciona con la vida del creyente y lo menciona en la casa del Señor: “Plantados en la casa de Jehová”, como para decirnos que el real crecimiento del creyente no puede estar fuera de la casa del Señor.

Que su vida florece, da sus frutos y se mantiene sólida para ser bendición de otros. Spurgeon comentó esto, diciendo: “El hijo de Dios florece como una palmera que empuja toda su potencia hacia arriba, en una columna erecta sin una sola rama. Es un pilar con un glorioso capitel. No crece hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino que envía toda su fuerza hacia el cielo, y da su fruto tan cerca del cielo como sea posible. Señor, cumple este tipo en mí. Amén” (Tomado de la Chequera del Banco de la Fe). 

© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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