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La Túnica Ensangrentada

Predicas Cristianas | Estudios Biblicos

Génesis 37:12-36

INTRODUCCIÓN:

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¿Alguna vez experimentó la frustración de un sueño roto? Hablamos de esos momentos cuando parecía que todo andaba bien, pero al final del día se dio cuenta que eso bonito se derrumbó. Imagínese algún sueño roto de su infancia. A lo mejor quiso ser un médico, ingeniero, abogado, doctor o pastor, pero no logró eso. Qué tal un revés financiero después de estar lleno de sueños con el que quería alcanzar tantas cosas, pero al final todo se acabó. Qué tal un noviazgo donde soñó que había encontrado el hombre o la mujer soñada, pero andando el tiempo se decepcionó del fulano o la fulana. Qué tal el matrimonio que no salió como lo había pensado. Se casó con “velo y corona”, pero al final terminó sin la corona y se quedó todo el tiempo en vela. Cuando se rompen los sueños a menudo quedamos devastados, confundidos y sin orientación. No es fácil la recuperación. Así que la vida pareciera una carrera de sueños rotos.

Al seguir analizando la vida de José nos damos cuenta que si alguien tuvo razones para hablar de sueños rotos, fue él. ¿Cuestionaría a Dios por ver esos sueños interrumpidos? Él tuvo razones para pensar eso. Mírelo cuando sus hermanos le desnudaron, quitándole su hermosa túnica. Mírelo cuando ellos le lanzan en una cisterna para que se ahogara, sin tomar en cuenta sus súplicas. Obsérvelo en ese lugar abandonado y solo porque estaba obedeciendo a su papá. Un vistazo a los presentes versículos nos indicará que la vida parece ser muy injusta. Nos mostrará que los sueños enfrentan la prueba de la supervivencia, pues la vida no siempre va como pensamos que pudo ir. Estos versos tienen mucho que decirnos hoy. Pero la enseñanza más grande del presente mensaje es que aun cuando los sueños pasan por el crisol de las pruebas, al final todo resultará para bien. Si Dios le dio un sueño, mantenga la visión, pues al final de la jornada verá cómo él obró en medio de las circunstancias. Lo último que quiso ver Jacob fue la túnica llena de sangre. Esto pareció el fin de todo, pero más bien era el comienzo de su grandeza. Qué nos revela la túnica ensangrentada.

I. NOS MUESTRA EN QUÉ CONSISTE UNA OBEDIENCIA AUTÉNTICA

1. La que dice “heme aquí” v. 13.

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Si bien es cierto que José conocía muy bien a sus hermanos, pues era quien traía la información de aquella mala conducta, el verlo obedeciendo a su padre sin poner ninguna objeción es digno de señalar. ¿Iría usted a visitar a sus hermanos sabiendo de antemano que no sería bien visto ni bien tratado? Los creyentes tipo José esperan con atención la orden de su “Jacob” para cumplirla. El que recibe el mayor amor del padre es el que debe estar listo para una mejor obediencia. La naturaleza de una autentica obediencia es la que siempre dirá: “Heme aquí”. Como el profeta Isaías cuando en la visión de ir a su pueblo y anunciar el mensaje de Dios, le preguntado, “¿a quién enviaré, y quién irá por nosotros?”, y la pronta respuesta fue: “Heme aquí, envíame a mí” (Is. 6:8). La obediencia incondicional es la carencia más grande del pueblo de Dios. El mismo profeta dijo: “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí”. El corazón de José estaba muy cerca de Dios. La razón por la que a Jacob le traen la túnica ensangrentada es porque él dijo: “Heme aquí”. La vida cristiana victoriosa es la que no resiste a la orden del Maestro. Le irá siempre bien a todo el que obedezca, aunque lo vea mal.

2. La que va más allá de “Siquem” v. 14, 17.

Vea los detalles interesantes de este texto. Jacob envía a José con esta orden: “Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta” v. 14. Observe la actuación de José. No hay en él una obediencia parcial. Va siguiendo las instrucciones de su padre, pero pronto se pierde y es hallado por un “hombre, andando él errante por el campo…”. Vea en qué consiste la naturaleza de la obediencia. José pudo regresarse desde Siquem, pues hasta allí lo había enviado su padre. Si esto hubiera hecho, estaba bien, pues hasta allí le había enviado su padre. Pero vea el empeño de José de seguir buscando a sus hermanos. Vea cómo Dios proveyó de alguien para indicar a José el lugar dónde estaban sus hermanos. Dios siempre dirige la obediencia. Nunca les va mal a los hombres y mujeres que obedecen hasta complacer al Padre que ordena. Hemos dicho que José es un tipo de Cristo. Cuando Jesús vino a este mundo, él fue enviado por su padre, y vino de buena gana para buscar a sus hermanos. Nunca objetó la voluntad de su Padre. La obediencia real no conoce límites. José quiso agradar a su padre. ¿Agrada nuestra obediencia a Dios?

II. NOS MUESTRA EL PECADO DEL ODIO ENTRE LOS HERMANOS

1. “A los suyos vino y los suyos no le recibieron” v. 18-20.

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La envidia y el odio son el peor rostro que puede mostrar un ser humano. Ese rostro fue mostrado por aquellos que un día iban a ser las tribus de Israel. No quedó nada oculto en las intenciones de estos hermanos. En primer lugar tuvieron un deseo de matar a José. No sabemos cuál de ellos era peor, pero su odio les condujo a querer a deshacerse de él. Por otro lado, observe como lo ridiculizaron llamándole “el soñador”. No hay ninguna muestra de amor fraternal en cada una de sus palabras. La más grande insensibilidad se hizo presente hasta de echarlo en una cisterna que sería otra manera de matarle. Pero lo que estos hombres no sabían era que el “soñador” no moría aunque ellos le rechazaron. ¿Se da cuenta del paralelismo que hay en esta historia con el Señor Jesucristo? Juan 1:11 nos dice que Jesús, a los suyos vino, pero no le recibieron. Al contrario, le rechazaron mientras más él los buscó. El odio entre los hermanos es la contradicción más grande que pueda conocerse. Si bien es cierto que es normal entre los enemigos, el odio entre hermanos de la misma sangre y de la misma fe, es intolerable.

2. El odio mata la sensibilidad v. 25.

El texto nos dice que los hermanos de José se sentaron a comer pan mientras su hermano menor está sufriendo por lo que hicieron. ¿Nos recuerda esto algo? Cuando Cristo estaba muriendo, la insensibilidad se hizo evidente en aquellos que se disputaron la túnica de lino que lleva Jesús. Unos comieron y otros jugaron a los dados en presencia del moribundo. ¿Sabía usted que el tesoro más grande que tiene como creyente, después del Señor, es su hermano en la fe? Pensemos en el odio y la envidia de los hermanos de José en la vida de la iglesia. Es posible que usted llegue a la conclusión que no tiene esa clase de odio ni envidia hacia sus hermanos. Pero hagamos un análisis de mi relación con cada hermano. Preguntémonos. ¿Cuáles son las cosas que impiden que busquemos a nuestros hermanos? ¿Qué tan sensible soy en escuchar el clamor de mi hermano? A lo mejor no manifiesto un odio hasta morir contra algún hermano, pero, ¿me detengo para saludarlo, para hablarle, para interesarme en su vida? ¿Tengo el amor por ellos como José, quien sabiendo del odio y la envidia que ya le tenían, sin embargo llegó hasta donde ellos estaban?

III. NOS MUESTRA LA CRUELDAD QUE PRODUCE EL ABANDONO

1. Vendido como un esclavo v. 27, 28.

La ironía de esta historia es ver al hijo de un príncipe vendido como un esclavo. Los hermanos de José convinieron en no matarle y dejar que fueron otros los que se encargaran de hacerlo, para ello propusieron la idea de venderlo como un esclavo. Pero “veinte piezas de plata” era el precio más bajo que pagaba por un esclavo. De hecho era el precio de un esclavo lisiado. José fue vendido literalmente como si fuera un pedazo de basura. Ese dinero es el equivalente a ocho onzas de plata. Algo así como a unos $ 98,24 dólares en dinero de hoy. Por un poco más de esto, Judas Iscariote vendería a Jesucristo más adelante. Los hermanos fueron tan insensibles y tan llenos de odio que nos les importó la nueva clase social donde estaban enviando a su hermano. El Salmo 105: 17-18 nos habla de cuán terrible fue aquella experiencia para el inocente joven. Bueno, aquí comienza un cambio completo en la vida del José. ¿Qué estaría pasando por su mente ahora? ¿Se estaría preguntando José si valdría la pena ser bueno después de todo? Ninguna experiencia es comparada con ser arrancado del hogar. La soledad fuera de casa es una enfermedad que viven muchos ahora.

2. “El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?” v. 30.

El remordimiento de Rubén era por demás notorio. Él era responsable delante de su padre por la seguridad de su hermano menor. Pero esto no les importó al resto, pues inventaron el engaño de la “túnica ensangrentada”. La frase “el joven no aparece” hay que verla como parte de la crueldad del abandono. José no aparece, y no aparecerá sino dentro de veinte años después. En la vida hay momentos donde los sueños se interrumpen, pero si sabemos que Dios sigue trabajando, entonces no hay razón para perder la esperanza. Pero José desconoce por qué le está pasando todo esto. Él es un joven de diecisiete años y su corazón tiene que estar destrozado frente a la realidad del abandono lejos de su hogar. ¿Puede imaginarse por un momento la crueldad de ser cortado del hogar por envidia y por odio y no saber más nunca del papá y los demás amados? Muchos de nosotros hemos experimentado la salida de un país a otro, y lo que más ha impactado nuestras vidas es el hecho de haber dejado nuestra “tierra y parentela”. Pero ninguno de nosotros ha sido vendido como esclavo. Así que sentirse abandonado por culpa de los mismos hermanos es una pena que desgarra el corazón.

IV. NOS MUESTRA EL DOLOR DE UN PADRE DESCONSOLADO

1. El reconocimiento de la túnica v. 33.

El engaño de los hermanos de José tocó niveles imponderables. No solo se conformaron en vender a su inocente hermano, sino que no les importó el dolor que podían causar a su anciano padre, diciendo que una mala bestia había devorado al hijo que le producía tanta satisfacción. El tener en sus manos la túnica ensangrentada desgarró su corazón. “¿Por qué mi hijo tan bueno tuvo que morir tan joven y de esa manera cruel?”, sería la pregunta que este padre se estaba haciendo. Imagine si un hijo malo causa gran dolor al corazón del padre, muriendo de una manera vil y menospreciada, cuánto más será el de un hijo modelo en obediencia y amor por los demás. David supo que su hijo Absalón le había declarado la guerra, sin embargo cuando escuchó que había muerto tan prematuramente su corazón estalló en llanto y una profunda tristeza enlutó su alma. Note como los que causaron el dolor al padre se constituyen en “consoladores”. La hipocresía que todos manifestaron no pudo ser más grande. El comportamiento de estos hijos nos habla de aquellos que nos les importa el dolor que pueden traer con tal de lograr sus metas. ¿Los ha visto usted?

2. “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol” v. 35.

Nos sorprende como la cruel burla de traer la “ropa de tu hijo”, y todos los esfuerzos por consolar el corazón abatido de Jacob, no despertaron ninguna sospecha en el anciano padre. La aflicción de Jacob era tan grande que simplemente se abandonó en su propio dolor. Su determinación fue descender al Seol enlutado por la tragedia de su hijo. El paralelismo que encontramos de esta historia con Cristo es que Jacob representa el corazón del Padre celestial, quien ve cómo venden a su hijo y luego es entregado a los verdugos que son como verdaderas fieras que destruyeron a su hijo en la horrible crucifixión (Sal. 22:12, 13). Muchos padres ven como los sueños de sus hijos son truncados prematuramente.. La noticia que trajeron los malvados hermanos de José destruyó todo en la vida del padre, y en consecuencia al resto de la familia. Al principio este tipo de noticias parecieran acabar con todo, pero lo bueno de esto es que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Ro. 8:28). Los hermanos de José hicieron mal sus cálculos, porque lo que se convirtió en una tragedia familiar, al final llegó a ser la gran provisión familiar (Is. 55:8, 9).

CONCLUSIÓN:

“La Túnica Ensangrentada” pareciera ponerle fin a la más hermosa historia de amor que tenemos en el Antiguo Testamento. Ahora nos encontramos con final muy triste. José ha sido vendido como esclavo, pasando de ser el hijo de un príncipe al más vil de los esclavos. Los hermanos de José revelan lo más ruin de su corazón. La más grande insensibilidad es vista en el texto. El corazón del padre está destrozado por el cuento que una mala bestia lo ha devorado.

Ahora tenemos a una familia prospera lanzada en la más grande incertidumbre. Ahora parece que todo se ha acabado, pero es aquí donde la promesa del salmo 37:23 recobra importancia. Dios saca del más grande dolor del alma, la más grande victoria y satisfacción. Lo que los hermanos de José no sabían era que el “soñador” llevaba consigo la bendición de Dios, sea que estuviera en la cárcel o en el palacio. Un creyente que vive obedeciendo, todo lo que toca se convertirá en prosperidad.

(571) 251-6590

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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