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Venid, adorémoslo

La adoración nunca llega a ser una realidad hasta que reconocemos quién es Él y quiénes somos nosotros. La imagen de estos ilustres hombres postrados ante el bebé es un retrato de lo que es la sumisión y la humildad.

Es posible prepararse para la Navidad de acuerdo con las maneras tradicionales. Podemos colocar los foquitos, los adornos, las guirnaldas, y comprar regalos para nuestros amigos; sin embargo no existe adoración hasta que nos inclinamos ante Él en completa sumisión a su voluntad para nuestras vidas. Permita que esta verdad penetre por un momento a su mente.

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Si la adoración ocurre cuando nos postramos en señal de aceptación de su voluntad, ¿No nos produce alivio y tranquilidad saber que su voluntad nunca es mala para nosotros, sino que lo que Él quiere para nosotros es bueno, agradable y perfecto para nuestras vidas, nuestras familias, nuestras finanzas y nuestro futuro?

Este tiempo de Navidad es excelente para revisar el grado de sumisión a la voluntad de Dios que se expresa en un obediencia constante y gozosa de todos sus mandamientos. ¿Cuántos de sus planes reflejan que usted está buscando hacer la voluntad de Dios?

3. LA ADORACIÓN SE AFIRMA CUANDO ENTREGAMOS NUESTROS TESOROS (vers. 11) “…y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra…”.

Nadie tiene que decirme o animarme a que les compre algo a mis hijas en Navidad. Lo hago porque las amo y porque quiero hacerlo. Igualmente, nadie tiene que torcerme el brazo para que le compre algo a mi esposa. Lo hago porque quiero que ella sepa cuánto la amo.

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La gente de esta iglesia, al igual que las demás iglesias de esta ciudad, de este estado y de todo el país necesita amar a Dios de igual forma como ama a su familia. Si esto llegara a ocurrir, nuestras iglesias rebosarían de prosperidad espiritual y económica.

¿Ha considerado Ud. alguna vez los regalos que trajeron estos hombres? No se trataba de simples monedas de compasión a un frágil y extraño bebé.

En realidad se trataba de regalos valiosos, regalos costosos. Eran tesoros de sus corazones que fueron presentados al Rey recién nacido. Cada regalo no solo era de gran valor financiero, sino que simbolizaba la grandiosa y poderosa naturaleza del rey al que se le estaba ofreciendo.

Nosotros entregamos los tesoros de nuestro corazón a quienes les hemos entregado nuestro corazón. Pero esto nos lleva a un problema que puede causarnos confusión: ¿Qué le podemos dar a Cristo como regalo en Navidad? ¿Qué se le puede dar a alguien que es el dueño de todo el oro y la plata del mundo? ¿Qué le podemos dar para mostrarle nuestra devoción a El?

Una marca de tarjetas tiene como su frase principal “cuando para usted es tan importante que quiere darle lo mejor…” y lo mejor somos nosotros mismos. ¿Qué le ha dado Jesús a usted?

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Él se dio a sí mismo. Comenzó con su nacimiento y lo probó totalmente cuando se entregó en la cruz del Calvario. Y hasta hoy Él continúa ofreciéndose a sí mismo a este mundo. Él es el regalo de Dios para la Humanidad.

Una Navidad, un pastor recibió la llamada del director de una escuela primaria que era miembro de su iglesia. Su voz estaba ahogada de emoción mientras le pedía ayuda al pastor.

El último día de clases antes de salir de vacaciones, un niño de 6 años entró a su salón con una nota que traía prendida en su saco descosturado. Era de su padre y decía: “Por favor, si puede, ayude a mi hijo. Su mamá nos acaba de abandonar recientemente y perdí mi trabajo la semana pasada. Debido a eso, estoy tragando mi orgullo, porque nunca antes le había pedido ayuda a nadie; sería posible que tenga un regalo de Navidad para mi hijo?

Mientras leía la notita, se secó las lágrimas de sus ojos. Se identificó con el dolor de ese padre. Estuvo de acuerdo con ayudarlo y decidió que sus hijos participaran en compartir la alegría de dar. Esa misma tarde fueron a una tienda de abarrotes y compraron comida para el niño y su papá. Después fueron a una juguetería para comprarle un juguete al niño; regresaron a la casa y lo envolvieron. Ya casi entrando la noche se dirigieron a aquella humilde casa y tocaron la puerta.

Cuando el hombre abrió la puerta y vio al pastor con sus hijos con la comida y los regalos, comenzó a llorar. El niño, que tenía los ojos bien grandotes de la sorpresa, extendió las manos no para recibir los regalos, sino para acercarse al pastor y darle un enorme abrazo. Después miró a los ojos y le dijo: “Gracias, Señor. Mi maestro me dijo que usted iba a venir, me dijo que usted iba a venir”.

La lección aprendida esa tarde es obvia. La atención del niño no estaba puesta en los regalos sino en el que los estaba dando. Tal vez dentro del niño se encuentra un ejemplo de adoración que debemos recordar. Cuando miramos el nacimiento de Cristo, nuestro corazón debe ser tocado no sólo por el regalo que nos ha dado, sino también por aquél que nos lo ha traído. Cuando alguien que realmente ama da algo, siempre da lo mejor.

CONCLUSIÓN

Se hizo pobre -para que fuéramos ricos Murió -para que naciéramos de nuevo Se hizo siervo -para que fuéramos herederos No tuvo hogar- para que tuviéramos una mansión en el cielo Padeció hambre – para que fuéramos alimentados Tuvo sed -para que en nosotros corrieran ríos de agua viva Fue abandonado – para que nosotros nunca estuviéramos solos Fue hecho pecado- para que nosotros fuésemos hechos justos Murió- para que tuviéramos vida eterna

El próximo domingo nos veremos aquí para celebrar simbólicamente la llegada del Rey recién nacido. Vengamos con una mente y un corazón listos y preparados para entregarnos por completo en adoración a él.

© Félix D. Ramírez Montalvo. Todos los derechos reservados.

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Acerca Félix D. Ramírez Montalvo

Soy un pastor bautista reformado y profesor de consejería bíblica. Mérida, Yucatán, Mexico

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