La acción del hijo pródigo

Lo que Dios nos pide no siempre es lo que queremos, si estamos en el mundo, si amamos lo material o el pecado. Pero si eso lo que Dios quiere debemos cumplirlo. La mujer se fue agradecida y seguramente no pecó más, pero el joven se fue y quizá no hizo lo que el Señor le pidió, porque amaba más sus riquezas que hacer la voluntad de Dios.

Lo que sí es verdad es que debemos tomar acción en lo que Dios nos pida. Cuando Moisés leyó la ley delante del pueblo se las presentó y el pueblo debía tomar acción y elegir a Dios o no servirle. El hijo pródigo también tomó acción, se vio hundido en pecado y decidió regresar a su padre.

Encontramos el punto de la ruptura cuando decidió alejarse, pero encontramos el punto de la restauración cuando decidió regresar a su padre. No fue consciente de su situación y se quedó haciendo lo mismo, sino que supo que debía cambiar y humillarse ante su padre.

Dios quiere que nos demos cuenta que sin Él no somos nada, pero quiere que actuemos, que nos volvamos a Él y nos arrepintamos de nuestros malos caminos, para que pueda Él recibirnos con amor y bendecirnos. Cuando nos arrepentimos y regresamos a Dios humillados Él se agrada y movemos la misericordia del Señor.

5) Confesión ante el padre del hijo pródigo

Dice la palabra que el padre cuando vio al hijo que regresaba, aún de lejos fue movido a misericordia. Movemos la misericordia de Dios cuando nos humillamos, cuando nos tragamos el orgullo, cuando decidimos no vivir más para nosotros sino vivir para Él.

Este hijo regresó a donde pertenecía, a la casa de su padre. Así Dios quiere que volvamos a donde verdaderamente pertenecemos. No pertenecemos al mundo, estamos en el mundo pero no somos del mundo.

No pertenecemos al pecado, Dios quiere que la relación que tengamos con Él sea pura, por eso envió a su hijo para que nuestros pecados fueran borrados. No pertenecemos a la escasez, al dolor, a la enfermedad, pertenecemos a Dios, al proveedor, al sanador, al libertador. 

Si pertenecemos a Dios volvamos a Él, regresemos a la adoración, a la lectura de la palabra, regresemos al servicio, regresemos a su presencia. No pertenecemos a estar lejos de Dios, pertenecemos a su presencia y a la comunión con su Espíritu. Es ahí a donde debemos encaminar nuestros pasos, es ahí donde encontraremos la bendición del Señor.

6) El recibimiento del hijo pródigo

El padre al ver a su hijo que regresa no le recrimina por que se alejo, no le hace ni una sola pregunta, sino que se prepara para recibirle y hace fiesta pues su hijo regresa. Lo que hace el padre es vestirlo, le coloca un vestido nuevo, zapatos en sus pies y un anillo. Este anillo simboliza la autoridad que le fue dada por el padre. 

Quizá el hijo pródigo pensó que su padre le castigaría, que no lo dejaría entrar o que simplemente lo ignoraba, pues se alejó sin razón de su padre. Pero el padre en lugar de eso hace fiesta, matan un becerro gordo y celebran el regreso del que se había perdido. Dios hace fiesta en el cielo cuando un pecador se arrepiente. 

Seamos como el hijo pródigo, volvamos a la casa de nuestro padre y postrados confesemos nuestro pecado, confesemos que hemos pecado contra nuestro Padre, quizá toda la vida, pero que el tiempo de acercarnos a Él ha llegado. Seamos como este joven que tuvo el valor de abandonar su inmundicia y humillarse ante su padre, quien no le rechazó sino que le recibió con gusto.

Dios nos recibirá con gusto, con bien, con los brazos abiertos, con su amor eterno. Dios nos recibe en su reino, aunque hayamos estado lejos de Él, lo que le interesa es que le reconozcamos y que estemos con Él en su casa para siempre.

Conclusión

Dios está llamando en estos últimos tiempos a las personas para que regresemos a sus pies. La fiesta está preparada, confesemos nuestro pecado delante de Él y empecemos el cambio, empecemos a vivir para Él. Nos pondrá un anillo en la mano y vestidos nuevos para hacernos distinguir como hijos suyos. Pondrá también calzado en nuestros pies para que caminemos con Él por sus sendas.

Podemos pasar de estar codiciando la comida de los cerdos a comer un becerro gordo en la fiesta que el Señor prepara para nosotros, es cuestión de que tomemos la decisión y actuemos humillados delante de Dios, humillados delante de nuestro Padre celestial.

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