Jesús restaura corazones rotos

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Jesús restaura corazones rotos

Predicas Cristianas Texto Biblico: Lucas 7:11-17

Introducción

Nunca se espera que los padres entierren a un hijo o hija—sin importar su edad. Se cree que los hijos deberían sobrevivir a sus padres. Los que somos padres esperamos ver a nuestros hijos crecer, desarrollarse, casarse y tener hijos propios, antes de que salgan de nuestras vidas.

Hoy quiero hablarte de una mujer que tuvo la amarga experiencia de que su corazón se rompiera en pedazos, al experimentar el dolor de la muerte, al perder primero a su esposo y luego a su hijo, que era lo único que tenía en la vida.

Sólo el evangelista Lucas es el que incluye esta historia relacionada con la vida pública de Jesús y su encuentro con la viuda de Naín. Así que les invito a que valoremos varios detalles interesantes que encontramos en esta historia.

1. DUELO Y SUFRIMIENTO

Cuando llegó (Jesús) cerca de la puerta de la ciudad (de Naín), he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad” (Lucas 7:12).

Para el tiempo de Jesús las viudas figuraban en la lista de los más pobres de la sociedad judía junto a los huérfanos y a los extranjeros. De manera que estamos hablando de una familia pobre y necesitada que vivía en una pequeña ciudad de galilea.

Para hacer más patético el cuadro, se suma ahora otro dolor más intenso, su único hijo muere. [Pierde lo único que tenía]. Me imagino que sería un joven con una vida por delante, con sueños y retos. Se convertiría en el sustento, gozo y esperanza de su madre.

No caben dudas que estamos frente a un cuadro realmente triste y descorazonador. Se está hablando de una mujer, viuda, ahora sin hijo y para más de la región de galilea.

Hoy es muy común oír: perdí mi empleo, golpearon mi auto y el seguro no me quiere cubrir los daños, no me alcanza para pagar el mortgage, perdí el gran amor de mi vida, murió mi madre, me diagnosticaron cáncer, mi hijo perdió la universidad y cayó en las drogas; mis relaciones en la familia son cada vez más tensas; sufro depresión y el estrés me está matando. ¿Qué más me espera en esta vida?

Si José el patriarca viviera hoy, podría decirnos que sus hermanos lo quisieron matar; lo vendieron como esclavo; la mujer de su jefe en Egipto quiso obligarlo a tener sexo con ella y por negarse, fue a parar a la cárcel sin causa alguna.

Pero José tuvo la capacidad de entender que los planes de Dios son superiores a todas las estrategias de satanás y de sus agentes. Él supo comprender que Dios cambia los planes de satanás y sus demonios para bien de los que le aman.

Les dijo a sus asustados hermanos: Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” (Génesis 50:20).

Es bueno saber que Dios no se deleita en nuestros sufrimientos, Él usa cada tribulación de nuestra vida para lo mejor. Pidámosle a Dios que nos ayude a entender al igual que José, que las adversidades que enfrentamos no van a interrumpir el curso de nuestra nueva vida en Cristo, ni van a impedir que Dios cumpla sus propósitos en nuestras vidas y familias, y la iglesia.

La biblia dice claramente: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).

Lucas significa en su historia que la viuda iba acompañada de mucha gente. Gente que pronto se iría a sus casas y a cumplir con sus obligaciones. Ella quedaría sola confrontando su dolorosa realidad: había perdido lo único que tenía.

Qué difícil es enfrentar la soledad. Llenar un vacío. Superar el olvido. Combatir el miedo. Luchar contra la depresión. Resistir en el desierto. Amar en la traición. Todo esto parece imposible.

Pero los cristianos debemos descargar toda nuestra ansiedad en Dios y recordar la promesa bíblica que dice: Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.” (Salmo 55:22). “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque Él cuida de ustedes.” (1 Pedro 5:7 NTV).

2. COMPASIÓN DE CRISTO

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.” (Lucas 7:13).

En el Oriente Medio los entierros se efectuaban poco después de que las personas mueren. Usualmente el mismo día. De ser así, Jesús estaría llegando a Naín al atardecer.

Lo que me enseña que el Señor siempre llega justo a tiempo. [Lázaro de Betania (Juan 11); Gálatas 4:4]. Todo ocurre en el tiempo de Dios. Jesús no llegaba a la ciudad por casualidad o coincidencia.

Dice Lucas que “cuando el Señor la vio, se compadeció de ella”. A Jesús se le conmovió el corazón al ver el dolor y el sufrimiento de aquella madre. Sintió compasión tanto por su dolor como por la situación desamparada en que había quedado.

Los evangelios testifican de que Jesucristo, el Hijo de Dios, que es Dios, en varias ocasiones se compadeció de las multitudes. (Mateo 14:14; 15:32; 20:34; Marcos 1:41; 8:2). Dice Lucas que el Señor se conmovió al ver la triste condición de aquella pobre mujer.

Los filósofos de la antigüedad [los estoicos] creían que la característica principal de Dios era la apatía, la incapacidad para sentir. Creían que Dios era insensible a las necesidades humanas.

Pero el Dios de la biblia es un DIOS PERSONAL. La biblia asegura que “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” (Salmos 103:13).

Demasiadas veces miramos a Dios sólo como Juez y dador de la ley, y nos olvidamos de que su compasión y preocupación por nosotros es eterna. Nunca olvidemos que cuando Dios examina nuestras vidas, recuerda nuestra condición humana. Que somos frágiles, pero Él es fuerte.

Jesús consuela a la mujer diciéndole No llores. Estas palabras que brotaron del corazón compasivo de Cristo sorprenderían a aquella madre desconsolada. Cómo no llorar por un hijo joven que acaba de morir y que lo voy a enterrar. Pero quien decía No llores, tenía todo el poder para cambiar aquellas circunstancias.

No llores por que todo va a cambiar; todo va a estar bien. No llores porque este cuadro lóbrego y triste será transformado en un cuadro de gozo y alegría.

No llores porque el dador de la vida está aquí para vencer la muerte. No llores por un hijo difunto, porque pronto lo recibirás vivo de nuevo [1].

Creo firmemente que el Señor sigue llegando justo a tiempo para compadecerse de todos aquellos corazones rotos y afligidos que no encuentran una respuesta. El sigue diciendo sobre tu enfermedad, sobre tus conflictos en el hogar, sobre tus crisis espirituales: No llores.

3. EL MILAGRO DE LA RESURRECCIÓN

Lucas sigue diciendo: “Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.” (Lucas 7:14). Generalmente el cadáver era envuelto en sudarios y puesto en una estructura plana, semejante a una camilla, llevado por cuatro voluntarios que se turnaban hasta llegar al lugar de la sepultura.

Cristo “acercándose, tocó el féretro”. Nadie le pidió que hiciera algo por aquella mujer, fue su propia iniciativa. De igual manera tomó la iniciativa de morir en la cruz por nuestros pecados y al poner nuestra fe en su sacrificio, alcanzamos el perdón de nuestros pecados. El apóstol Juan dice que Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” (1 Juan 4:19).

Jesús tocó el féretro, no temió a la peor de todas las contaminaciones que era el contacto con un muerto.[2] Él mostró su autoridad sobre la ley. Prefirió ayudar a la viuda, antes que mantenerse ceremonialmente limpio (Número 19:11, 16) [3].

El Señor nos dio una tremenda lección de vida. Cuando queremos bendecir a alguien tenemos que asumir riesgos y desafíos, que a veces, rompen con patrones religiosos establecidos. El evangelio que predicamos encuentra espacios naturales cuando nos interesamos sinceramente por la gente.[4]

Cuando Jesús tocó el féretro se detuvo el cortejo fúnebre, y le dijo al joven: “Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.” (Lucas 7:14-15).

Cuando la multitud que venía siguiendo a Jesús y la mucha gente que acompañaba a la viuda vieron a Jesús resucitar al joven, dice Lucas que “todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo.” (Lucas 7:16). La gente tal vez lo asociaron con los profetas Elías y Eliseo que resucitaron niños en el AT, pero Jesús era más que un profeta, es el Hijo de Dios, es Dios mismo.

Jesús no obró aquel milagro como una demostración de su poder sobre la muerte; sino que restauró social y espiritualmente a la mujer, en un acto poderoso de humanidad y misericordia. La muerte le había arrebatado a aquella mujer el único patrimonio que tenía, pero Jesús el dador de la vida, se lo devolvía.

La resurrección del hijo de la viuda ilustra magistralmente nuestra experiencia espiritual con Cristo. Al estar muertos en nuestros delitos y pecados, nada pudimos hacer por nosotros mismos, ni siquiera pudimos pedir ayuda. Pero el corazón de Dios sobreabundó en compasión y envió a Jesús para darnos vida por medio de Él. (Efesios 2:4-7).

El hijo muerto de la viuda no se ganó una segunda oportunidad a la vida, nosotros tampoco ganamos la nueva vida en Cristo, la alcanzamos porque somos salvos sólo por gracia. Y debemos aceptar ese regalo de Dios, alabarlo con gratitud y usar nuestra vidas para cumplir su voluntad.

CONCLUSIÓN

Esta historia nos ilustra vívidamente el dolor y la angustia de la vida humana en toda su expresión, pero al mismo tiempo Lucas superpone a lo patético de la vida, la compasión de Cristo, y el poder del Señor sobre la muerte.

Cuando sientas que has perdido lo único que tienes, recuerda que aun sigues siendo un hijo de Dios y Él sigue pensando en ti.

¿A quién vas a buscar cuando sientas que tu corazón se ha hecho mil pedazos? ¿En quién vas a poner tu confianza y esperanza?

Mi consejo es: “Cuando pierdes lo único que tienes, Jesucristo tiene la mejor respuesta”

Llamado a Salvación

[1] Henry, M., & Lacueva, F. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry (p. 1282). 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.

[2] Edersheim, A. (2009). Comentario Bíblico Histórico. (G. P. Grayling & X. Vila, Trads.) (p. 886). VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA: Editorial CLIE.

[3] Nuevo comentario ilustrado de la biblia. (2003). (p. 1233). Nashville: Editorial Caribe.

[4] Cevallos, J. C., & Zorzoli, R. O. (2007). Comentario bíblico mundo hispano, Tomo 16: Lucas (p. 150). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

© David N. Zamora. Todos los derechos reservados.

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Acerca David N. Zamora

David N. Zamora
Ministro Ordenado de las Asambleas de Dios, Pastor Principal de la Iglesia Misionera, A.D.,Inc., Tampa, Florida, EUA. Siendo muy joven comienza a servir al Señor en la Iglesia Evangélica Pentecostal de Cuba (Asambleas de Dios), de Las Tunas, donde se desempeña como maestro bíblico desde el año 1978. Su intensa y activa labor Pastoral en Cuba comienza en Enero de 1991. En abril de 1996 se gradúa de Bachiller en Teología y Biblia, por los Estudios Dirigidos de Superación Bíblica (EDISUB) de las Asambleas de Dios en Cuba. Obtiene su Licenciatura en Teología por medio del Instituto de Superación Ministerial de las Asambleas de Dios de América Latina (ISUM). El Pastor Zamora lleva mas de 42 años de casado con su esposa Raquel González. De esta unión matrimonial nacieron dos hijos: Merlyn David y Otoniel Zamora, quienes se desempeñan activamente, como Ministros de Música y Predicadores del evangelio de Jesucristo.

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