La obra del Espíritu de Dios

El Espíritu Santo nos llena del poder de Dios y nos fortalece para que no peleemos con nuestras fuerzas, sino con el poder de Dios en nuestra vida. Repite ahora conmigo, sin la presencia de Dios no somos nada. La batalla no se gana peleando con fuerza, no con nuestras fuerzas, se gana estando en la presencia de Dios, se gana cuando estamos postrados a sus pies y confiando en su poder en nosotros.

El Espíritu de Dios nos llena del poder del Señor para hacernos más que vencedores ante cualquier circunstancia, ante cualquier enemigo. Somos vencedores en el nombre del Señor, por lo tanto no debemos temer, sino gozarnos en su poder.

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5. Espíritu de amor (1 Juan 4:18)

El espíritu que Dios nos ha dado también es un espíritu de amor. Dice su palabra que en el amor no hay temor. Cuando Dios nos amó no escatimó ni a su propio hijo, fue tan grande su amor que se desprende de su gloria en el cielo para que viniera a este mundo de pecado para morir por los pecadores. 

De la misma manera el espíritu que Dios nos ha dado no tiene temor cuando entregamos nuestra vida para servirle sin reservas. El amor de Dios nos llena y permite que ese mismo amor se manifieste a los demás a través de nuestro servicio. Ahora nos dedicamos al servicio del Señor predicando, ayudando al necesitado, sintiendo el dolor de los hermanos en la fe, porque tenemos el amor de Dios en nuestra vida. 

Este amor no es como el que da el mundo, este es un amor verdadero, un amor genuino. No tememos entregar ese amor, no tememos lo que pueda pasar, porque lo hacemos en el nombre del Señor a quien entregamos todo nuestro ser.

6. Espíritu de dominio propio (Gálatas 6:4)

Dios nos ha dado también dominio propio. Somos llamados por Dios para que no andemos como los demás hombres, dando libertad a los deseos de la carne, sino para que sujetemos esos deseos en su nombre y vivamos para Él.

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Luchar contra la carne no es fácil, pero con el poder del Espíritu Santo en nuestra vida, con sus dones, es posible luchar contra nosotros mismos y rendir todo nuestro ser a la voluntad de Dios. Con el poder del Espíritu Santo podemos sacrificar nuestro propio ser para ser santos, para ser puros y presentarnos delante de Dios y ser de su agrado.

Debemos buscar la obra de Dios, ya que sin la presencia de Dios no somos nada. Debemos buscar su voluntad perfecta, entonces su gloria se manifestará a nuestra vida, cuando no busquemos satisfacernos, sino solo al Rey de Reyes. Esto se logra gracias al poder y al amor de Dios en nuestro corazón que nos permite ya no querer nada para nosotros más que su presencia en nuestra vida. Lo único que queremos ahora es adorarle en espíritu y en verdad.

Sometamos pues nuestro cuerpo, nuestra mente y todo nuestro ser a la voluntad perfecta de nuestro Padre. Obremos para su gloria y honor y a su tiempo recibiremos la corona de justicia que nos está esperando en el cielo.

Conclusión

Dios no nos ha llamado a la cobardía. Dios no nos ha llamado para escondernos. Dios nos ha llamado para que peleemos la buena batalla de la fe, Dios nos ha llamado para ser radicales y que cumplamos su plan perfecto para nuestra vida. 

Hemos sido llamados a predicar, hemos sido llamados a ser adoradores, hemos sido llamados a ser hijos de Dios. Cada uno de sus hijos tenemos un don especial que Él quiere que se mantenga encendido, que nos mantengamos con ese fuego quemando nuestro ser. 

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Pero Dios no nos deja solos, sino que envía a su Espíritu Santo para fortalecernos. Cuando el Espíritu de Dios viene a nosotros recibimos poder de Dios, recibimos de su amor y recibimos dominio propio. Esto nos permite ya no vivir para nosotros sino para Dios, cumpliendo su llamado. Buenos dias bendiciones.

© Julio Torres. Todos los derechos reservados.

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Acerca Julio Torres

Siervo de Jesucristo, y amante de la palabra de Dios.

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