Un corazón que honra a Dios

El llamado de Cristo al discipulado corre paralelo al llamado que Dios le hizo a Abram. La vida cristiana tiene su costo. “Y a todos les decía: Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23 RVC). Esto implica una renuncia progresiva y continua al egoísmo de una vida centrada en uno mismo, para darle paso a una vida centrada en Cristo y en su obra.

La experiencia del apóstol Pablo fue parecida a la de Abram. Pablo llegó a decir: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8).

El mayor ejemplo de entregarlo todo lo encontramos en Cristo: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9). (cf. Filipenses 2:1-11).

Un corazón que honra a Dios deja todo por Dios.

III. Un Corazón Que Honra A Dios: Obedece A Dios

El mundo postmoderno en que vivimos, las personas se sienten dueñas del mundo y están condicionadas a vivir su propia vida sin importar la opinión de padres, iglesia y sociedad. Y para muchos, la opinión de Dios no cuenta. La biblia es un libro del pasado, arcaico, que debería reescribirse. Su mensaje está fuera de contexto. Y la filosofía que predomina es que a nadie le importa mi vida. Tener fe en Dios, no es necesario. (2 Corintios 4:4).

Claro que el cristiano ha entendido que su vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3). Que ahora no responde a intereses egoístas. Que el orgullo no debe dominar sus sentimientos, ni el odio gobernar su conducta. El cristiano está convencido que sujetarse a los planes de Dios es la mejor decisión que puede tomar en su vida.

El escritor de la epístola a los hebreos ubica al patriarca Abraham, en la galería de los héroes de la fe. Elogia la fe de este hombre, resaltando la obediencia de Abraham al llamamiento de Dios (Hebreos 11:8-10), “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8).

Dios no le dice con claridad a la tierra que le llevaría, pero Abraham decidió arriesgarlo todo. Él le tomó la palabra a Dios. No pidió un GPS ni tampoco explicaciones. No se resistió a entrar a Canaán, a pesar de que estos pueblos eran degradados, idólatras y violentos. Vivió entre ellos como extranjero. Murió creyendo que esas tierras Dios se las entregaría a sus descendientes.

No caben dudas que Dios a veces señala caminos extraños e inexplicables, pero siempre será lo mejor para sus hijos. Y se necesita fe, para creer y obedecer a Dios. Abraham es conocido en la biblia como el padre de la fe. porque creyó contra toda esperanza y porque nunca dudó que Dios sí cumple lo que promete, aunque parezca imposible. “Aun cuando no había motivos para tener esperanza, Abraham siguió teniendo esperanza porque había creído en que llegaría a ser el padre de muchas naciones.” (Romanos 4:18 NTV).

Abraham no sabía a dónde iba, pero, aun así, confió y obedeció a Dios. Este hombre tan humano como nosotros, nos demuestra que la fe genuina es la fe que está dispuesta a la aventura, es la fe que impulsa al creyente a obedecer a Dios por encima de todo lo que pueda reportar seguridad. (Hebreos 11:1).

La incredulidad (antónimo de fe) no da un paso sin explicaciones previas; pero la fe no calcula: confía. La fe arriesga. Intenta algo nuevo. Dios anda buscando corazones de fe rendidos a Él, que se arriesguen hacer su voluntad, aun cuando el mundo ni los acepte, ni los entienda.

Un corazón que honra a Dios obedece a Dios.

CONCLUSIONES

El mundo de hoy necesita hombres que tengan un corazón que honra a Dios. Dios desea usar a hombres, que a pesar de las presiones de la vida y de las tendencias modernas, estén dispuestos a oír su voz y darle al Señor la prioridad en su vida; y vivir por fe y en obediencia a su planes y propósitos. Conscientes de que Dios todo lo que promete lo cumple a su debido tiempo.

Un mundo enfermo necesita una iglesia saludable. Un mundo infestado de herejías necesita una iglesia firme en la verdad absoluta de Dios. Un mundo secularizado, frío y pragmático, necesita una iglesia llena del Espíritu Santo.

Por lo tanto concluyo con esta afirmación. “Un corazón que honra a Dios: está listo a oír su voz; dejarlo todo para honrar a Dios y está dispuesto a obedecerlo, aun cuando su obediencia parezca una locura.”

Llamado para salvación

© David N. Zamora. Todos los derechos reservados.

Central de Sermones… Predicas Cristianas

Acerca David N. Zamora

Ministro Ordenado de las Asambleas de Dios, Pastor Principal de la Iglesia Misionera, A.D.,Inc., Tampa, Florida, EUA. Siendo muy joven comienza a servir al Señor en la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios), de Las Tunas, donde se desempeña como maestro bíblico desde el año 1978. Su intensa y activa labor Pastoral en Cuba comienza en Enero de 1991. En abril de 1996 se gradúa de Bachiller en Teología y Biblia, por los Estudios Dirigidos de Superación Bíblica (EDISUB) de las Asambleas de Dios en Cuba. Obtiene su Licenciatura en Teología por medio del Instituto de Superación Ministerial de las Asambleas de Dios de América Latina (ISUM). El Pastor Zamora lleva mas de 42 años de casado con su esposa Raquel González. De esta unión matrimonial nacieron dos hijos: Merlyn David y Otoniel Zamora, quienes se desempeñan activamente, como Ministros de Música y Predicadores del evangelio de Jesucristo.

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