El medicamento divino

Ninguna persona pondría un frasco con remedio en el bolsillo esperando que eso le sane

Espiritualmente hablando, algunas personas lo hacen, lloran, oran y le piden a Dios que los sane, pero se olvidan del remedio durante la semana pues se tomaron una dosis el domingo cuando van a la iglesia, y esto es porque no entienden cómo puede afectar sus cuerpos físicos el poner la palabra de Dios en sus corazones, no ven cómo algo espiritual puede cambiar algo natural.

Dios ya no tiene que hablarnos con voz de trueno pues vive en los corazones de los creyentes, así que nos habla desde adentro, y cuando se trata de asuntos como la sanidad, ni siquiera tenemos que esperar que Él hable pues ya ha hablado (Éxodo 15:26; Santiago 5:15; 1 Pedro 2:24).

Dios ya hizo lo suyo, ahora debemos hacer nuestra parte, tomar la palabra de Dios y ponerla en nuestro ser interior para que nos cambie desde adentro (Mateo 12:35), y eso significa que si queremos que nuestro cuerpo mejore, hoy debemos empezar a cambiar nuestro interior tomando la palabra de Dios de Dios para depositarla en nuestro corazón, y si la enfermedad ataca su cuerpo, podrá recurrir a la palabra de Dios de sanidad de su interior, y echar fuera esa enfermedad.

Comience a hablar con palabras de sanidad, de vida, de fe, y de esperanza, nunca más con palabras de enfermedad, aflicción, o desánimo, (Romanos 10:10-11).

Abraham fue por todos lados llamándose a sí mismo padre de una nación grande durante años, aunque ya era viejo y no había tenido hijos. ¿Por qué lo hizo?, porque creyó (Romanos 4:17), estaba convencido de que Dios era poderoso para hacer todo lo que había prometido; no estaba tratando de creerle a Dios, ni estaba pensando en lo que le había dicho, sino que había establecido la palabra de Dios en su corazón, y esa Palabra se hizo más real para él que las cosas que podía ver.

Si todavía no tiene esa fe para recibir sanidad, permanezca en la palabra de Dios hasta que la tenga (Romanos 10:17)

Lea, estudie, medite, y escuche la palabra de Dios de Dios sobre la sanidad hasta que sea más real que los síntomas de la enfermedad, no se tambalee por incredulidad y sea como Abraham que nunca dudó (Romanos 4:20-22).

Tenga esa clase de fe en la medicina divina, entienda que cuando empieza a tomarla se inicia el proceso de sanidad, tome la determinación de continuar firme en la palabra de Dios hasta que pueda ver y sentir los efectos del poder sanador de Dios, y si el diablo le sugiere duda e incredulidad, o que la palabra de Dios no está dando resultados, reprenda esos pensamientos (2 Corintios 10:5).

Diga en voz alta: Reprendo al diablo, lo ato y le prohíbo entrar en mi mente. No voy a creer sus mentiras. Dios ha enviado su Palabra para sanarme, y su Palabra es verdad. Esa Palabra empezó a obrar en mi cuerpo desde que la creí, mis días de enfermedad se han terminado pues Jesús llevó mi enfermedad a la cruz, y fui hecho libre para siempre.

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca Ricardo Hernandez

Servidor de nuestro Señor Jesucristo. Entregue mi vida a Cristo hace más de 20 años, y me gusta compartir los mensajes cristianos que Dios pone en mi corazón.

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