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¡Volved a las bases!

Predicas Cristianas – Predicaciones Cristianas

Estamos en tiempos difíciles en cierto modo, creo que en este tiempo, más que nunca, es hora de preguntarnos para quién estamos construyendo. Es verdad que nos hemos enfrascado en la edificación, que es lo que todo constructor hace cuando echó los cimientos de su edificio.

Una vez hechas las bases, el constructor edifica hacia arriba, ya se olvida de lo que dejó abajo porque conoce que las bases son buenas y si nada falla, esas bases deben resistir una cantidad determinada de pisos encima de ellas.

Pero mientras haga lo que planeó, el hombre sabe lo que YA hizo y no se ocupará más de ello pues tiene mucho en qué pensar, tiene que dirigir y llevar a cabo toda una edificación. Y así es la forma válida de proceder, sí, quizás así sea; en el plano material.

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Estamos adoptando quizá muchas veces ese mismo tipo de proceder, la Torre de Babel crece más y más, hacia arriba, hacia el cielo, seguimos construyendo, nada nos detiene, es la obra de Dios. Pero los años pasan y nos terminamos haciendo TAN profesionales que tendríamos que pensar ¿Para quién estamos construyendo?

En la Torre de Babel por más que se edificó (ojo con eso, podemos hacer en Su obra sin servirle de verdad), se olvidó al que está por sobre todas las cosas. No se construyó para Él, sino que, por el contrario, se terminó edificando para sacar a Dios de su lugar y vanagloriarse el ser humano en su gloria que no vale un centavo, por eso Dios se encargó de terminar con esa obra.

Es hora de reflexionar una vez más lo que nos está pasando y ver si de veras seguimos edificando para Él, si es así seremos bienaventurados, pero si no, tenemos un grave problema. ¿Para quién estamos edificando?

Los ministerios se hacen grandes, los ministros se hacen grandes, el renombre tienta a cualquiera, el ser visto vale muchísimo. Sí, vale, pero ¿para Él o para mí?

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Entonces, si vemos que con el correr del tiempo y de los años nos hemos hecho muy profesionales y hay algo que está faltando últimamente y no se recupera con nada, que pasa el tiempo y ya me doy cuenta que Su voz está cada vez más lejos, que hay algo que en mi vida y en mi ministerio está temblando es hora de recordar que se edifica para arriba en el plano material, en el plano espiritual SIEMPRE tendré que ver cómo están las bases y afirmarlas día a día, porque no puedo olvidarlas ni un momento. En el plano espiritual se edifica tanto para arriba como para abajo, como los árboles, cuanto más crezca, más profundas deben ser las raíces.

El profesional ya olvidó sus bases hace mucho, ya no es un ministro sino que es un simple “experto” porque sus bases han temblado y finalmente la edificación se ha caído, o sus raíces se han secado por más que aun esté en pie, porque eso pasa cuando las bases no son fuertes, o puede pasar lo que pasó en la torre de Babel, que Dios se encargó de que esa obra no siguiera creciendo, Dios sea como sea se encarga tanto del que está como debe estar como el que no. La diferencia se nota, uno cuenta con su aval y su presencia, el otro NO.

Hoy día, luego de tanto tiempo me vuelvo a preguntar: ¿Para quién estoy edificando?

Porque si estoy edificando para Él sea como sea, a toda hora querré saber qué es lo último que tiene para decirme, pero si no estoy edificando para Él, su voz no causa en mí efecto porque ya no lo permito, porque comencé construyendo algo que me parecía que era para Él pero ahora ya olvidé mi objetivo.

Otra vez ¿para quién estamos edificando últimamente? Al fin y al cabo TODAS son edificaciones y TODAS demandan de esfuerzo, pero NO TODAS glorifican su nombre.

Lo peor es que la Biblia dice que la obra de cada uno se probará por fuego. TODO será probado por fuego, pero ¿quedará TODO en pié? Si no es así, edificamos en vano, en nombre de Dios, pero en vano, porque Dios nunca vio con agrado mi edificación, porque no glorificaba su nombre. ¡Ah! ¡Cuántos llorarán aquel día al ver cuán infieles fueron!

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Lo peor es que no perderemos nuestra salvación por esto, pero ¿cómo nos sentiremos al saber que salvos y todo (por gracia, solamente) fuimos infieles totalmente?

Yo me confundía cuando leía “Él enjugará toda lágrima de todos los rostros”, preguntaba ¿Cómo puede haber lágrimas entre los salvados en el cielo? Hoy lo comprendo, al ver la pérdida y la infidelidad, cuando el Señor nos pase por fuego para probarnos y nuestra obra se queme… ¡Ay! en el cielo habrán MUCHAS lágrimas. Él así y todo, en su amor nos enjugará toda lágrima y pasaremos aunque todos sabremos que fuimos más que infieles a nuestro Señor porque no edificamos como debíamos hacerlo o para quién debíamos hacerlo.

Decir que estoy edificando para Él no garantiza nada, de labios puedo decir algo que desmiento con mi vida. Habría que preguntarle a Él qué piensa de nuestra obra, creo yo.

1 Corintios 3:11-15 dice lo siguiente:

(11) Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. (12) Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, (13) la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. (14) Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. (15) Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

En primer lugar deberíamos prestar atención a lo primero que dice este pasaje, que posiblemente muchos pasaron por alto sin prestar mucha atención al leerlo recién, y que creo yo que es lo más importante del pasaje: NADIE PUEDE PONER OTRO FUNDAMENTO QUE EL QUE ESTÁ PUESTO, EL CUAL ES JESUCRISTO.

Es hora de que recordemos una vez más que no puedo yo edificar mi propio fundamento.

No hay posibilidades para los que no pusieron a Cristo por su fundamento, en el caso más lamentable en el que todo se queme, así y todo está en la categoría de los que lo pusieron a Él por fundamento de sus vidas y ministerios, no hay más fundamentos posibles.

Recordemos brevemente algo que es muy conocido por nosotros. Hay una parábola en Mateo 7:24-27 que habla de lo que desde niños nos enseñaron en Escuela Bíblica (una de las historias más conocidas), es la parábola de “los dos cimientos”. Dice así:

(24) Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, lo compararé a una hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. (25) Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no calló, porque estaba fundada sobre la roca. (26) Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; (27) y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y calló, y fue grande su ruina.

En primer lugar, lo que primero olvidamos es el tema de que debemos OÍR, no podemos llevar a cabo nuestra propia edificación sin oír lo que el Maestro tiene para decirme. En la historia de Saúl, hay algo que debe ser atendido también, y es que “el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Samuel 15:22). Es necesario volver a lo elemental parece, y es que sin oír no hay edificación correcta, no puedo hacer nada sin prestar atención al manual de instrucciones.

Entonces, nos encontramos con que el punto en que muchos fallan es el de hacer y hacer sin oír cómo se debe hacer. La palabra de Dios es nuestro manual de instrucciones, es nuestra guía y es el elemento por el cual seremos juzgados. No seremos juzgados por las modas eclesiásticas, por las formas que van y vienen, no seremos juzgados por nada más que por la Palabra de Dios.

Por más que todo el mundo haga lo que le parece, yo seré juzgado no por lo que se hacía en general, sino por la palabra, Él no juzgará mi vida en relación a lo que yo vi que otros hacían, sino en relación a lo que Él dejó establecido en su palabra.

Acerca Guido H. Lizzi

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