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¿Cómo cuidamos la mente?

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Las imágenes se tornaron recurrentes. Emergían con la rapidez de un destello de luz en una noche oscura. Eran secuencias mezcladas, como en una película sin forma, de aquellas que viajan del pasado al futuro y del futuro al presente, sin dar tiempo a procesar las escenas. En todos los pensamientos abundaban inclinaciones a la perversión.

Joaquín estaba desesperado. No concebía que como cristiano estuviera enfrentando una situación así. En su mente se libraba una tremenda batalla. De un lado estaba su convicción de creyente, comprometido con asumir fidelidad a Cristo, pero de otra parte, emergía esa naturaleza carnal, inclinada a todo lo prohibido.

–Dios mío, ayúdame por favor…–repetía con angustia en medio de la desesperación que le despertaba el sentirse atrapado en una red de la que no podía escapar.

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Y aunque su llamado al Señor en procura de fortaleza, nacía en lo más profundo de su corazón, experimentaba la frustración de ver como sus pensamientos eran nuevamente dominados por la lascivia, y ese deseo—por momentos irrefrenable—de llevar a la práctica todo lo que concebía.

Y ahí estaba, pasadas las diez de la noche. Acababa de llegar de un culto que le pareció maravilloso, en el que el Espíritu de Dios se había movido poderosamente, y él, conectándose a una página de pornografía, aprovechando que sus padres se habían acostado.

Aunque sabía que buscar aquellas imágenes plagadas de maldad eran las que le mantenían atado, consideraba que le resultaba muy difícil renunciar a tales prácticas. Su mente estaba gobernada por imágenes de perversión…

Lo que pensamos, hacemos…

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Hasta tanto aceptemos el hecho de que lo que pensamos está íntimamente ligado con nuestro comportamiento, estaremos amarrados a la maldad. Si permitimos que nuestros ojos vean toda la maldad que vende Websites de la Internet, revistas, películas o incluso relatos, estaremos dando vueltas como en un círculo vicioso, levantándonos y cayendo.

Hay un principio dinámico en la Biblia que debemos grabar en lo más profundo de nuestro ser y traerlo a colación cada vez que percibamos, directa o indirectamente cualquier información: “Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él…”(Proverbios 23:7)

El Señor Jesucristo advirtió sobre la necesidad de cuidar nuestro corazón, que en términos prácticos, es esa parte donde procesamientos y guardamos toda la información que posteriormente dejamos emerger con palabras y acciones: Él dijo que “…del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre”: (Mateo 15:19-20)

El evangelista Marcos describe la advertencia del amado Maestro en los siguientes términos: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23)

Se trata de algo muy valioso para nuestra vida. A partir de las Escrituras aprendemos que nadie más que nosotros puede determinar qué información aceptamos que se filtre a nuestra mente. Y también, somos nosotros y nadie más que nosotros quienes reaccionamos a esos estímulos. Querámoslo o no, actuamos movidos en gran parte por lo que pensamos, y el propio Jesús sabe lo que anida nuestro corazón–.(Lucas 5:22)

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¿Qué pensamientos anidamos?

Caer en pecado, producto de acariciar pensamientos de maldad, es trágico. Es una historia cuyo final podemos fácilmente preveer, tal como nos enseña la Biblia:
“Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.” (Lucas 2:35)

Así como solemos evaluar nuestras acciones—al menos es lo más elemental en el comportamiento de quien quiere mejorar y crecer cada día más en las dimensiones personal y espiritual—es esencial que examinemos cuáles son los pensamientos que anidamos.

Obramos en proporción a lo que pensamos, de ahí que el rey David razonara sobre la necesidad de poner un freno a cuanto guardaba en su mente, información que se reflejaba en cuanto hacía y decía. Él escribió: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmo 19:14).

Trasládese imaginariamente a su casa. ¿La cuidad, verdad? Ahora, ¿quiénes entran en su hogar?¿Acaso ladrones o quienes buscan desencadenar mal para su existencia o quizá la de su familia? En absoluto. Estoy convencido que usted es cuidado de quienes franquean la puerta de su residencia. En consecuencia, así debe ser todo lo que procesa nuestro cerebro. Permitirle la entrada solo a lo que reflejará acciones sanas. La pornografía contamina y, como consecuencia, desata maldad. Igual con palabras vulgares o tal vez hechos de violencia que se asientan en nuestro corazón e íntimamente pueden llevarnos a concebir como natural un tipo de reacción agresiva.

Si somos cuna de estímulos a lo sensual, degradante y mundano, no podemos esperar que nuestra espiritualidad alcance nuevos niveles y que crezca como lo espera Dios de nosotros. Recuerde siempre que “Los pensamientos de los justos son rectitud; mas los consejos de los impíos, engaño.”(Proverbios 12:5) y también que “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman.” (Proverbios 15:22)

Cierto autor que leí recientemente hacía una afirmación que comparto con usted dado que encierra un mensaje valioso: “Nuestra vida se transformará en la medida en que contemplemos lo bueno, y al meditar en la perfección de quien es nuestro divino modelo: El Señor Jesucristo”.

Reprograme su mente

No, no le estoy hablando de Nueva Era ni de filosofías humanistas. Le estoy compartiendo un principio comprobado por la sicología moderna, que no riñe en absoluto con los principios bíblicos: es posible reprogramar nuestra mente.

En la medida que procesamos nuevos patrones de pensamientos, se produce una transformación significativa en nuestra forma de actuar. En criterio de los neurólogos, se trazan nuevas “autopistas neuronales”.

Siglos atrás, el apóstol Pablo dejó sentada esta verdad que hoy la ciencia corrobora. Él recomendó a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

¿Quién nos ayuda en este proceso? Dios. Él nos fortalece y ayuda a alimentar nuestra mente con pensamientos sanos (ver Salmo 10:4; 94:11; 139:23; Proverbios 16.3; 19:21).

Jamás olvide que un cristiano comprometido, mide cuidadosamente lo que piensa. Es un principio de vida. El paso esencial para su crecimiento personal y espiritual. Y usted, ¿en qué está pensando?

Acerca Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es periodista, profesión que ha ejercido por más de treinta años en radio y prensa de su país. Cursó su formación eclesial en el Seminario Bíblico Alianza de Colombia, en donde recibió la Licenciatura en Teología. Ha realizado otros estudios, a nivel superior, relacionados con la Comunicación Social y Ciencias Religiosas. Junto con su esposa, Lucero, son fundadores de la Iglesia Misión Edificando Familias Sólidas (Colombia).

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Un comentario

  1. Juan Carlos Leal Trespalacios

    Totalmente de acuerdo
    Es lo que esta faltando en el liderazgo de la iglesia de hoy.Vemos mucho celos,envidia ymas que todo chisme.Debemos hacer un pare y mirar que estamos atesorando en elcorazon.

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