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Las tres realidades del pecado

El sabio hace muchos años atrás había dicho sobre la verdad dos cosas que deben ser consideradas para meditar pausadamente. Uno de ellas dice: “Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará? (Pr. 20:6). Los hombres de verdad parecen ser escasos; y si en los tales hay un dominio del pecado, la verdad huirá siempre de ese hombre. Por otro lado, el mismo sabio recomienda: “Compra la verdad, y no la vendas…” (Pr. 23:23).  La verdad es la que nos hará hombres de bien, de rectitud y de probada honestidad. Hay otras cosas que usted podrá venderlas como su bien preciado, pero jamás venda la verdad. Eso es lo que lo hará diferente a los demás. Juan nos dice que la verdad no puede habitar en un corazón que presume  no tener pecado, confiado en su justicia personal. Tal actitud lo descalifica para ser recipiente de la verdad. Fue Jesús quien dijo que la verdad nos haría libres (Jn. 8:32).  De esta manera se puede decir que quien vive en la verdad reconoce que es pecador, pero con la diferencia  que sus pecados han sido perdonados.

II. HAY UNA REALIDAD ACERCA DE LA PRÁCTICA DEL PECADO EN CADA SER HUMANO

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1. “Si decimos que no hemos pecado…” v. 10ª.

Ahora Juan hace un ligero cambio para seguir tratando el asunto del pecado en el creyente. Su énfasis se enfoca en la práctica del pecado. Una cosa es decir que no tenemos pecado y otra es que no hemos pecado. La una tiene que ver con la naturaleza del pecado, mientras que la otra se enfoca en la acción del pecado. Hay hombres que dicen que no han pecado o que no cometen pecado. La confianza en sus propias obras, así como en su propia justicia, pareciera hacerlos inmunes para cometer pecado. Pero la verdad es que la actividad del pecado es un hecho notorio en cada hombre. Sin bien es cierto que en algunos es más visibles que otros, al final todos cometemos pecamos de omisión o de comisión. Pecamos de pensamientos, palabras o de hechos. Fue Pablo, quien hablando de la obra del pecado en su propia vida, dijo: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” (Ro. 7:15). ¿Nos parece esto familiar? En su comentario Pablo admite no solo la realidad del pecado, sino la manifestación del pecado en cada creyente.

2. “Le hacemos a él mentiroso” v. 10b.

Negar que no hemos pecado como algunos maestros durante el tiempo de Juan pensaban, es decirle a Dios que todo lo que ha dicho de nosotros como seres caídos y pecadores, es mentira. En uno de los salmos se afirma la condición del hombre pecador de la siguiente manera: “Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (Sal. 14:3). Y Pablo lo afirma de otra manera: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). Tratar a Dios como mentiroso constituye una flagrante blasfemia. Esto es lo que Juan advierte. ¿Y sabe usted lo que significa cometer este pecado? ¿A qué se expone una persona que llame a Dios mentiroso? pues nada menos que al juicio divino. Jesús habló con mucha contundencia sobre  la blasfemia contra el Espíritu Santo.  Y en efecto cuando alguien no admite sus pecados y rechaza la obra del calvario, se expone al juicio de Dios, pues la Biblia dice: “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”. Así que esta advertencia va contra todos aquellos que no reconocen sus pecados delante de Dios.

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3. “Su palabra no está en nosotros” v. 10c.

Bueno, Juan toca el resultado final de aquel que sostiene que no ha cometido pecado, diciendo que la palabra de Dios no está en nosotros. Esta es otra acusación muy fuerte. Por la misma Biblia entendemos que el nacimiento espiritual es el resultado de la intervención de palabra a través de la obra del Espíritu Santo.  Pedro lo expreso de esta manera: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” 1 Pe. 1:23).  La ausencia de la palabra en la vida, es ausencia de salvación. De todos es sabido el efecto de la palabra de Dios en cada corazón. Por ser palabra inspirada por Dios tiene el poder de transforma y cambiar al individuo. Uno de esos textos que nos hablan de la eficacia de esa palabra es Hebreos 4:12. Allí se describe como palabra viva y eficaz. Según  este texto la palabra actúa como un bisturí divino que abre y expone el pecado tal como esta allí. Si esa palabra no está en nosotros, no somos cristianos.

III. HAY UNA REALIDAD ACERCA DEL PERDÓN DISPONIBLE  PARA CADA SER HUMANO

1. “Si confesamos nuestros pecados…” v. 9ª.

La verdad es que si este versículo no apareciera en este texto quedaríamos sin esperanza después de toda esa grafica acusación acerca de la realidad del pecado en nuestras vidas.  Si no apareciera este texto quedaríamos expuestos al mas horrible dominio del pecado. Porque el pecado es una presencia que nos induce a pensarlo y cometerlo. Pero también es cierto que a través de la obra del calvario el pecado fue sentenciado. Por lo tanto, la condición que Juan nos presenta es “si confesamos nuestros pecados…”. No hay otro tratamiento que valga contra el pecado. Tratar de retenerlo, ocultarlo o justificarlo no ayuda en nada a nuestra condición pecadora. Hay que confesarlo. Eso es, hay que traerlo delante del único que puede perdonarlo. Es exactamente la invitación que hizo el profeta Isaías, quien reconociendo los feos colores al que nos somete el pecado, nos hablo de la necesidad de “venir y estar a cuentas” con Dios (Is. 1:18).  La confesión cambia de color al pecado.

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2. Perdón y limpieza al final de todo v. 9b.

La confesión de nuestros pecados cuenta con la más grande garantía del perdón y la limpieza de la que podamos disponer. El único que puede perdonar pecado es Jesucristo. Ya él se los había dicho a los fariseos que lo tildaron de blasfemo por su declaración cuando tuvo al paralitico a quien bajaron por el techo de la casa (Lc. 5:24).

En aquella ocasión antes de sanar al paralitico, primero perdonó sus pecados. Juan nos dice que Cristo es “fiel y justo” para perdonar nuestros pecados. En Apocalipsis, Juan  se refiere a Cristo como “fiel y verdadero” (Apc. 19:11), que es otra manera para describir sus atributos a favor del pecador penitente. No solo entregó su vida en la cruz del calvario sino que es “fiel y justo” para dar perdón a todo aquel  que lo demande. Cristo perdonar y limpia nuestro pecado. Estas dos acciones nos ponen de manifiesto que el perdón borra el pasado, mientras que la limpieza de los mismos hace nuevo el futuro de casa hombre. Así, pues, hay un perdón disponible. Nuestro salvador es “fiel y justo” a la hora de tratar un pecado confesado. No dejemos de venir a el. La vida feliz está escondida en este texto. Venga a Cristo ahora.

CONCLUSIÓN:

Un poeta, hablando del pecado, su miseria y la necesidad de la confesión, ha escrito: “Pequé, Señor, y debo revelarte con amargura de alma, mi osadía, me abruma mi pecado noche y día, y pruebas de pesar quisiera darte. Ninguna excusa puedo presentarte pues por demás tu ley yo conocía, y en lo íntimo del alma bien sabía que mi pecar habría de enojarte. Más, ¡oh, Señor! mi natural humano a veces, por el mal, ganado advierto: Y al espíritu vence la materia. Que siempre, Padre, sobre mí tu mano, al conducirme por camino cierto, muéstreme del pecado la miseria”. Que así sea. Que nuestra oración al Señor nos muestre la miseria del pecado, pues es una realidad en todos nosotros. Pero sobre todo, que al  apropiarnos de la promesa que el Señor es “fiel y justo” para perdonarlo, sintamos el alivio del perdón al confesarlo. Amen.

Acerca Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. Otros 9 años los dedicó a pastorear en Vancouver, Canadá y los últimos 9 años en Columbia Baptist Church en su ministerio hispano, donde estuvo hasta agosto del (2015). A partir de octubre del mismo año (2015) comenzó una nueva obra que llegó a constituirse en iglesia el 22 de mayo de 2016 bajo el nombre de Iglesia Bautista Ambiente de Gracia en la ciudad de Burke, Virginia. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá. Además de haber sido presidente de la convención bautista venezolana en tres ocasiones, también fue profesor del seminario teológico bautista. El pastor Julio por espacio de unos 18 años publica sus sermones y artículos por estos medios. Es casado con Carmen Almera Ruiz y tiene tres hijas y una nieta: Laura, Oly, Sara e Isabella. Si usted quiere comunicarse con el pastor Julio, llámelo al (571) 251-6590.

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