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Sed agradecidos

c. La paz que se entiende al cuerpo.

El apóstol Pablo había descubierto algunos focos de división en una de las iglesias a la que tanto elogia como era la iglesia a los filipenses. Por alguna razón había dicho a ellos que se comportaran como era digno del evangelio (1:27). Que no hicieran nada por contienda o por vanagloria (2:3). Que hicieran todas las cosas sin murmuración y contiendas (2:14), y también les recomendó las hermanas Evodia y Síntique que fueran de un mismo sentir en el Señor (4:2).

El asunto es que Pablo percibía alguna división insipiente en la iglesia y por eso les advierte en la carta. El hecho que él enfatice ahora la paz de Dios gobernando en sus corazones es para que se manifieste en el cuerpo de Cristo.

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La paz de Dios es tan necesaria para las relaciones interpersonales. No siempre en las iglesias gobierna el espíritu de paz. Cuando Pablo les habló a los hermanos de Éfeso les exhortó a ser solícitos en guardar la unidad del Espíritu, y para ello invocó la importancia del trabajo de la paz. Este acto de preservar la unidad por medio de la paz en el cuerpo de Cristo es un poderoso motivo para ser agradecido. Que prevalezca siempre la paz en el cuerpo.

II. ESTOY AGRADECIDO POR LA PALABRA DE CRISTO

a. Por ser en abundancia.

Esta es la primera vez que aparece en la Biblia esta declaración de “la palabra de Cristo”. Por toda la Biblia se nos habla de la palabra de Dios. De modo, pues, que al Pablo mencionarla acá, de una forma solitaria, tiene un profundo significado.

Es la palabra de Cristo, no la del pastor, sus ancianos o demás líderes. No es la palabra de un buen libro o de un moderno consejero para que vivamos bien. Es la palabra de Cristo, aquella que encontramos en la historia de los evangelios.

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Es la palabra que Cristo habló, aquella que sus propios enemigos reconocieron que jamás hombre alguno había hablado así. El asunto es que, si esa palabra está en nosotros, el llamado es para que more en abundancia en nuestros corazones.

Se ha dicho que al hombre hay que llenarlo de algo, de allí que lo que haya en su corazón de eso hablará su boca. Ya Jesús lo había expresado, pues del corazón sale o lo bueno o lo malo (Mateo 15:18-19). Nada le hace más bien a la vida del creyente que sea un hombre o una mujer de abundante palabra. Esa palabra hace sabio al sencillo (Salmo 19:7-14)

b. Por lo que hace en nuestras vidas.

Por un lado, la palabra de Cristo tiene la misión de enseñarnos. Ella nos enseña acerca de Dios, su origen, su obra y su amor. Nos enseña de todo lo que hizo el pecado y como arrastró a la humanidad hasta el día de hoy. Pero, sobre todo, nos enseña del plan de salvación a través de Cristo, profetizado en ella hasta el día de su aparición y su segunda venida.

Que no solo sea una palabra que lo llene de conocimiento, sino que ella misma le permita vivir sabiamente. Y en esto de vivir sabiamente, la palabra nos exhorta cada vez que la leemos o la oímos.

Debemos estar agradecidos porque la palabra nos reprende en nuestro andar cotidiano. Nos revela nuestra condición espiritual para ir de un proceso continuo de madurez. Y el resultado de su enseñanza y su exhortación, así como su abundancia en nosotros, es que ella pone en nuestros corazones una alabanza que la expresamos a través de nuestros labios con salmos, himnos y cánticos espirituales. Oh, mis amados, la palabra de Dios cuando está en nuestros corazones nos llena como lo hace el Espíritu Santo. Observe el mismo efecto que produce (Efesios 5:18-19).

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 III. ESTOY AGRADECIDO POR EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

a. El glorioso nombre de Cristo.

Pablo no puso por casualidad en este texto el “nombre de Cristo”. Cuando busco las razones para estar agradecido a Dios, el nombre de Cristo se constituye en el centro de lo que soy y de lo que hago. La Biblia dice que ese nombre es glorioso porque desde la antigüedad los profetas hablaron de ese nombre que significa el Mesías prometido.

Por más de cuatrocientos años se esperó la llegada de aquel Mesías y al final vino, no como otros lo esperaban, pero vino como un bebé. Vino como Emanuel, eso es, Dios con nosotros. Vino del cielo dejando su trono de gloria y se humilló así mismo al hacerse hombre. Las profecías se cumplieron todas cuando él llegó.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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