La carrera de la fe

Pero Pablo no solo dio instrucciones. Primero que nada aplicó esto a sí mismo. Como él dice:

Flp_3:8-15

Flp 3:8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,
Flp 3:9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
Flp 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,
Flp 3:11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
Flp 3:12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
Flp 3:13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,
Flp 3:14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Flp 3:15 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.

Y de nuevo en 1Co 9:24-27

1Co 9:24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
1Co 9:25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
1Co 9:26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire,
1Co 9:27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
Como Pablo dijo en cuanto a sí mismo: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado” La imagen que aquí vemos de Pablo no es la imagen de un cristiano que ya ha alcanzado su meta y que ya se sentó a descansar. De lo contrario, la imagen que vemos de Pablo es la de un atleta corriendo hacia la meta: “no pretendo haberlo alcanzado ya”. Es la imagen de un buen guerrero que no golpea al aire, sino que pelea poniendo sus ojos en la victoria, en el premio esperándolo a Él.

Solo hasta el final de su vida Pablo dijo lo siguiente:

2 Ti 4:6-8

2Ti 4:6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.
2Ti 4:7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
2Ti 4:8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Como vemos, para Pablo la fe es algo que necesita mantenerse. “He guardado la fe” dijo. Obviamente entonces la fe no es algo estático, algo que cuando se está en eso, ya se considera como hecho o pensar que te puedes relajar y automáticamente alcanzar la meta. De ninguna manera, más bien para Pablo la fe es la buena batalla que debe ser peleada y la carrera que hay que correr. La vida eterna no es algo que ya tenemos. Es algo a lo que hemos sido llamados y estamos corriendo para alcanzarlo, para tomarlo con las manos.

Que al final de nuestras vidas podamos decir lo que dijo Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” Que ninguno de nosotros considere que ya recibió el premio cuando Pablo mismo no se habría atrevido a pensar eso ni siquiera de sí mismo sino hasta el final. Que todos corramos la carrera de la fe como él lo hizo y vamos a imitarlo así como él mismo nos pide hacer en 1Co 11:1.
1Co 11:1 Sed imitadores de mí,(A) así como yo de Cristo.

Conclusión

El Apóstol se dirige a Timoteo como hombre de Dios, no sólo porque, como cristiano, es siervo de Dios y está, por tanto, al lado de Dios, sino porque, como los profetas del Antiguo Testamento, mantiene una relación especialmente estrecha con Dios, a quien por su vocación y por su cargo ha consagrado toda su vida. No puede servir a dos señores y por eso debe huir del vicio de este mundo: la codicia.

Como en una competición, debe tender a otra meta, a aquellas virtudes que ordenan y regulan su relación con Dios («piedad») y con los demás hombres («justicia»), a las virtudes fundamentales cristianas: la fe, la caridad, la paciencia y mansedumbre, que, con amor dispuesto a perdonar, soportan los pecados y las deficiencias de los hermanos. Esta es, pues, la meta que Timoteo debe alcanzar: la plenitud del hombre interior en todas las virtudes humanas y cristianas.

Acerca José Joaquín Salazar

José Joaquín Salazar

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