La vacuna contra el desanimo

b. Resucitado de los muertos (vers. 8b)

He aquí la más grande y poderosa razón para levantar nuestro ánimo. La esposa de Martin Lutero le dijo a su esposo desanimado que Dios no estaba muerto. Esta verdad fue confirmada después por el mismo Jesús cuando dijo que Dios “no es Dios de muertos sino de vivos” (Lucas 20:38).

Pablo le recuerda su discípulo la verdad que cambió la historia, eso es, la resurrección de Cristo. Le dice que no solo se acuerde que Jesús es del linaje de David, por donde viene su mesianismo sufriente, sino que de igual manera le recuerda que Jesucristo es el Mesías reinante, pues venció a la muerte, por lo tanto, ahora contamos con esta seguridad eterna que en los cielos está nuestro Cristo resucitado y eso es garantía de nuestras propias victorias, sobre todo de aquellas donde somos afligidos por las pruebas, las circunstancias. Nadie más pudo estar desanimado que los discípulos cuando vieron que su Maestro había muerto, y con eso se esfumaba la esperanza de sus metas y sueños. Pero la resurrección los cambió en todo.

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c. Dándonos a otros como él se dio por nosotros (verss. 9-10)

Pablo, al considerar a Cristo como su más grande modelo y motivador por su entrega, sabe que la mejor manera de mantener el ánimo en alto es dedicándose a él y trabajando por sus hermanos. Pablo le enseñó a su discípulo Timoteo dos maneras para vencer el desánimo.

Una tuvo que ver con la entrega absoluta que hizo a su Señor, tanto que dijo en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor…” (vers. 9). Y en el otro dice: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos…” (vers. 10). Cuando vemos esta entrega que despierta nuestro muy amado salvador, qué desánimo puede prevalecer en nuestros corazones.

Pero, aún más, cuando pensamos en los otros como Pablo sentía por sus amados hasta soportar lo que fuera, simplemente esas cargas emocionales tan propias de lo que padecemos todos los días, se disipan porque estamos labrando la dicha ajena, trayendo felicidad a los demás que pudieran estar en peores condiciones que la nuestra. El desánimo nos dice que todos deben condolerse de mi, el animar a otros nos coloca en lo que hizo Cristo por nosotros.

CONCLUSIÓN:

Una persona desanimada es como la ilustración del hombre que cayó en un pozo del que no podía salir y pasaron varios tratando de ayudarlo.  Pasó un optimista y dijo: “No estás tan mal. Podrás salir”. Pasó un pesimista y dijo: “¡Qué horror! ¡Nunca saldrás de allí!” Pasó una persona objetiva y dijo: “Es lógico que alguien caiga allá dentro”.

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Pasó una persona autocompasiva y dijo: “¡Usted no ha visto nada hasta que vea mi pozo!” Pasó un legalista y dijo: “Probablemente mereces estar en ese pozo”. Pasó un fariseo y dijo: “Solo gente mala cae en los pozos”. Pasó un carismático y dijo: “Solo confiesa que no estás en el pozo.”

Pasó un oportunista y dijo: “¿Cuánto estás dispuesto a pagar por salir?” Pasó un psiquiatra y dijo: “Vamos a platicar acerca de tu pozo”. Pasó un psicólogo y dijo: “A lo mejor es culpa de tus padres, que estés ahí”. Pasó un moralista y dijo: “Ahora que te has manchado en ese pozo ¿Quién te va a querer?”

Pasó un matemático y dijo: “Quiero calcular cómo caíste en el pozo”. Pasó un periodista y dijo: “Quiero una entrevista exclusiva sobre tu experiencia en el pozo”. Pasó un cienciólogo y dijo: “El pozo solo está en tu mente”. Pasó un terapeuta y dijo: “Cree en ti mismo, y podrás salir del pozo”.

Entonces vino Dios a su encuentro: “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmos 40:2).

En todo el texto que ya hemos predicado encontramos este versículo: “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo” (vers. 7). Es como si también nos dijera: “Dedícate a aplicar todo esto a tu vida y vivirás tus propias victorias, glorificaras al Señor y serás bendición a otros.

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© Julio Ruiz. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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