Los pecados de la murmuracion

II. EL QUE MURMURA SUFRE DE UNA VISTA CORTA

1. El ataque a los “responsables” (vers. 2)

El diccionario define a la miopía como el «defecto óptico caracterizado por la falta de visión clara de objetos distantes». Eso era el otro problema del pueblo de Israel cuando murmurar contra Moisés y Aarón. A ellos les costaba ver que detrás de las apariencias de las cosas se escondía la presencia poderosa del Señor.

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En su miopía, ellos creían que podían echar toda la culpa de la falta de pan o de agua a Moisés. A la hora de faltar algo, somos los líderes los primeros blancos de las quejas y murmuración. Ellos veían en Moisés el responsable por sus necesidades. Sobre él concentraron todas sus palabras, quejas, reacciones negativas.

Una cosa era muy cierta, Moisés no podía alimentar tan enorme congregación. Al igual que ellos, la comida que habían traído de Egipto ya se les estaría acabando también. De manera que sus agresivas quejas contra el siervo de Dios eran injustas e innecesarias. Nada hace más daño a la comunión de los santos que la murmuración contra los que servimos al Señor. La vista es muy corta cuando dejamos que la lengua destruya a los que se dan para nuestro servicio.

2. El ejemplo para nosotros (1 Corintios 10:10)

El murmurador, como logra verse, tiene una vista muy corta. La advertencia de la Biblia respecto a la murmuración es clara, más aún tomando en cuenta este ejemplo. Dos cosas se ponen de manifiesto respecto a la murmuración de los israelitas. Por un lado, no hay murmuración que se haga que no sea oída por Dios.

No nos engañemos hermanos, Dios no sufre de sordera como algunos de nosotros. Si las oraciones que le presentamos son como el incienso que se quema en el altar de su presencia, las murmuraciones que salen de nuestros labios se queman en el altar de Satanás.

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Ahora bien, ellos no necesitaban carne, pues con el maná era suficiente por ser muy nutritivo, sin embargo, de todas maneras, lo exigieron y el Señor les mandó codornices, que engulleron hasta enfermarse. El salmista resalta este detalle: «¡Les dio lo que pidieron; mas envió mortandad sobre ellos!» (Salmos 106:15). Lo que Israel hizo es para nuestro ejemplo. La murmuración es un pecado que Dios aborrece porque según Santiago, la lengua incontrolada inflama toda la creación e incendia todo a su paso (3:6).

III. EL QUE MURMURA TIENE UNA FE MUY CORTA

1. Cuando Dios no es suficiente (vers. 9)

Las murmuraciones revelan el pecado de la desconfianza. En el caso de Israel, es cierto que pasaron por muchas dificultades, pero eso no se convirtió en el verdadero motivo de sus quejas. Ellos llegaban una y otra vez a esta situación debido a su incredulidad.

En sus mentes no cabía la posibilidad de que Dios fuera suficiente para sostenerles con agua, alimento y vestido una vez que dejaron Egipto. Apenas les faltaba un día el sustento, ya estaban murmurando. Mientras Dios hacía milagros y portentos, Él era bueno y lo alababan por sus hechos poderosos. Pero al sentir que les fallaba algo convertían la alabanza en quejas. ¿Seremos nosotros distintos a ellos?

¿Tendremos la capacidad de resistir la tentación de murmurar o quejarnos, aunque algún día no veamos pan en nuestra mesa? ¿Le pondremos bozal a nuestra boca para no hablar en contra de otro? Con mucha frecuencia somos invadidos de temores, y nos llenamos de malos presentimientos cuando faltan las cosas elementales. Cuánto necesitamos aprender a confiar en el Dios de toda provisión. Cuando murmuramos perdemos la fe.

2. El desierto prueba el tamaño de nuestra fe (vers. 10)

Nadie como Israel para ser testigo de tanta manifestación divina. Nadie como ellos para ver la gloria de Dios tan real, sin embargo, la murmuración formó de su andar constante. Por supuesto que el desierto sirvió para probarles porque Dios estaba formando un pueblo celoso de buenas obras. Cuando llegamos al desierto de la vida se comprobará de qué tamaño es nuestra fe.

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La incredulidad golpea nuestra fe. La hace ver muy corta cuando pasamos por un “desierto” que no ve la abundancia de las cosas materiales a las que estamos tan acostumbrados. Así que, si tan solo viéramos sus promesas, tan ciertas y seguras, no seríamos impulsados a la murmuración.

Alguien dijo que “cuando la gente se queja, murmura y rezonga por lo que no tiene, en vez de apreciar las bendiciones que recibe, Dios pierde las ganas de darle otra cosa». El desierto se ha relacionado siempre con un lugar de pruebas. Representa para el creyente las distintas etapas donde es sometida su fe con el propósito de hacerle dependiente del poder y la gracia divina. Jesucristo, el pan del cielo, pasó por el desierto.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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