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Las tres realidades del pecado

(1 Juan 1:8-10)

INTRODUCCIÓN:

Un predicador acababa de invitar a sus oyentes a buscar de Dios, cuando un joven exclamó:

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-Usted habla del peso del pecado. Yo no lo siento ¿Cuánto pesa? Veinte kilos, cien kilos-.

-Dígame

-le pregunto el predicador

-, si usted pusiera un peso de cien kilos sobre el pecho de un hombre muerto, -¿Lo sentiría el?

No, ya que esta muerto -Contestó el joven.

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El predicador prosiguió: -Pues bien, el hombre que no siente el peso del pecado está espiritualmente MUERTO.

El pecado no se siente como un peso colocado en nuestras espaldas, pero  cuando somos librados de él notamos que una gran carga ha sido quitada. El pecado es una realidad, no podemos ocultar su presencia ni ignorar sus efectos. Si bien a veces no nos percatamos de él, quizás por una conciencia que se ha cauterizado, esto no minimiza el poder que ejerce en nosotros. Dios le dijo a Adán que el día que comiera del árbol de la “ciencia del bien y del mal” moriría, y en efecto eso sucedió (Gn. 3).  Nuestros padres comieron del fruto prohibido y ahora todos morimos. La muerte física y espiritual es el resultado del pecado. Toda vida antes de conocer a Cristo esta muerta en sus delitos y pecados.

El pecado sacó a Luzbel del cielo y lo convirtió en Satanás junto con todos sus demonios.

El pecado sacó a nuestros  padres Adán y Eva del Edén y los convirtió en una raza pecadora.  Pero lo que ha sido más grande, el pecado  hizo que Dios ofreciera a su propio Hijo como el único Cordero que podía quitar el pecado del mundo. Así, pues, el pecado es una realidad en la tierra. No en vano la misma palabra nos dice que la tierra gime con dolores de parto a causa del pecado mismo (Ro. 8:20, 21). Juan nos habla en su primera carta, como en ninguna otra, acerva de la realidad del pecado, y la necesidad de andar en la luz y en confesión para tener victoria sobre el. Hoy nos enfocaremos en las tres realidades del pecado.  ¿Cuáles son?

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I. HAY UNA REALIDAD ACERCA DE LA NATURALEZA PECADORA EN CADA SER HUMANO

1. “Si decimos que no tenemos pecado… v. 8ª.

¿Y puede haber alguien que diga esto? Pues así parece. Aunque es cierto  que hay hombres honestos que siempre reconocerán sus pecados, y su naturaleza inclinada hacer lo malo, hay otros  que consideran que no son pecadores, sino que lo que hacen es el resultado de un acondicionamiento ambiental.  De esta forma podemos ver que será muy fácil echarle la culpa de nuestros males a alguna herencia biológica, al temperamento con el que nacimos, o simplemente a algún defecto paterno. Otros optan por echarle la culpa a aquellos que lo indujeron a pecar, de tal manera que lo que hoy viven  es el resultado de una conducta  inducida. Esto hace, pues, que  muchos crean que no tienen responsabilidad por sus pecados. Pero la verdad es que el pecado esta en nuestro ADN. Nacemos  bajo una condición de pecado. Un niño pronto revelará un carácter que necesita ser corregido. Descubrirá que puede  pegarle a otro como mecanismo de defensa.  La razón de esto es porque fuimos concebido en pecado.

2. “Nos engañamos a nosotros mismos…” v. 8b.

El engaño es tan viejo como el mundo mismo. Recordemos que fue Satanás, el padre de esa criatura, quien desde el principio lo usó para la caída del hombre, y hasta el día de hoy lo usa para todos sus fines. Y de todas las formas de engañarse, la peor de ellas es cuando Juan habla del hombre que dice que no tiene pecado al justificarse a si mismo, dejando la impresión  que son otros los que tienen  pecados. Hay tres personas que al final descubren nuestra capacidad para engañar. La primera persona de la que hablamos es Dios, quien jamás puede ser burlado (Ga. 6:7). Recordemos que uno de sus grandes atributos es la  omnisciencia, sabiendo todas las cosas. El otro es mi prójimo, quien si bien es cierto podrá ser engañado por un tiempo, al final también reconocerá  que lo que digo o hago no pasa la prueba de la transparencia. Pero lo peor será dejar que el pecado nos siga engañando a nosotros mismos. Eso no es amarse a si mismo. Recordemos que este también es un mandamiento. Esto nos hace ver  que el engaño no es sostenible en el tiempo, porque pronto se descubre.

3. “La verdad no esta en nosotros” v. 8c.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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