¿Adorador o cantante?

Adorar en verdad

La verdad que nos ha hecho libres busca una manifestación real a través de nosotros (Juan 8:38). «Porque el Señor es el Espíritu; y dónde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.» (2 Corintios 3:17). La expresión más fuerte de la presencia de Dios se ve como resultado de la obra de la Verdad en la vida de quien  adora.

Esa misma presencia santa sobrepasa la capacidad de guardar y esconder del alma humana y necesariamente se expresa conduciendo a otros al mismo y único lugar de adoración. Sin las presiones del acta que nos era contraria, la libertad en Cristo habilita a ministrar: “entrar en Su Presencia y sacar lo que Él da para Su pueblo”.

Por el contrario, la existencia de “embajadas” del enemigo en nuestra vida dará como resultado un liderazgo que se pierde y una vida personal que se seca. Recordemos la increíble preparación del Sumo sacerdote antes de entrar al Lugar Santísimo y las consecuencias de entrar sin estar en condiciones de hacerlo.

El conflicto con el resto del liderazgo.

Es común ver cómo la falta de un liderazgo sano en el área Adoración produce inmediatamente roces con el resto del liderazgo. Todo esto como consecuencia de lo expresado más arriba. Los que en verdad buscan ser los adorares que el Padre busca, experimentan un marcado celo de aquellas cosas que les han sido confiadas. Y no quieren tener que pagar en sus vidas y ministerios las consecuencias de esto.

¿Cuántas veces se le entrega al predicador sin “ambiente” para hacerlo? Como resultado se genera tirantez entre el resto del liderazgo porque obliga a hacer un doble trabajo para poder entregar la Palabra de Dios al pueblo. Y el predicador debe echar mano a su propia relación con Dios para hacer algo que ya debería estar hecho. Debe “levantar” la reunión, cuando se supone que hemos estado en lo más alto de la Presencia misma de Dios.

¿Cuántas discusiones y peleas se originan justo antes del inicio de la reunión? Es evidente que intentar no perder protagonismo da como resultado un caos en el manejo de las responsabilidades compartidas. Y a pesar de esas discusiones y peleas hay que seguir por que el pueblo esta esperando. Casi siempre la discusión tiene base de protagonismo o de conflicto de autoridad.

¿Cómo es la predisposición del líder cuando no es él el que está a cargo de la reunión? Una de las mejores maneras para saber si un líder es bueno, es dejarlo afuera por un tiempo, y hacer que otros hagan su labor. Si hay un liderazgo sano no debería haber conflictos y sería una bendición para el pueblo ver cómo crece la línea de participación en cada uno de los ministerios. Si por el contrario no soy capaz de estar sin hacer nada, es porque en el fondo estoy convencido que el único que lo hace bien soy yo mismo.

¿Tiene todavía ese líder poder de convocatoria, es decir quieren los músicos aún estar con él?

Cuando el líder del grupo de Alabanza convoca, ¿viene alguien?, si bien es cierto que el líder debe ministrar con poder en la vida de los músicos para formar un ministerio sano en la iglesia, también es cierto que si el líder no tiene ya poder de convocatoria, no hay posibilidad de hacer nada.

¿Cómo podrá exponer su plan, su necesidad de cambio, su experiencia de vida, si ya nadie le cree de aquellos que están con él? En cualquier ámbito de la vida quién pierda el poder de convocatoria ha perdido el poder de lo trascendente.

¿Tiene él una vida espiritual que le avale para hacer exhortar a los músicos a hacer los ajustes necesarios en cada vida? Es decir, ¿es irreprensible como manda la Escritura? ¿Puede mostrar con sana honestidad lo que Dios esta haciendo en su propia vida y que lo ampara para poder enseñar a otros?

Si el líder no experimenta un crecimiento espiritual no podrá nunca ser el medio que Dios use para corregir a los músicos. Éstos tienen que saber que el líder “sabe”, “conoce” y ha “experimentado” todos los males de ser músico, y los ha ido poniendo en el altar de Dios.

¿Los demás líderes sienten la adoración como algo espiritual?

No siempre hay consenso entre los pares, especialmente cuando este consenso incluye mucho de protagonismo personal. Pero cuando la vida del ministro  de adoración es espiritual, los demás líderes con gusto se dejarán guiar hacia la presencia de Dios. Y eso es porque todos quieren ir a ese lugar, porque allí es donde todos sienten que se afirma el ministerio que Dios ha dado a cada uno.

Apenas una conclusión:

Lo que haga la carne me producirá rechazo, siempre y cuando esté crucificando mi carme cada día. Lo que haga el Espíritu producirá en mí la paz del Señor y con alegría voy a recibirla porque todo mi ser interpreta que viene de parte de Él, sin importar el mensajero o el medio.

Pero la carne disfrazada de espíritu abre la puerta al  enemigo y cierra el camino a la presencia mismo de Dios. ¡Que Espíritu Santo de Dios nos instruya, modifique y haga quemar en nosotros cualquier posibilidad de que esto nos acontezca! Corrigiendo la actitud Reconozca que ha fallado Vaya a Dios con corazón abierto buscando más de Él.

Déjese ministrar por aquellos que están en autoridad espiritual Ore y ayune estudie con ahínco y perseverancia. Dedíquele tiempo a planear y respete los planes. Prométase no hacerse trampas Ud. mismo, ni busque excepciones que lo beneficien. Siéntese y mire a otros como lo llevan a Ud. al lugar más hermoso de todos. Empiece de nuevo con la lista cada vez que vea que ha perdido el rumbo.

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