Enseñar a los hijos

Lo que estamos diciendo es que debemos tener presente cuáles son las cosas esenciales para vivir, como es la ropa, alimentos, vivienda, etc. Y cuáles no, como un vehículo de mucho valor, un plasma de 42 pulgadas, la escuela privada, etc. Entendiendo que cuando hablamos de ropa, la que necesitamos no necesita ser de una marca exclusiva, ni alimentos servidos en un restaurante, o la vivienda en un country exclusivo.

Cosas que en realidad no son tan necesarias

Muchos padres se autopresionan, o son presionados por sus hijos que están “necesitando” de cosas que en realidad no son tan necesarias. Y esta “necesidad” está motivada por creer lo que la publicidad apunta como esencial, o porque algún amigo lo tiene y cuenta maravillas. Pero que en realidad no lo son.

Por ejemplo, muchos dicen que sin aire acondicionado no se puede vivir, cuando la realidad es que sin aire no se puede vivir, y por supuesto, si este está acondicionado será mucho más confortable, pero no es indispensable.

El más rico no es el que más tiene

No debemos olvidar que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Es por eso que hay gente que logró la independencia financiera y la felicidad con muy poco, pudiendo vivir tranquilamente con un ingreso pequeño, del cual aparta antes que nada la parte del Señor y cumple con sus mandatos.

Es bueno darse gustos en la vida, pero sabiendo que se trata de satisfacer un anhelo, y no de gastar en cosas imprescindibles. En un tiempo donde el mundo vive creándote necesidades, debes tener la capacidad de discernir qué cosas son verdaderamente imprescindible, y cuáles no lo son para tu vida. Esto es fundamental, primero para que puedas vivir feliz con lo que ya tienes, y segundo para poder crecer al disponer de recursos que sean utilizados en función de tu proyecto personal.

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo2 Juan 1:8

Mira por nosotros mismos significa, no se dejarnos influenciar por los demás. Significa que no nos “enganchemos” en la corriente del mundo generalizada, y nos ocupemos de desarrollar nuestro propio criterio, el cual debe objetivo y responsable primeramente para con la obra del Señor, como para con nosotros. Pues muchos pierden el fruto de su trabajo por dejarse arrastrar por las malas influencias en donde se mueve, en vez de concentrarse en crecer y progresar en lo que hacen.

La recompensas

Para no perder el fruto de nuestro trabajo y recibir galardón completo, lo que hagamos nos debe producir dos tipos de recompensas. Una inmediata, la que se disfruta ahora, con la que puedas vivir con tu familia, aprovechando las oportunidades laborales que se te presentan y no desperdiciándolas.

En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oraciónRomanos 12:11-12

Segundo, una recompensa posterior que se disfruta en la vejez, pudiendo vivir con todos los recursos necesarios para esa etapa de tu vida.

La responsabilidad de enseñar

El Señor nos ha dado, como padres, la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos la obediencia a la Palabra de Dios. Y aunque sea una gran responsabilidad, es también un privilegio que el Señor nos confíe el cuidado de los hijos. Pues también son hijos de nuestro Padre Celestial.

Conclusión

Por medio de nuestro ejemplo y enseñanzas nos aseguramos de que nuestros hijos comprendan lo que es, y lo que hace un padre recto. A medida que obedecemos los mandamientos del Señor y le servimos a Él, les ayudamos a nuestros hijos a prepararse para cumplir con su papel como padres y madres en el futuro.

Cuando les enseñamos a nuestros hijos la Palabra de Dios, les estamos presentando una protección espiritual que durará toda su vida. Les está proporcionando verdades mediante las cuales podrán juzgar sus propios hechos. Pues “Las obras de sus manos son verdad y juicio; Fieles son todos sus mandamientos, Afirmados eternamente y para siempre, Hechos en verdad y en rectitudSalmos 111:7-8

Yo, yo hablé, y le llamé y le traje; por tanto, será prosperado su camino. Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu. Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguirIsaías 48:15-17.

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Ricardo Hernandez

Servidor de nuestro Señor Jesucristo. Entregue mi vida a Cristo hace más de 20 años, y me gusta compartir los mensajes cristianos que Dios pone en mi corazón.

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