¿Quien esta libre de pecado?

b. Una justicia en Cristo Jesús.

Esa persona es Jesucristo.  La justicia de Dios es en Jesucristo. Ya que todos estaban destituidos de la gloria de Dios, y no podían salvarse a sí mismos, Dios proveyó un sacrificio perfecto.

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En el versículo 25, Pablo explica cómo funciona esta justicia. Dios puso como propiciación a su Hijo. Esta palabra proviene del Antiguo Testamento. Y significa “apaciguar la ira”. Lo que expresa es que Jesucristo es el sacrificio que apacigua la ira justa de Dios en nuestra contra.

Esto lo hizo el Señor Jesucristo, cuando llevó nuestro pecados en el lugar que nos correspondía. Él llevó el castigo de nuestros pecados, y a través de su sangre, nos libró de la culpa del pecado. Nos otorgó el perdón. Y al vivir una vida perfecta, obtuvo una justicia perfecta. Y mediante esa justicia Dios nos ve.

Por tanto, Dios nos ve de forma tan perfecta, como sí nosotros mismos hubiésemos obedecido como Cristo, aunque no lo hicimos. Cristo es nuestra justicia, y nuestra justificación ante Dios.

Conclusión

En evangelio de hoy, hemos aprendido mucho sobre la doctrina del pecado. Esta doctrina no tiene como fin desalentarnos, ni volvernos legalistas unos con otros. Su propósito es que entendamos con humildad la condición en que todos nos encontramos sin Cristo.

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Esto es para que para veamos la necesidad que tenemos de acercarnos a Dios, y descansar plenamente en su gracia. Cristo lo es todo para nosotros, y por eso, no debemos confiar en nosotros mismos, sino en su precioso sacrificio.

Aplicaciones

1. No confíes en tus propias obras.

Para vivir a la luz de este pasaje, tenemos que dejar de confiar en nuestras propias obras. Somos malos por naturaleza. Nada de lo que hagamos podrá darnos el cielo como recompensa. Nunca intentemos ganar algo delante de Dios. Porque todos esos esfuerzos serán inútiles.

2. No seas arrogante.

La aplicación anterior lleva a esta. No creas que eres mejor que nadie. Ni consideres que seas alguien delante de Dios. Tampoco creas que Dios no te trata con justicia, porque no valora tus obras. Siempre que hagas algo para Él, recuerda aquella enseñanza de Jesús:

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“Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:10).

3. Pon tu confianza en Jesucristo.

Y finalmente, esta es la meta del pasaje y de esta predicación bíblica. Toda nuestra confianza debe estar en Jesucristo. Jesús lo debe ser todo para nosotros.

Demos gloria a su nombre. Busquemos de su gracia. Descansemos en su perdón. Roguemos al Padre en su nombre. ¡Qué Cristo sea todo para nosotros!

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones.. Predicas Cristianas

Acerca Ricardo Hernandez

Servidor de nuestro Señor Jesucristo. Entregue mi vida a Cristo hace más de 20 años, y me gusta compartir los mensajes cristianos que Dios pone en mi corazón.

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